Es la prueba que todo piloto quiere disputar al menos una vez en la vida y si es posible ganarla. Pilotos de Fórmula 1, de rallyes, de motociclismo, de cualquier disciplina del motor sueña con poder correr esta carrera. Son 24 horas de épica al volante dónde todo puede pasar. Esta año he tenido mi segunda experiencia en Le Mans y debo decir que me he quedado incluso más impresionado que en la primera vez. Es el festival del automovilismo por excelencia. Aficionados venidos de todas las partes del mundo duplican el fin de semana de la carrera la población de la tranquila villa de Le Mans.
Todo empieza con el desfile de los pilotos el viernes por la tarde por el centro de la ciudad a bordo de coches clásicos descapotables (por cierto, que este año espectadores y pilotos nos mojamos bastante porque cayó un chaparrón de aupa). Es un acto organizado gratutitamente para que todos los aficionados puedan ver a sus ídolos que horas después van a jugarse la vida.
Desfile de Le Mans | Foto: Juan José DomínguezYa por la noche se puede disfrutar del auténtico espíritu de Le Mans en la zona de acampada. Lo tradicional aquí no es alojarse en hoteles sino acampar en el circuito. Y lo más llamativo es ver como la gente aparca sus coches al lado de la tienda de campaña....coches como Rolls Royce, Ferrari, Aston Martin, Bentley, TVR....junto a Renault, Citroën, Fiat, Volkswagen. Aquí no hay clases sociales, aquí todos están unidos por la pasión hacia este deporte.
Al día siguiente, horas antes de que comience la carrera los coches que van a competir son colocados en la parrilla de salida. Después se abre la puerta a los aficionados que, durante un rato, estos para puedan admirarlos y fotografiarse con ellos (algo impensable en la Fórmula 1 de Ecclestone).
Esto es Le Mans. Comienza la carrera a las 15:00 horas de la tarde del sábado. 24 horas por delante. Tres pilotos por coche y entrada en boxes obligatoria cada 45 minutos. Máximo tiempo que un piloto puede estar conduciendo seguídamente sin descansar: 4 horas. Las primeras 6 horas pasan deprisa pero llega la noche. Cuando atraviesan la recta de Mulsanne los pilotos se embriagan con el olor de las barbacoas de los aficionados. Las horas nocturnas son el momento más crítico de la carrera junto con el amanecer. El tiempo parece que no transcurre. Las últimas tres horas de carrera se hacen eternas...el cansancio es tal que los pilotos son propensos a cometer errores estúpidos como un trompo a la entrada en boxes.
Este año, tres españoles luchaban por la victoria. Marc Gené (el único español que ha ganado esta carrera) intentaba con Audi repetir el triunfo logrado con Peugeot pero no pudo ser, acabó quinto. Lucas Ordoñez (el piloto que hace tres años fue descubierto en un concurso de videojuegos) tenía el objetivo de superar el segundo puesto conseguido el año pasado en LMP2. Repetía con Nissan pero no tuvo suerte. Aún así, enhorabuena para Lucas porque logró acabar y eso en Le Mans ya es todo un éxito. Antonio García (ganador el pasado año con Chevrolet en GTE Pro) tampoco pudo subir al podio aunque sí logró cruzar la meta.
Deltawing de Nissan | Foto: Juan José DomínguezCabe destacar el esperanzador debut del revolucionario Deltawing de Nissan. Mientras estuvo en pista demostró que quizá ahí puede estar el futuro del automovilismo. La mala suerte para el "Batmovil" apareció disfrazada de Toyota que se llevó por delante al prototipo lanzándolo contra el muro de hormigón.
Esto es Le Mans. En cualquier momento puedes decir adiós a la carrera. Ejemplo, el tremendo y absurdo accidente del Toyota de Anthony Davidson. Por fortuna el británico se recupera favorablemente. Por cierto y para acabar, enhorabuena a Audi. Undécima victoria para la marca de los cuatro aros. Además, colocaron a sus cuatro coches en las cuatro primeras plazas.
Entrevistando a Lucas Ordóñez