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LA OPINIÓN DE LOS EXPERTOS

Los nuevos retos para los conductores

En los últimos años estamos asistiendo a un cambio tecnológico en el automóvil que, mal gestionado, puede llevarnos a un empeoramiento de las condiciones de seguridad, cuando en realidad debería incrementar este factor de manera muy notable.

Conductor Conductor | Foto: Agencias

José María Quesada, Asesor de contenidos  |  Madrid  | Actualizado el 26/01/2018 a las 15:50 horas

Hace más de 25 años empezaron a implantarse los sistemas de ayuda a la conducción gracias a la introducción de la electrónica en los vehículos.

El pilar de estos sistemas de ayuda ha sido el ABS, sin lugar a dudas el sistema de seguridad activa más importante de toda la historia del automóvil. El ABS supone a la seguridad activa lo que el cinturón de seguridad a la seguridad pasiva. A lo largo de más de dos décadas, al ABS se han ido añadiendo elementos que progresivamente han ido facilitando la labor del conductor, fundamentalmente en situaciones riesgo, reduciendo la exigencia sobre este para solventar situaciones difíciles con brillantes resultados.

Así, la progresiva implantación de elementos como el control de estabilidad (ESP), la ayuda para frenadas de emergencia (BAS) o el control de tracción (ASR) han venido a corregir los pequeños errores de conducción. Sistemas sin cuyo concurso hubieran desembocado en accidente lo que no ha pasado de susto.

Bien, hasta hace pocos años esos sistemas basaban su intervención en un principio de acción-reacción que gracias a la rápida respuesta de los sistemas electrónicos hacían y hacen su actuación prácticamente instantánea; si la rueda tiende a bloquearse en una frenada, el ABS el sistema abre la pinza de freno y lo evita; si la trayectoria que mandamos con el volante no es la que toma el coche, el ESP la corrige y si aceleramos en exceso y las ruedas motrices tienden a patinar, el ASR frena la rueda que patina y corta inyección para ayudarnos a recuperar la motricidad. Otra serie de elementos, que toman como base la infraestructura de los anteriores se han ido sumando; los sistemas de estabilización del remolque, los que previenen el vuelco, los que evitan el subviraje en curva y un sinfín de sistemas más han ido mejorando la seguridad activa de los vehículos actuales. Pero esta fase ha llegado a su límite y desde principios de la década de los 90 hasta ahora estos sistemas han cubierto una etapa que, en la actualidad, está dando paso a otro periodo en el que se va a dar  “una vuelta de tuerca más” a la seguridad activa.

Y es que una nueva generación de elementos de seguridad han desembarcado en nuestros vehículos para dotarlos de lo que podríamos llamar tecnología predictiva. Estos elementos no esperan a que ocurra algo, sencillamente se adelantan a lo que va a ocurrir y lo previenen con mayor o menor fortuna y eficacia. Los radares de alcance, las cámaras estereoscópicas, capaces de generar imágenes en tres dimensiones, las cámaras o sensores infrarrojos que son capaces de ver en la oscuridad, permiten al vehículo tomar ciertas decisiones sin intervención del conductor.

Estamos poniendo los primeros cimientos de lo que se denomina conducción autónoma. Pero la conducción autónoma tiene hasta cinco niveles y solo en el nivel 5 desaparece del vehículo el volante y los pedales. La inmensa mayoría de los vehículos de última generación, equipados con los sistemas más avanzados, alcanzan el nivel 2 de conducción autónoma y un pequeño número podrían calificarse como de nivel 3. En la sociedad tecnológica en la que vivimos los cambios radicales se producen en periodos de 3 o 5 años, lo que lleva a muchos a pensar que en poco tiempo el conductor será un mero observador de lo que hace el coche. Sin embargo, la realidad es otra.

Todavía hay problemas sin solución: las cámaras son deslumbradas por el sol, los sensores expuestos a la intemperie pueden quedar inutilizados por la suciedad y un sinfín de factores impredecibles más que nos deben llevar a adoptar una actitud diferente a la que lamentablemente estamos percibiendo en muchos conductores.

Los sistemas predictivos son capaces de mantener la distancia de seguridad con el coche que nos precede, algunos toman curvas de radio moderado sin que el conductor toque el volante y otros son capaces de identificar obstáculos y hacer una frenada de emergencia sin que el conductor toque los pedales.

El error es pretender que esos sistemas nos sustituyen y que podemos dedicarnos en una autopista a poner el control de crucero y a leer la prensa o a enviar y recibir mensajes por el móvil. El conductor sigue siendo indispensable, porque el índice de fallos de esos sistemas sigue siendo alto y la atención a la carretera requiere cada vez un ejercicio de disciplina mayor. Ocurre que a la tercera o cuarta vez que el coche frena sólo o que nos reconduce la trayectoria para mantenernos dentro de nuestro carril nos relajamos y creemos que “ya se encarga él de todo”. No.

Es fundamental que sigamos conduciendo con la máxima atención que nos sigamos anticipando a las situaciones y que mantengamos nuestras destrezas en el grado más alto que nos sea posible, porque todo lo que nos ofrece nuestro vehículo, por ahora, no son sino ayudas a la conducción.

Tomémoslas como tal y con nuestras buenas prácticas y la ayuda del vehículo alcanzaremos un grado de seguridad excepcional. Si relajamos nuestras responsabilidades esos sistemas no servirán para nada y en lugar de contribuir a hacer una conducción más segura, contribuirán a lo contrario. No nos dejemos engañar, el conductor sigue siendo el factor de seguridad más importante y el máximo responsable que lo que le ocurre al vehículo y a sus ocupantes. Ya llegará el momento en el que podamos prescindir de él, pero creedme, aún quedan muchos años para eso.

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