La ciudad vivía la recreación histórica de la Guerra de la Independencia de la que ahora se cumplen doscientos años.
A la vuelta de cualquier esquina uno se podía encontrar un soldado español o francés. Vestidos con los uniformes al uso de aquella época representaron los enfrentamientos que ambos ejércitos tuvieron en esta localidad. No perdí detalle, tal y como podéis ver en el vídeo que os dejo.
Cientos y cientos de disparos, inocentes e incruentos, sin capacidad de herir salvo a los tímpanos de los incautos que, como yo, nos quedamos en el "fuego cruzado" entre los dos bandos. Una celebración que por sí sola merece la visita a esta población. Bueno eso y para ver el Monasterio de Santa Clara.
Pero ya estando allí la completé de la forma que más me gusta: comiendo. Y me encaminé hacia el [[LINK:EXTERNO|||http:// http//www.parador.es/es/parador-de-tordesillas/restaurante |||Parador]].
Ubicado a las afueras, en uno de los pinares tan abundantes y magníficos de la zona. Un lugar dedicado al reposo y al que peregrinan los aficionados a la buena mesa. Prueba de ello es que la facturación del restaurante es superior a la del alojamiento, como me dijo Daniel González, su director.
Y el "culpable" es el cocinero Carlos Gayubo, un apasionado de la micología (tuvimos la suerte de probar dos tapas), con 44 años de experiencia en paradores, algo que le convierte en un ejemplo magnífico de la gastronomía que podemos encontrar en estos establecimientos.
Confecciona una carta basada en productos de calidad, bien elaborados, donde el sabor es el objetivo final del plato, como el pollo de corral, la vieira con crema de marisco o el mousse de plátano, el postre estrella. No se necesita más para completar el recorrido por la ciudad del famoso tratado.