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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
LA OPINIÓN DE LOS EXPERTOS

Los sistemas de seguridad pasiva sirven para frenar el ‘tercer impacto’

La falta de concienciación y, lo que es casi peor, de confianza en los sistemas de seguridad pasiva –aquellos que reducen las consecuencias de un accidente-, queda reflejada en el 22% de los fallecidos en 2015 que no llevaban puesto el cinturón de seguridad.

Uso del cinturón de seguridad Uso del cinturón de seguridad | Foto: Ponle Freno

José María Quesada  |  Madrid  | Actualizado el 21/12/2016 a las 17:46 horas

Nadie cuando se sube a un coche o a un autobús lo hace pensando en un posible accidente, algo que nos parece normal. Sin embargo, un ocupante o un conductor bien informados son  conscientes de lo importante que son para su seguridad  los sistemas de absorción de energía y de retención y difícilmente dejarán de utilizarlos.

El mecanismo lesional que se produce en un accidente se basa en una cadena de sucesos que ocurren durante la colisión, que desemboca en lo que los médicos especialistas han venido en llamar “el tercer impacto” y que es el que nos produce los daños físicos.

Repasemos esa cadena; el primer impacto es el que sufre el vehículo contra un objeto externo, el segundo impacto es el que experimentan los ocupantes del vehículo contra los elementos internos del vehículo y el tercer impacto es el que sufren nuestros órganos internos contra nuestro propio esqueleto.

La gravedad de las lesiones que podemos experimentar en un accidente es directamente proporcional a la deceleración que sufrimos. Si tenemos en cuenta que la energía es el producto de la masa por el cuadrado de la velocidad (es decir la deceleración) lo que buscan todos los sistemas de seguridad pasiva es reducir esa deceleración al máximo posible.

El peor impacto que puede sufrir un automóvil es aquél que se produce contra un objeto rígido e indeformable. De igual manera el peor impacto que podemos sufrir en nuestro cuerpo es contra un objeto duro e indeformable y es así porque en esas condiciones la deceleración que experimenta nuestro cuerpo es altísima. Si un saltador de pértiga cae contra el suelo desde una altura de 5 metros acabará en el hospital, pero al caer sobre una colchoneta la deceleración a la que es sometido su cuerpo es mucho menor porque está atenuada por la colchoneta de manera que se levanta de ella sin ningún daño y dispuesto a hacer otro intento.

En nuestro automóvil, la primera línea de defensa está en la carrocería del vehículo que dispone de una estructura que se deforma de manera programada y progresiva de manera que absorbe una buena parte de la energía cinética. Los elementos deformables acaban al llegar al habitáculo, el cual es sumamente rígido para crear una célula indeformable en la que van los ocupantes.

Aún quedan conductores que, por no entender esta función, critican a los modelos actuales acusándolos de fragilidad al compararlos con vehículos más antiguos “de chapa más dura”. Según su criterio el coche más seguro para chocar contra un árbol o una roca sería un blindado, cuando lo cierto es que este tipo de vehículo hace que en caso de un accidente sea pésimo para los ocupantes.

Su dureza y rigidez hace que no se deforme, con lo que transmite toda la energía del impacto al interior y a sus ocupantes.

La segunda línea de defensa son los sistemas de retención. El cinturón evita que nuestro cuerpo salga proyectado en la dirección que llevaba el coche y nos mantiene en el asiento. Pero es que, además, el tejido del cinturón es elástico con lo que también absorbe energía, lo que hace que nos proteja mejor que si fuera de acero.

En tercer lugar los airbags protegen la cabeza que es lo único que no sujeta el cinturón, al desplegarse limitan el movimiento de la cabeza hacia delante y lo hacen de manera progresiva, desinflándose cuando impactamos con ellos, para que esa retención no sea violenta. Por último, el reposacabezas reduce el movimiento de la cabeza hacia atrás, reduciendo la hiperextensión cervical y limitando la posibilidad de lesiones cervicales.

No vamos a tener un accidente, claro que no, pero por si acaso, pongámonos el cinturón y coloquemos bien el reposacabezas al sentarnos en nuestro vehículo, el viaje será igual de placentero que si no lo hacemos, pero si ocurre algo, tendremos muchas más posibilidades de salir indemnes para contarlo.

Feliz Navidad a todos

 

José María Quesada

Asesor de Contenidos de Ponle Freno

 

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