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MÁS ALLÁ DEL PODIO

Una mirada al pasado

El mundo de la automoción es seguramente una de las disciplinas donde más rápido ha evolucionado la ingeniería. Es increíble ver cómo han mejorado los automóviles en el último medio siglo.  Ahora, eso sí; los bólidos de hoy en día no tienen ni por asomo el glamour de sus antepasados.

El Austin Healy MK3 pilotado por Juan José Domínguez El Austin Healy MK3 pilotado por Juan José Domínguez | Foto: Juan José Domínguez

Juan José Domínguez  |  Madrid  | Actualizado el 20/03/2013 a las 10:53 horas

Hace unos días tuve la ocasión de participar en el IX Oris Rallye Clásico Isla de Mallorca. Es, seguramente el mejor rally de estas características que se organiza en España. Además, el terreno donde se disputa no tiene parangón así que os animo a que vayáis a verlo in situ el próximo año. 

Para la ocasión me dejaron un Austin Healy MK3 de 1966. Una preciosa joya que podéis admirar en la foto que ilustra este blog. Ni que decir tiene la responsabilidad que ponían en mis inexpertas manos. Es un clásico que está valorado en el mercado alrededor de los 40.000 euros.  No puedo ni imaginar lo que debía costar este vehículo en su época teniendo en cuentas el poder adquisitivo de entonces. Empiezo a relataros mi aventura. Entro dentro del coche y me sorprendo por lo cómodo que es. Por dentro su estado de conservación es cien por cien original. Eso sí, no hay airbags, no hay reposacabezas, no existe ninguna de las medidas de seguridad que actualmente posee hasta el más humilde utilitario.

El interior del Austin Healy MK3El interior del Austin Healy MK3 | Foto: Juan José Domínguez

Sólo un cinturón de seguridad tipo avión añadido a posteriori del año de fabricación del coche me hace entender el gran riesgo que corro si  sufro un accidente. Hay que ir con cuidado. Las luces no son xenón, ni siquiera halógenas así que mejor que no se nos haga de noche. 

Pregunto la cilindrada y me dicen que tiene unos 3000 cc. Vaya, un pedazo de motor me digo. Así que abro la guantera, saco la ficha técnica y mi sorpresa es que el Austin tiene nada menos que 150 caballos. Algo de lo que me doy cuenta nada más arrancar y pisar el acelerador. El morro se levanta y me quedo pegado al asiento. El problema es que hay que frenarlo. Y ahí viene cuando lo matan.  

Vuelvo a  recordar cómo han progresado los automóviles. No hay ABS, control de tracción, por supuesto ni rastro de ESP. Unos humildes tambores detrás. Por lo menos delante llevo frenos de disco. Pero el frenado se convierte en una tarea complicada. El primer pisotón al freno es para bombear, luego con el segundo ya empiezas a notar que el Austin va perdiendo velocidad. Pero la frenada hay que anticiparla, si no puedo tener un disgusto. 

Dirección asistida, ¿qué es eso? Aunque ya estaba inventada este deportivo inglés no la incorporaba así que acabo el primer día de competición con un dolor de brazos y de muñecas que ni os cuento. Eso sí, el comportamiento del coche es irreprochable, totalmente noble. A poco que voy cogiendo confianza con él en los tramos de enlace por autovía logró alcanzar las 80 millas, unos 130 kilómetros a la hora. El Healey vibra como una batidora pero la dirección es precisa y transmite seguridad.  

El ruido dentro es atronador pero a mí me suena a música celestial. Con gran desparpajo me coloco en el carril izquierdo y voy adelantando al resto de los vehículos cuyos conductores se quedan boquiabiertos al vernos pasar a mi copiloto y a mí. Tras dos días de rallye llegamos sanos y salvos al parque cerrado con una sonrisa de felicidad de oreja a oreja.  

El Austin no tiene ni un rasguño, lo devolvemos impecable. Eso sí, nos hemos dejado más de 200 euros en gasolina para un recorrido total de 600 kilómetros. La reducción del consumo es otro de los grandes avances de la ingeniería automovilística en estos últimos cincuenta años.

Han pasado dos días desde que me bajé del Healey y me duele todo el cuerpo. Mi copiloto y yo hemos estado más de doce horas sometidos a unas vibraciones brutales. Si este deportivo inglés de los 60 nos ha machacado no puedo imaginar cómo acabarían los pilotos profesionales de Fórmula 1 de la época en los monoplazas de entonces, primos hermanos de los deportivos de la época como este Austin. 

Además, ellos sí que se jugaban la vida verdad. Los cascos de ahora nada tienen que ver con los que entonces se colocaban en la cabeza. La estructura del coche no está fabricada como en la actualidad de fibra de carbono que absorbe cualquier impacto sin apenas provocar daño alguno al conductor. Los neumáticos no eran ni de lejos tan seguros y eficientes. Los bólidos del siglo XXI incorporan las más novedosa tecnología disponible que hace mucho más sencillo su pilotaje que los de antaño. Frenos de carbono y kevlar que detienen el coche en unas distancias inimaginables.

No es por quitarles mérito a los pilotos de Fórmula 1 actuales pero para mí siempre tendrán mucho más valor las victorias de Fangio, Nuvolari, Farina y compañía que las de Alonso, Vettel o Raikkonen.

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Juanjo Domínguez

Dedicado desde 1998 a la información deportiva, mi especialidad es el mundo del motor y sobre todo las 'cuatro ruedas', algo que me apasiona desde pequeño. Recuerdo con especial admiración a gente como Keke Rosberg, Nigel Mansell, Emilio de Villota o Ayrton Senna, y me gustaría que volviera el espíritu del 'gentleman driver'.

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