El último censo asegura que en Matapozuelos viven poco más de mil personas pero no me encontré a ninguna de ellas cuando llegué a esta población.
Otoño impone el recogimiento en este municipio vallisoletano cuando el sol se oculta. Silencio, frío y unas luces que en aquel ambiente parecían más mortecinas.
Las calles desamparadas eran de aquellas que dejaban entre sus piedras la soledad postrera de un duelo. Nada invitaba a adentrarme en aquel lugar salvo una cama caliente o una buena mesa.
De lo primero estaba servido en otro lugar y de lo segundo esperaba que se hiciera cargo Miguel Ángel de la Cruz.
El restaurante que regenta junto a su padre mantiene en su nombre su origen, "La Botica". Un lugar en el que se pueden encontrar los asados típicos de la zona, los realizan en su horno de leña, y que son un motivo sobrado para que sean muchos los viajeros que realizan un alto en su ruta para disfrutarlos.
Su carta se pliega a las apetencias locales y a las expectativas que genera un restaurante en esta zona. Pero para mí lo más interesante es el menú degustación que ofrece. Yo probé el de verano. Sujetaros a la silla: mus de pichón y pate de lechazo, croquetas de manitas de cordero, encurtidos de su huerta, codorniz escabechada con zumo de piñas verdes, tomate escarchado con sardina aranque y hojas picantes, lomo de trucha, ajo blanco de piñones y sorbete de flores de saúco, ñoquis de patata con pesto, pulpo y queso de oveja castellano y hojas de capuchina, cremoso de patata, cebolla roja, boletus y yema de huevo de corral, guiso de crestas de gallo, congrio y alcachofa de cardo silvestre, pichón en su jugo con milenrama, trufa de verano y piña verde rallada y de postre piñones y pinares.
Y os puedo asegurar, sin que el alborozo y la pasión arrollen mi sentido común, que todo, todo estaba de maravilla. Y además con un precio que no me atrevería a calificar, solo os lo cuento: 50 euros.
Platos con un justo sentido del sabor, servidos con la eficacia de su equipo de sala, con la suficiente evolución y perfección como para merecer un puesto entre las propuestas gastronómicas más laureadas.
Era noche de luna llena y no había posibilidad de ver muchas estrellas pero con las que me encontré en la mesa tuve suficiente.