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LA OPINIÓN DE LOS EXPERTOS

El mantenimiento de los neumáticos

La semana pasada abordábamos algunos aspectos sobre los componentes de un neumático, así como sus dimensiones y su  repercusión en el comportamiento y confort de nuestro automóvil. En este post continuamos con otros puntos, no menos importantes, que afectan al mantenimiento.

El mantenimiento de los neumáticos El mantenimiento de los neumáticos | Foto: Agencias

José María Quesada  |  Madrid  | Actualizado el 18/08/2017 a las 11:49 horas

El neumático de un automóvil asume dos funciones, la más importante es proporcionar la adherencia adecuada para transmitir al suelo la potencia, detener el vehículo y abordar las curvas. Pero tiene una segunda función, ciertamente secundaria, pero también importante que consiste en asumir funciones de suspensión.

Hemos de valorar también que trabajan en unas condiciones sumamente variables y muy duras en todo caso. Se espera que mantengan sus cualidades con el asfalto a 60 grados en la época estival y en condiciones bajo cero en invierno.

Son la primera línea de choque contra baches, piedras y bordillos, soportan una amplísima variedad de cargas y todo ello lo hacen con una sola operación de mantenimiento; revisar que sus presiones sean correctas. La mayoría de los automóviles que circulan por nuestras ciudades y carreteras lo hacen con presiones incorrectas, dado que no se revisan más que, con suerte, cuando vamos a abordar un viaje largo.

Un neumático que trabaja con 1,5 bar cuando en realidad debería llevar 2,3 o 2,4 bar pierde consistencia en el flanco, su “huella” se deforma con lo que la banda de rodadura pierde una buena parte de su dibujo y ofrece una menor resistencia al aquaplanning.

La menor presencia de aire en el interior de la rueda hace que esa cantidad de aire sea más sensible a las temperaturas. Al haber menos aire, por pura física, un aumento de temperatura eleva la presión de ese aire. Si tenemos en cuenta que un neumático a 120 km/h ronda entre los 90 y 100º ºC, podemos intuir que en un viaje largo la presión sube rápidamente, con lo que el neumático trabaja muy caliente y se vuelve más inestable.

Pero hay otro factor que eleva la temperatura. Cuando el neumático no tiene la presión adecuada, los flancos se deforman y su estructura interior experimenta unos rozamientos internos que, contribuyen a elevar más aún la temperatura. El resultado es que en esas condiciones podemos incluso superar la presión recomendada y aumentar el riesgo de reventón. Las consecuencias son nefastas, el neumático pierde firmeza, antes de tomar temperatura sus flancos se retuercen en cada curva, la banda de rodadura se deforma y el comportamiento se vuelve errático y poco uniforme. La deriva aumenta considerablemente y el tren trasero se vuelve muy sensible a los apoyos pudiendo perder adherencia de manera súbita con nefastas consecuencias.

Si a ello le añadimos una carga superior en forma de pasajeros y equipaje, la situación empeora, aumenta la distancia de frenado, se reduce la adherencia lateral y en casos extremos podemos desllantar, con el consiguiente riesgo de vuelco. Si en lo que afecta a la seguridad no nos hemos convencido apelemos al bolsillo. Con las presiones inadecuadas, los neumáticos gastan entre un cinco y un siete por ciento más de combustible y su duración puede reducirse hasta en un 25%.

Basta con revisar las presiones una vez al mes y siempre que vayamos a efectuar algún cambio de carga en el vehículo. Es una operación que sólo lleva 5 minutos, con lo que la falta de tiempo no es excusa, es gratuita en la mayoría de las estaciones de servicio y tiene unas repercusiones muy notables en la seguridad y como vemos en nuestra economía. Adquirir la costumbre nos llevará también a revisar visualmente el estado de desgaste de la banda de rodadura lo que nos puede permitir detectar otros problemas. Por ejemplo un neumático gastado por el exterior nos indica que la dirección va “cerrada” y por el interior (efecto más común es que va abierta. Ante el menor síntoma lo ideal es llevar el coche a hacer un “paralelo”, lo que además de alargar la vida del neumático al corregir el problema hará que la dirección trabaje correctamente y no trasmita efectos parásitos en el comportamiento.

Las presiones deben revisarse con el neumático frio es decir cuando al menos lleve una parado y aparcado a la sombra, de otro modo no podremos comprobar con precisión sus presiones. Además debemos procurar cuidarlos reduciendo la velocidad en los baches más acusados, no forzándoles contra el bordillo al aparcar y no dejar el coche aparcado con neumático deformado por el bordillo.

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