Hace ya más de cuatro años de esto. En febrero del año 2008 uno de los patrocinadores del equipo McLaren nos invitó a un grupo de periodistas a Londres para realizar una entrevista a Lewis. Hay que recordar que por aquel entonces el niño mimado de Ron Dennis era el enemigo público número uno de los aficionados patrios a la F-1. Sobre él recaía toda la culpa del fiasco de Fernando Alonso en el equipo de Woking. El asturiano había tirado la toalla y se marchaba de McLaren al final de la temporada 2007 sin conseguir ser campeón del mundo y con el ego tocado.
Cierto es que a veces nos dejamos llevar por las primeras impresiones de las personas. Los periodistas no somos una excepción. Lewis se había ganado cierta fama de prepotente en el equipo gracias a su amistad con el patrón Dennis. También de maleducado, de rebelde. No pintaba muy bien, la verdad, tener que enfrentarse a un tipo así en una entrevista sin saber por dónde te puede salir. Y encima el viaje de dos horas entre Madrid y Londres no comenzó bien. Debíamos estar sobrevolando Francia cuando de repente nos comunicaron que sólo teníamos a Hamilton a nuestra disposición un tiempo máximo de veinte minutos...¡entre los cuatro medios de prensa! O sea, cinco minutos para cada uno. Os podéis imaginar el enfado de todos nosotros con los responsables de organizar la entrevista. Ellos se disculparon diciendo que Lewis tenía que coger un avión urgéntemente por un compromiso comercial de última hora y que lo sentían mucho....pero no se bajaron de la burra....máximo ¡cinco minutos por periodista!
A todo esto la entrevista se realizaría en una sala privada del aeropuerto de Heathrow (uno de los más grandes de Europa). Imaginaos cómo fue la llegada a Londres: salimos a toda prisa del avión con el equipo de televisión a cuestas (cámara, trípode, focos, baterías). Corrimos a toda pastilla atravesando varias terminales y al final acabamos en un pasillo estrecho donde en el quicio de la puerta de una sala nos estaba esperando de pie el mísmísimo Lewis Hamilton. Uno por uno, se fue presentando a cada uno de nosotros (Hello, I am Lewis Hamilton, pleased to meet you) acompañado de un fuerte apretón de manos por su parte (posee unas manos inmensas el piloto inglés; yo diría que incluso desproporcionadas para su tamaño). Su educación fue exquisita durante los cinco minutos que teníamos asignados cada uno. Estuvo siempre con una sonrisa, amable y dispuesto a contestar cualquier pregunta. Lógicamente no pude evitar preguntarle por sus roces con Alonso en McLaren y en ningún momento rehuyó la pregunta o frunció el ceño.
Acabado el tiempo le pedimos si era posible hacernos una foto individual con él. Ya sabíamos de sus prisas pero en ningún momento puso pega alguna. Ahí podéis ver la instantánea. Y para terminar de rematar la faena volvió a dirigirse a nosotros uno por uno (de nuevo otro apretón de manos) para agradecernos nuestra presencia y para disculparse por tener que marcharse precipitádamente. Su trato fue absolutamente cordial (no puedo decir lo mismo de otros que pululan por la parrilla) y tengo que reconocer que desde aquel momento me ganó.
Por eso ahora cuando le suceden cosas como la de ayer en Singapur me da una rabia tremenda. Lewis se merecía ganar esa carrera que le habría mantenido de lleno en la pelea por el campeonato con Fernando. Pero tras el abandono de ayer por la rotura de su McLaren Hamilton ha dicho prácticamente adiós al título este año. Lo cúal no hace más que confirmar la teoría que llevo meses defendiendo: lo de Alonso es una conjura astral. Los astros están alineados a su favor y contra eso no hay nada que hacer. Vettel, ni lo intentes..no tienes nada que hacer.
La foto con Hamilton