En muchas ocasiones me he encontrado prometedores montaditos que desde la carta de un local me hacían carantoñas pero que entre mis dientes me invitaban a visitar al dentista: con un pan descuidado, duro en ocasiones, y un interior digno ejemplo del mejor usurero gastronómico (vamos, una radiografía de jamón y aceite de garrafón).
Por eso es de agradecer cuando alguien encuentra un lugar en el que se valora la gastronomía en miniatura. Es lo que ocurre con Vadebaco. Un restaurante que se abrió hace tres años en la madrileña calle de Campomanes y que acaba de inaugurar otra sede en la calle Prado, en el barrio de Las Letras.
Entre sus propuestas un gazpacho con verduras y mejillones escabechados por ellos mismos, huevos de corral con foie y trufa o costillas de cerdo con salsa de ostras. Todo con la corrección habitual que ofrece Víctor Díaz. Pequeños bocados que están rodeados por casi 100 referencias de vino.
Algunas como 'Infraganti' o 'Naipe' que solo se puede degustar en este local que cuida con mimo su bodega y donde siempre uno puede tener la grata sorpresa de encontrarse con vinos poco habituales.
Por cierto que uno de los últimos que se han unido a este club es Bucamel. Un tempranillo de Bodegas Tierras de Orgaz. Si cierras los ojos para no ver la atractiva etiqueta y no te dicen su procedencia te sería difícil asegurar que está realizado en Toledo. Como los propios creadores dicen: "un pura sangre domado con calma". Nada menos que 16 meses en barrica que le dan unos matices que logran lo que busco en un vino: recordarlo.