De frente, la luz blanca –esa ventana, esos cuarzos -cae sobre el lateral del rostro de nuestro protagonista: Robert Redford. Una mirada inmutable y un bigote rubio le sirven y basta para dar vida a The Sundance Kid. Es el ganador tranquilo, el “despeluchador”. Recoge impasible las cartas. Uno de los vaqueros afirma suspicaz: “Bien, ya nos ha limpiado a todos, amigo. No ha perdido ni una sola jugada”. Y a continuación remata desafiante: ¿Cuál es el secreto de su éxito?”. Sundance hace esperar la respuesta ordenando las cartas sin perder ni un ápice de su hierático rostro: parece acostumbrado a tipos de gatillo fácil que no aceptan la derrota. Levanta sus ojos y espeta con voz suave, sin arrogancias pero sin temores: “La fe”.
Robert Redford | Foto: antena3.comAquella escena y el papel que desarrolló el mítico cineasta en “Dos hombres y un destino”, es obvio que marcó sus futuros proyectos. Puso en ellos fe y romanticismo, como las andanzas y huidas junto a otro grande, Paul Newman-Cassidy y su Wild Bunch. El festival de Sundance, un lugar común que nació casi como una locura independiente (fue posterior al Sundance Institute, ideado para que estudiasen jóvenes directores), se ha convertido en una referencia de las nuevas promesas del cine mundial: es ya una medalla, una promoción y todo un salto para aquellos que logran triunfar en el enero de Salt Lake City. El mismo espíritu de ese forajido, fiel escudero de Newman-Cassidy, de no rendirse y buscar la libertad, aún a costa de pedalear en una bicicleta-rocinante mientras, a pleno sol, caen gotas de lluvia sobre sus cabezas, parece haberse contagiado como bálsamo de Fierabrás vitalista al “South by southwest”: el mayor festival de música más grande del mundo. Allí se reúnen hasta dos mil bandas en cuatro días, allí se escuchó por primera vez en Estados Unidos a Amy Winehouse antes de su “Rehab” y también han sonado -y sonarán- grupos made in Spain como Russian Red o Vetusta Morla.
En fin creo que Alicia, una de las responsables de este gran potaje musiquero que peta una ciudad como Austin, os lo contará mejor en la siguiente entrevista. También van grupos de renombre aunque siempre tiene que haber pequeños trucos como el que Robert Redford le hacía a aquel vaquero sin dólares en el bolsillo y con balas en la cartuchera. Pero Sundance the kid no mentía. Ese era su secreto: La fe, si. Aunque fuese en la trampa.
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