Uno se puede encontrar tortillas con un grumoso engendro amarillo que se asemeja a la plastilina. Salchichas capaces de acabar con cualquier fornida mandíbula. O postres, en la mayoría de los casos en forma de pequeños pasteles, imposibles de identificar. Pero si todavía nuestro lado salvaje no se haya satisfecho ahí está el café con sus maravillosos efectos diuréticos.
Los menús mejoran algo si podemos permitirnos viajar en categorías superiores. Una prueba de ello es la colaboración que Iberia mantiene con Dani García, Paco Roncero, Ramón Freixa y Toño Pérez.
Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Escocia con la compañía KLM. Pastas, ensaladas con salmón, mousse de limón… Nada que no se salga de los previsible pero aceptable. Lo que más me gustó fue el diseño de los cubiertos, obra de Marcel Wanders.Durante este viaje uno de los pasajeros pidió un zumo de tomate. ¿Por qué? ¿Por qué cada vez que subimos a un avión mucha gente siente el irremediable deseo de tomar zumo de tomate? Es algo inexplicable. Uno de esos misterios que tiene la gastronomía.
Otro menú de avión | Foto: Antonio Baena
Menú de un avión