Fashion Week

Con el tiempo y las circunstancias uno acaba encontrando placer y entretenimiento hasta en los ambientes más insospechados. Por ejemplo, la Semana de la Moda de Nueva York.
La de la moda es una de esas industrias donde Europa mantiene el cachet aunque nada le importe a las hordas que intentan marcar estilo en la tent o carpa gigante que instalan en Bryant Park, en el mismo centro de Manhattan, y que es como el examen de selectividad de cada semestre para miles de neoyorquinos que viven de (o alrededor de) esta industria que define tanto a la ciudad como Wall Street.
Porque en Nueva York las modelos son tan importantes que un congresista hasta ha solicitado que se les establezca una categoría propia y particular de visado -es cierto también que el tipo en cuestión, Anthony Weiner, 43 años, demócrata y soltero, tiene una acendrada reputación de matar el rato en público con modelos extranjeras y por eso el New York Post comentaba que lo que Weiner está haciendo es en realidad esforzarse por aumentar su agenda de citas…
Si fuera así, hubiera resuelto el problema acudiendo al pistoletazo de salida no oficial de la fashion week, la fiesta de Calvin Klein, el domingo, en una estructura levantada sobre una vieja línea de tren y reconvertido en un oasis urbano de ostentación obscena con decenas de miles de rosas sobre las que levitaban los dueños de la escena social neoyorquina.
De los famosos, la verdad es que yo sólo conocía a Brooke Shields, Halle Berry y Calvin Klein pero me decían que allí había gente muyyyy importante, que aquello era el no va más –como diríamos en España “muy fuerte”: Rosario Dawson, Robert Buckley, Coco Rocha, Lydia Hearst, Jourdan Dunn, Natasha Poly, Anouk Lepere, Mark Vanderloo, Hana Soukupova y hasta Tinsley Mortimer –a ésta es imposible vivir en Nueva York y no conocerla porque hasta la prensa la ha bautizado como la reina de la sociedad neoyorquina. O sea, la Paris Hilton de la costa este pero con más clase.
Pero para ver el talento auténtico hay que ir a la pasarela auténtica–y a poder ser con asiento en primera fila. Miércoles, casi de noche y con lluvia amenazando sobre la ciudad pero empieza el show de Max Azria y es como si se abriera el cielo. La superficialidad, la tontería, la sinrazón de tanta nadería de repente reducidas a cero o a su verdadera categoría de comparsas ante el espectáculo de creatividad e ingenio.
Uno se sienta allí supongo que igual que un entomólogo mirando por el microscopio o quizá igual que un americano en una corrida de toros en España. Te das cuenta de que aquello es arte, una mezcla de inteligencia y estilo, de trabajo e inspiración… pero cuesta un poco definirlo.
Entre tanta política esta vez no ha habido por ahora crónica en los informativos pero dejo aquí algunas fotos para juzguéis por vosotros mismos.
Cosas del vestir en América
Una de las primeras cosas de las que viviendo en Manhattan uno se da cuenta a poca vida social que tenga es que va a necesitar un esmoquin, al que aquí llaman tuxedo o simplemente tux.
La última ocasión ha sido la Gala Anual de la Cámara de Comercio España-Estados Unidos en la que se entregó el galardón “Business Leader of the Year” a Ignacio S. Galán, presidente de Iberdrola. 800 invitados, "puentes" cada uno de ellos entre España y Estados Unidos, acudieron a homenajear a una empresa española que no sólo se ha convertido en líder internacional en energía eólica sino también en la segunda del sector en Estados Unidos.
Aunque el éxito de empresas españolas por acá ha dejado de ser una rareza, no por ello tiene menos mérito ni pierde razón el reconocimiento.
Total, que por delante del reloj imponente de tiempos de la reina Victoria que decora el lobby del Waldorf Astoria en Park Avenue se colaron los tonos, colores y hasta sabores españoles para fundirse con esa tradición neoyorquina que es la de vestirse de gala gastando en ello como si no hubiera mañana.
Como en tantas otras cosas, los americanos son superlativos en el vestir. Viajan en avión como si anduvieran por la terraza de casa un buen día de verano: chanclas, pantalón corto, camiseta larga. Y, sí, también en business class –aunque en business otra estampa clásica es la de los tipos trajeados haciendo aspavientos como si fuera el fin del mundo a la hora de apagar esa blackberry a la que viven enganchados. Don´t worry, man, si además nadie llevaba blackberry hasta ayer por la mañana y el mundo seguía funcionando todos los días. Y sólo van a ser dos o tres horas.
Volviendo al vestir, el caso es que para las ocasiones formales, uno no hace nada aquí si va sólo de traje y, por supuesto, ni hablar de ese cruce de elegancia y naturalidad que nos gusta a los españoles y por el que, con frecuencia, hasta prescindimos de la corbata incluso en los momentos más especiales.
Por supuesto, esto no quiere decir que los americanos sean más elegantes.
José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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