Preysler, de joven. | Foto: A3NIsabel Preysler, 61 años. La llamaron “Reina de Corazones”, pero es, en realidad, reina del marketing de la propia imagen – con la mejor marca personal que se conoce; es natural, si el personal branding lo inventó ella- también lo es del glamour, de la elegancia, de la prensa rosa, del éxito sentimental, social, económico… Es, desde hace décadas y sin rival, la Emperatriz de todo.
En lo que a cirugía se refiere, ha tenido siempre dos obsesiones: La de parar el tiempo – como casi todas- y otra más particular por razones obvias: La de occidentalizarse físicamente. Hasta hace unos años todo iba bien, porque administraba sus deseos con cordura, pero llegó un momento en que se pasó de vueltas. No es la única. Muchas mujeres orientales se operan los ojos para redondearlos y asemejarlos a los nuestros. En Japón es una intervención muy demandada.
Isabel preysler en Miami
Seguramente con ese propósito, además de los evidentes liftings, y de suavizarse el rasgado, ha hecho algo un poco raro: Después de un par de rinoplastias para estilizar su nariz… Hace poco se implantó lo que parece una prótesis para hacerla ¡más aguileña!. Con todos los respetos hacia Isabel – una mujer triunfadora, que ha conseguido todo lo que se ha propuesto y la admiro por eso- se ha hecho tantas cirugías, que, aún ignorando los cambios lógicos de la edad, en ella no queda nada de la filipina que enamoró a Julio Iglesias. Y, con más respeto aún, hace tiempo que su actitud ya me recuerda peligrosamente a la de Michael Jackson.
Sus ojeras y bolsas, dos veteranas | Foto: antena3.comComo contraposición, Belén Rueda, 47 años. La protagonista de El Misterio de Calenda es mucho más joven, pero aún considerándolo, es el ejemplo de lo opuesto: A su edad, Isabel Preysler llevaba ya más de una cirugía en el cuerpo. Si Belén se ha hecho algo en la cara, ha sido muy poco, y más bien infiltraciones que operaciones. Desde siempre ha tenido tendencia a las bolsas y ojeras, que, como casi todo lo malo, se acentúan con la edad, y ésas las conserva.
Belén Rueda, a sus 47 años | Foto: antena3.comPero a la gente le encanta decir “Ohhh está muy recauchutada”. Como si estuviera prohibido mantenerse más que correctamente hasta una edad, con solo algunos retoques menores. Pienso que Belén es de esas afortunadas. En la foto de abajo se observa con toda claridad que mantiene una expresión muy natural. Sigue teniendo los párpados superiores con el exceso de piel y la caída natural de los cuarenta y bastantes. La cola de la ceja tiene trayectoria descendente, y es más que visible que sigue con sus ojeras de siempre. Mi conclusión: No se ha operado los ojos, ni, por supuesto, se ha hecho lifting alguno.
Me parece muy probable que cuando la vemos con buena cara, como de haber dormido 10 horas seguidas, y empieza a comentarse que se ha operado, es porque se acaba de poner Botox. Al cabo de un tiempo, los efectos de la toxina van desapareciendo, los músculos se van relajando otra vez; piel y arrugas vuelven, poco a poco, al sitio donde estaban. A empezar otra vez.
Así que sí. Cómo hemos cambiado, pero, por mucho que se empeñen, no todas cambian igual.
Isabel Preysler luce un rostro terso a sus 61 años