Lo de Papá ya lo he explicado. A ellas, lógicamente, se las llama Sugar Babies, o Daughters. Y es que es todo tan dulce. Las cosas amargas hay que endulzarlas. Para ayudarla a pasar el trago, el azúcar, lo habréis adivinado, lo pone él: Además de duplicar o triplicar la edad de la tierna señorita, el caballero tiene que – lógico, lógico, lógico- tener un estratosférico status económico, y siempre muy superior a la chica de turno. La función del añoso amante es rodearla de lujo: Proveerla de una vivienda digna. Cubrirla de joyas, ropa de megamarca, coches de alta gama, y toda clase de otros extras y regalos carísimos. También tiene que ocuparse de que a la niña no le falten interesantes sumas de dinerazo para otros caprichos y gastos. Ésa es la base del cuento.
Roberto Cavalli, 72 años, y su modelo rusa de 22. | Foto: Antena 3Y, claro, en este tipo concreto de pareja, ambos han de cumplir ciertas condiciones: Por parte de ella se requiere, además de ser una Nobody- al menos en relación con la fama y fortuna de él-, una llamativa ausencia de escrúpulos, a la hora de fingir amor y atracción por alguien que, para su edad, es un anciano. Lo que se viene llamando ser ligeramente arribista, una trepa. Por la del caballero, se requiere tener una dignidad como mínimo cuestionable, muchos billetes y poca vergüenza. Ojo, quiero decir, que hay que carecer prácticamente de tal virtud, como condición necesaria para ser capaz de pasearse por la vida de la mano de un pibón 40 años más joven… Gritándole al mundo que tal belleza está contigo por tu dinero, aunque, para ser sinceros, tu persona más bien le espanta.
El diseñador Roberto Cavalli siempre fue más bien feíto, pero en la vejez se ha convertido en alguien muy difícil de mirar. Dicen que su legítima esposa - veinte años más joven, pero al parecer, ya no lo suficiente- hace tiempo que emigró del lecho conyugal y pernocta en otra habitación. Lo comprendemos. Podemos imaginar el placer que embarga a la jovencísima belleza rusa, cuando contempla arrobada a su nuevo y septuagenario amor mientras duerme. La foto no deja lugar a dudas: Él es el típico adonis capaz de enamorar a semejante beldad. Ella ha caído presa del irresistible atractivo del modisto.
Cavalli bronceándose en su megayate | Foto: Antena 3Otro matrimonio en el que el amor y la atracción mutua se comprenden al primer vistazo. Vamos, que te entran por los ojos nada más verlos juntos: Son Flavio Briatore, de 62 años, conocido ex manager de F1, y su flamante mujer, Elisabetta Gregoracci, de 28. Puede comprobarse que ella, a todas luces, lo abraza con pasión indisimulada. Hacen lo que se dice buena pareja.
Hacen muy buena pareja | Foto: Antena 3Sin dejar la Fórmula 1, nos vamos al Gran Capo: El inefable Bernie Ecclestone, de 81 años. Billonario dueño y señor de la gran competición. Lo del bueno de Bernie ya es fuera de concurso: Acaba de comprometerse con Fabiana, de 35, que, naturalmente, está también locamente enamorada de su caballero andante. 45 años les separan, aunque les une desde ya un maravilloso anillo con gran diamante, valorado en 100.000 libras esterlinas, con el que han sellado su amor. Las hijas del magnate, indignadas, aseguran que no irán al enlace… El octogenario prometido dice que se casarán en breve. “Estas cosas no hay que retrasarlas”, ha declarado. Tiene razón. Considerando su edad, esperar más de 10 minutos ya empieza a ser peligroso.
Bernie y Fabiana. 45 años les separan. | Foto: Antena3Parece que el abandonado Arnold Schwarzenegger, que cumple hoy 65 años, va a ingresar en tan selecto club. Se rumorea que, tras su divorcio de Maria Shriver, ha encontrado nuevo amor: Aunque se sabe poco de ella, la edad sí se conoce: 25 años.
También Donald Trump, 66 años, se subió hace ya tiempo al carro de hacer el ridículo, y lo hace, como sus compañeros, tan ricamente. Ha sido ir cumpliendo décadas, y tal cual les ha ido descumpliendo las mismas a sus sucesivas esposas, como debe ser. Empezó por casarse con Ivana, tres años menor, y terminó – por ahora- desposando a la guapísima modelo eslovaca Melania Knauss. Sucedió en 2005: Él tenía 59 años, ella 35. Para que se enteren los malpensados, por si alguien tenía dudas – que va- Melania se confiesa enamoradísima de su marido: “Me encanta su pelo (esa especie de ensaimada, su PELO) y sus preciosas piernas”. Sin comentarios.
Donald Trump y su mujer, Melania | Foto: Antena3El fenómeno se extiende como la pólvora, alimentado - cómo no- por la crisis y atizado por la Red. Ellos necesitan carne fresca, y ellas, que lo son, necesitan dinero, igual de fresco. Los aspirantes a nivel más terrenal, tienen sus webs especializadas. Muchas de las chicas son estudiantes en busca de un hombre, en general de cincuenta años para arriba (a menudo mucho mayor) que les pague los estudios. Se ofrecen por mensualidades variables, normalmente de miles de dólares. Allí, ansiosamente aunque por opuestas razones, se buscan sin tapujos. Y… Se encuentran. Paz y Amor.
Sobre todo, mucho amor. Love is in the air.
Los 'SugarDaddies' del panorama celebrity