Feliz Año Nuevo

Acabamos de estrenar año. Comenzó ayer, uno de octubre, el nuevo Año Hidrológico: las cuentas que se refieren al agua que cae del cielo y acuden a los embalses no siguen el año natural. El martes pasado, nubes y embalses estuvieron de Nochevieja: ¿Y cómo ha sido este año recién terminado, el 2007-2008, para nuestra reversas hidrológicas?
Pues podemos decir que nos hemos salvado por los pelos, o que como los malos estudiantes lo hemos fiado todo al parcial de Mayo. Me explico. Desde que iniciamos el año hidrológico- el uno de octubre del año que pasado- hasta finales de Marzo, tuvimos -según los datos de AEMET- el semestre más seco desde 1947. Es decir, si hubiramos seguido con regularidad, estaríamos ahora hablando de un año muy seco o extremadamente seco: otro año de sequía. Pero llegó abril y rompió la media, y sobre todo llegó Mayo que fue el mes más lluvioso desde 1947, y así se compensó la media y hemos acabado con una calificación de "ligeramente seco".
Si ves la gráfica de lo que vendría siendo un año hidrológico normal (la media de los últimos 10 años) se observa claramente cómo el otoño y el invierno son las épocas de" ingresos", en el que nuestros embalses van acumulando reservas; hay un pico en la primavera (las lluvias+el deshielo) y a partir de ahí caída libre de la gráfica ya que ingresamos poco y gastamos mucho (en verano). Sería como una etapa del tour con un puerto de tercera categoría en mitad del recorrido: tanto la subida como la bajada son suaves, nada bruscas. Eso el normal. ¿Cómo es la gráfica de este año hidrológico recién terminado? Pues como puedes imaginar, una línea irregular: etapa llana la de octubre a marzo (cuando deberíamos haber ido para arriba) y un sprint con ascensión al Tourmalet -primera categoría- en Abril y Mayo.
Si te quedas solo con el dato final (0,2% por debajo del año pasado; acabamos este año con sólo 1000 hm3 menos que el mismo día del año pasado) puedes creer que estos dos últimos años han sido muy parecidos, pero si miras con detalle compruebas que cada año tiene su historia. También los hidrológicos.
De trombas y veranillos
En el momento que escribo estas líneas debe estar cayendo la última tromba sobre Ceuta. Tres en dos días. Entre la del domingo a primera hora y la de la madrugada del lunes han sumado 188 litros por metro cuadrado. En Ceuta, la media de precipitación en septiembre son 12 litros; el día que más llovió, según las efemérides, se recogieron 60 l/m2, en el año 1988. Otra vez -esta vez en Ceuta- cae un nuevo récord.
Y en Melilla ocurrió otro tanto el sábado. Y mirando para atrás encontramos: Valdepeñas, Linares, Rota, Torreblascopedro -por partida doble-, Coslada, San Fernando de Henares, Tarragona, Oliva, Sueca -con casi 400 l/m2 en 48 horas- y así otras diez localidades -como poco- distintas y distantes entre sí donde en los últimos 7 días han tenido que achicar agua con cubos o con tractores, donde nadaban por las calles y miraban al cielo asombrados de que cayera tanta agua de golpe.
... ver entrada completaLibros acuáticos
Igual que el ciclo del agua, los eventos sociales se suceden también uno a otro. Mientras este fin de semana en Zaragoza abría la Exposición Universal centrada en el agua, en Madrid se clausuraba la Feria Internacional del Libro que este año también ha donado parte de su protagonismo al líquido vital. Nosotros estuvimos dando El tiempo desde la Feria, en el madrileño Parque del Retiro, y comprobamos que, efectivamente, los libros y el agua tienen una estrecha relación. Incluso podríamos decir que, a partir de ahora, una relación íntima.
No me refiero al hecho contrastado de que siempre llueve en la Feria del Libro. Esto es casi pura estadísitica porque en Mayo en Madrid llueve de media 8 días al mes, y en Junio 4. Y la Feria dura 15 y se celebra a caballo entre un mes y otro y alguno le tiene que pillar. Este año llovió, claro, como en casi toda España en una de las primaveras más húmedas de los registros, pero aún se recordaba este año entre los libreros el chaparrón del 2007 que fue más inesperado y coincidió con la sesión inaugural.
El agua ha sido protagonista y no lo digo tampoco por la espléndida exposición que se podía ver en medio del Paseo de Coches, que ocupaba casi medio recorrido de la Feria y consistía en las imágenes del famoso libro AGUA editado por Lunwerg; ese cuya portada es la foto de un elefante chapoteando en el océano, sumergido medio cuerpo, tomada la instantánea desde dentro del mar. Si las imágenes son de por sí impresionantes -el agua en todos sus estados y la diferente relación del hombre con el líquido vital en los cinco continentes y la formación y conformación del paisaje en virtud del agua- ganaban aun más en esas ampliaciones de 2 x 2, ordenadas una tras otras en hilera, en disciplinada formación frente a las casetas, los álamos y los madroños del Retiro.
Cuando decía que no imaginaba que el agua y los libros tuvieran tan estrecha relación -incluso íntima- me refiero a lo que se podía ver en una de las casetas que exponían sus novedades frente, precisamente, a la exposición de las fotos acuáticas. Allí, sobre el mostrador, había un montón de libros -como en tantas otras- y al lado de ese montón una pecera llena de agua -esto es nuevo- y dentro de la pecera ¡varios libros sumergidos!: esto ¡¡¡es una aberración!!!
No, no era ningún sacrilegio, sino una novedad que se ha presentado en esta Feria del Libro de Madrid 2008 recién clausurada. Se trata de los Libros Acuáticos, editados por Punto de Lectura, "100 por 100 resistente al agua" -como si fuera un reloj- según reza la solapa y según pudimos comprobar allí mismo. Coges uno de estos libros, lo metes en el acuario -y no porque sea muy malo- y allí resiste, con el título indemne, como si fuera un salmonete. A veces hay novelas con más espinas pero es cierto que esos ejemplares estaban como pez en el agua. Ya no hay excusa, nos decía la librera, para no leer a orilla del mar o en el borde de la piscina. El libro, aunque se moje, resiste. Las hojas pesan un poco más porque parecen recubiertas de un plastiquito muy fino que las vuelve impermeables, y así el agua resbala por los párrafos, como los lectores en las novelas malas. Pero es verdad que no se arruga el papel, que las hojas no se pegan y la letra no se corre -salvo, quizá, en las novelitas de la Sonrisa Vertical. Pero esto es ya otra historia.
Roberto Brasero
Periodista de formación y vocación, a Roberto Brasero (Talavera de la Reina, 1971) le dijeron un día sus jefes: “con el mismo estilo con el que hasta ahora contabas lo que ha pasado, quiero que nos cuentes lo que va a pasar”. Y así fue como Brasero pasó de los hechos a las previsiones, de los reportajes a los mapas. Y fue así también como lo segundo se fue contagiando lo de lo primero y contar el tiempo se convirtió en algo más que decir dónde va a llover. Este blog pretende seguir esa línea recogiendo el espíritu de aquellas reuniones caseras donde se hablaba del tiempo y de todo que le rodea, que cada vez es más. La mesa camilla de este nuevo siglo es Internet, y en este blog nos seguimos arrimando a un Brasero para contar y escuchar historias.
Feeds:
