04:28 mar 16, 2010 | José Angel Abad | General

Librerías de Nueva York

En abril estaré en España, hace unos días decidí que será la ocasión perfecta para leer al fin el "Rosinante to the road again" de John Dos Passos y por ello esta tarde estuve de peregrinación por librerías de Manhattan a modo de aperitivo del viaje, como si la vacación empezara hoy aunque le falte un mes.

Elegir la lectura e ir a su caza siempre me ha parecido una forma como otra cualquiera de hacer más largo un viaje.

Si me voy al mar busco algo de Patrick O´Brian, si se trata de ruinas me llevo una aventurita ligera de John Maddox Roberts, viajando por Estados Unidos siempre meto en la maleta algo español y para las ocasiones especiales tengo reservadas desde hace años las aventuras de Gordianus por cortesía de Steven Saylor que, como sólo me quedan cuatro de sus doce novelas, pues las voy estirando a razón de una cada dos años o tres años.

El problema es que al menos aquí en Nueva York cada vez resulta más complicado esto de ir a comprar un libro.  

Y no, no es que falten librerías

 

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10:23 feb 16, 2010 | José Angel Abad | General

Memorias de Dallas

 



No se trata de convertir el blog en una guía de viajes pero con frecuencia en este negocio vienen rachas de nomadismo transitorio como la actual que ahora nos ha llevado a Texas y que, entre otras cosas -como enviar crónicas-, uno intenta aprovechar para confirmar estereotipos y a la vez matizarlos, sorprenderse cara a cara con la historia o apreciar un poco más lo que tanto damos por supuesto.Vamos por partes.

Tratándose de Texas, no hay mayor estereotipo que el de la arrogancia, lo que aquí llaman swagger intentando rebajarlo a la categoría de fanfarronería y cuya evidencia te asalta en todo momento, empezando por la frasecita que te encuentras a cada paso en pegatinas, llaveros, postales y demás: "Don´t mess with Texas", "no te metas con Texas", en el sentido de "no te compliques la vida con Texas o te rompemos los dientes".

Y aquí todo lo quieren tener mas grande: el Capitolio del estado tiene una cúpula mayor que el federal de Washington, abundan los restaurantes donde si eres capaz de comer la inmensidad de carne que sirven no tienes que pagar nada y, por supuesto, acaban de construir el nuevo estadio del equipo de futbol de los Cowboys y en el que se ha roto el record de asistencia a un partido de baloncesto con mas de 108.000 espectadores. Una pena que a la mitad del público la pista le quede más bien lejos para seguir el partido y se tengan que fijar entonces en la pantalla electrónica. La mayor del mundo, por supuesto.



Y, sin embargo, esa obsesión superlativa no se acaba ahí, sino que cuando uno esta a punto de dejarse llevar por el tobogán fácil de la condescendencia -“pobrecitos estos texanos, se creen los number one y no son más que unos fantoches...” pero resulta que esa manía por el exceso, por ser mas que los demás, lo trasladan con el mismo ímpetu a otros campos menos aparentes pero quizá mas importantes, como el de la amabilidad, la buena educación, la perfección técnica, la fiabilidad o el afán de superación. Y, entonces, el estereotipo, como ocurre casi siempre al mirar algo de cerca, se hace más complejo. Ya no es solamente arrogancia barata.

Por ejemplo, conducimos a primera hora de la mañana, apenas amanecido, por una de esas autopistas tan repetidas aquí, en las que a uno le hacen falta las dos manos para contar los carriles y en las que lo único que se ve a los lados es una continuidad sin fin de establecimientos comerciales repetidos hasta la saciedad por toda America haciendo indistinguible un punto de otro.

Buscamos un lugar para tomar café. Lo encontramos y antes de bajarnos nos decimos: ya verás, apenas han abierto, pero en cuanto entremos veremos todo en perfecto orden, como si nos estuvieran esperando, nos recibirán con un sonrisa afable de oreja a oreja dándonos los buenos días con un entusiasmo respetuoso como si se alegraran realmente de vernos, preguntándonos qué queremos con el mismo tono que podría pasar por el que se emplea cuando se quiere hacer un favor de corazón, tendrán todo fresco porque los repartidores han llegado a tiempo y hasta el New York Times habrá sido repartido puntualmente y al irnos nos desearán un buen día con otra sonrisa más, como si se apenaran de que nos vayamos.

Y así resulta ser.                                                                                                                                    

Cuando al final del día se acaba el partido tenemos que salir del aparcamiento y los miles y miles de coches hacen colas respetuosas sin falta de policías. A nadie -a nadie- se le ocurre colarse, plantarse a la cabeza para ahorrarse quince minutos a costa de la benevolencia de los demás. Y tampoco nadie aprieta el claxon ni lanza miradas envenenadas a otros. La gente se une a la cola a la altura de donde está aparcado su vehículo aunque la cola se vaya mas atrás. Sencillamente le hacen un hueco. Y todo con una especie naturalidad que en nada parece impuesta. Como si compitieran a ver quién tiene mejores maneras, respetándose a si mismos. Y dejamos lejos el enjambre de coches apenas unos minutos.

                                                                                                                                                                                 

Por cierto que al salir, los guardias de seguridad nos daban las buenas noches, como si fueran los acomodadores de un cine antiguo.                                                                                                                   

Vaya, ya ves, resulta que la fanfarronería y arrogancia resulta ser menos ubicua de lo que el estereotipo indica a pensar es lo que se me cruza otra vez por la cabeza y pienso que tal vez en esta ocasión podría ponerlo en el blog. A riesgo de que me acusen de haberme vuelto un republicano contumaz…                                                       

Los escépticos o los descreídos dirán que es de mentira, que son unos hipócritas. Pues no, lo que son es corteses, amables, con esos modales que uno emplea cuando no tiene sentimiento ni de superioridad ni de inferioridad, sino tan sólo el objetivo de hacer con la mayor eficacia y simpatía posible la tarea que le ha asignado la vida en este día concreto.
 
Claro que también puede ser que yo esté completamente equivocado, que no me haya enterado de nada y que sean en realidad unos canallas disfrazados, como no podía supuestamente ser de otro modo tratándose del estado que Bush…  

Pero en mi opinión lo que ocurre es que no hay nada que, considerado con detenimiento, sea fácil de entender. Y en Texas tienen sus cosas, como la fanfarronería. Y, a la vez, la amabilidad.

Luego nos escapamos dos horas a la Dealey Plaza en que fue asesinado John F. Kennedy y subimos hasta la misma ventana desde la que Lee Harvey Oswald disparo al presidente.                                                   

 


 
No vamos a hablar de teorías conspiratorias. Todos hemos tenido catorce años y querido aclarar el misterio. Pero una cosa es segura: desde esa ventana de la esquina derecha en el segundo piso más alto Oswald paso aquella mañana agachado en el suelo, comiendo pollo y esperando a que pasara el coche presidencial -de derecha a izquierda en la foto- para pegarle desde atrás unos tiros al hombre que había seducido a America y al mundo y arrancarle literalmente los sesos a la altura justa de la esquina inferior izquierda de la imagen.

Y ahora arriba, dentro del edificio, pegado a esta ventana en apariencia anodina, con unos ladrillos rojos de lo más corriente, se hace difícil entender cómo aquí pudo haber cambiado tanto la historia. A lo mejor es que es así. Es que todas las fuerzas económicas, materialismo histórico, determinismo, movimientos y motores de la historia no son nada en comparación con el azar caprichoso.

¿Qué hubiera pasado si soldado despechado le hubiera pegado un tiro a Napoleón antes de que hubiera puesto Europa patas arriba? ¿Qué hubiera pasado si Oswald hubiese errado el tiro?

Uno mira a la historia y todo parece que tuvo que haber sido necesariamente del modo en que ha ocurrido y, quién sabe, si aquella mañana hubiera habido niebla o si Oswald se hubiera levantado con diarrea o si se le hubiera cruzado un gato en el momento crucial, la historia se escribiría hoy de manera bien diferente. O quién sabe, tal vez, los capítulos fuesen muy parecidos.

Pero aquí al lado de esta ventana -donde está prohibido hacer fotos- a uno le entra un cierto vértigo pensándolo. A Oswald no le pasó lo mismo.

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10:14 dic 22, 2009 | José Angel Abad | General

Una deuda personal

Algunos domingos en vez de jugar a seguir en el siglo XX matando la mañana con una montaña de periódicos, tijeras y café, cruzo Central Park, me plantó en el Upper East Side -el barrio pijo al este del parque- y me dejo perder un rato por los pasillos del Metropolitan.

Pero esta semana fui a tiro fijo. A saldar una cuenta pendiente.

En junio del 55 un suizo judío de treinta años compró en Nueva York un Ford Business Coupe de segunda mano y se echó a las carreteras de América durante un año con una Leica encima para tomar algunas fotos. Exactamente veintisiete mil.


A su regresó escogió las ochenta y tres mejores para publicar The Americans y desde entonces su libro se ha considerado entre la media docena de los  mejores de fotografía desde la segunda guerra mundial.
Él solito, Robert Frank, acababa de cargarse para siempre la idea angelical del sueño americano.

No es que no existiera. Es que a veces, para algunos, era triste. O aburrido. O una pesadilla.

Por supuesto otros ya lo habían hecho -y en muchos sentidos es descendiente de Hopper y primo de Kerouac- pero nadie con el poder incontestable de la película Kodak.


Vamos, que se atrevió a retratar lo políticamente incorrecto de la época: el tranvía de Nueva Orleans con los blancos sentados en la parte delantera con aire de comodidad y a la vez desconfianza y los negros atrás como clamando que empezara -o se acabara- el mundo, la intrascendencia vital de la joven ascensorista de un edificio de oficinas, la rutina sin piedad de los obreros en una planta automovilística, la soledad y extravagancia de un cowboy en Nueva York que cuanto más de cerca se ve menos interesante parece, la presencia opresiva de la bandera,la desconfianza que irradian los políticos locales, la inmensidad de la carretera, la ambición impúdica de una camarera en Hollywood o el interés nervioso y tontuno de las fans en una premiere, un funeral de afroamericanos cuya elegancia daría a entender a primera vista que su vida es como un día en la ópera hasta que te fijas en sus caras y todo se parece más entonces a una noche larga y macabra, la fanfarria absurda de una celebración política. 

Pero curiosamente Frank no buscaba condenar a nadie ni a nada.                                  

Sólo hay una cosa que no deberíais hacer, criticar”, les escribió a sus padres en Suiza.

Lo suyo era mirar y disparar, posar la vista en aquello que le llamaba la atención y compartirlo con el resto del mundo. Un acto personal pero a la vez de honestidad suprema intentando congelar la mirada siendo fiel a su propósito originario de reflejar “el tipo de civilización nacida aquí y extendiéndose por todo el mundo”.  

Prueba de que Robert Frank era un equilibrista del claroscuro americano es que al poco tiempo se hizo ciudadano americano y siempre siguió alabando la sensación de libertad que tuvo en America desde su primera jornada: “era como una puerta abierta”.                          

Y por eso quienes nos ganamos la vida en la categoría inferior de hacer la cronica del minuto a minuto de la misma America pero medio siglo después estamos en deuda con el maestro.

El Metropolitan le homenajea y uno pasa por allí a dar sus gracias mudas.

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08:38 nov 05, 2009 | José Angel Abad | General

Sorpresa en la sala de prensa

Es el la mejor sorpresa que puede tener un periodista en la Casa Blanca y ha ocurrido hoy. En realidad...está ocurriendo todavía porque os mando la entrada desde la misma sala de prensa, donde estábamos esperando que apareciera el jefe de prensa, Robert Gibbs, para el "briefing" o encuentro diario y quien se presenta en cambio es... el propio Obama.

Todos en pie, el (esto va sin acentos, adevertencia para los mas puntillosos, y no es que pase de acentos, es que mando la cronica con la blackberry), el, obama, diciendo por favor sentaos, con cara de no haber pasado una buena noche y todos preguntándonos a que deberemos el honor.

Pues resulta que Obama hace una declaración oficial sobre Sanidad, todos escuchamos atentamente... y parece que la cosa no va a ir a más. Pero al menos ya tendremos algo que contar en la cena de hoy. Vosotros, por supuesto, no tenéis que esperar.

 

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01:07 jun 19, 2009 | José Angel Abad | General

Un barrio hispano de Queens

Un imprevisto me hace pasar la tarde-noche en Jackson Heights, un barrio de Queens del que uno sale del metro igual que si aterrizara en un país lejano a Nueva York. Sí, después de unos años uno acaba entendiendo esas películas de Woody Allen en las que los protagonistas se preguntan si de verdad la ciudad continúa más allá de los confines pequeños de Manhattan, la isla que conforma el centro de la ciudad de Nueva York.

Para empezar el metro aquí no circula por túneles sino que va por el exterior sobre plataformas elevadas por encima de las calles, a altura de los segundos, terceros y cuartos pisos. Abren la ventana y ven pasar el tren. Igual que en el centro de Manhattan -hace cien años. El ruido producido por los vagones en las calles es infernal. Veo a unos niños llevándose las manos a los oídos y a una señora que le cae una bola de grasa en la cara.

Apenas hay anglosajones. El paisaje es el de un barrio modesto de una capital latinoamericana mezclada con ramalazos norteamericanos -pero sin la alegría de Puerto Rico, Panamá o Costa Rica. Las teces morenas tienen rostros cansados por la larga jornada asegurándose que todo marcha rápido, perfecto y barato en el centro de la ciudad, cuya savia es el esfuerzo diario y silencioso de estos emigrantes.

Las estaturas son bajas, los cabellos desaliñados, visten ropas largas, baratas y con el aspecto un tanto arrugado como de llevarlas puestas ya un par de días. De sus cuellos cuelgan crucifijos y en las manos veo pulseras doradas gordas. Aquí no hay cuerpos de gimnasio y sí barrigas y culos generosos. Parejas de adolescentes se besuquean por las calles apretándose junto a las farolas -inimaginable en Manhattan.

Caminan por las calles con aspecto serio, sin rastro de la arrogancia y determinación triunfadora de las zonas famosas de la ciudad. De pronto, sin embargo, se llaman unos a otros con voz estentórea, casi a gritos, y lanzando sonrisas imprevistas que dejan ver bocas con dientes perdidos y también una alegría que sorprende, como si sólo les bastara una excusa, un encuentro casual para verle sentido a su vida.

De pronto un coche invade el carril contrario y tres policías de paisano arrestan a dos muchachas con aspecto de aún menores de edad y que salían de un comercio. Parecen que intentaban robar. Llega otro coche patrulla. Las esposan y se arremolina un grupo de curiosos alrededor pero en cosa de dos minutos cada uno camina otra vez atento sólo a sus cosas.

Edificios humildes, alquileres baratos, en los tejados antenas parabólicas.

Hay grupos esporádicos de chinos e indios pero los carteles, indicando claramente el origen de la mayoría, son en español: “compro oro”, “divorcios”, “abogado”, “notario”, “accidentes y casos criminales”.

Los nombres de los negocios tienen un toque entre festivo, colonial y enternecedor -en ningún orden en particular: “Ponce de León Federal Bank”, “El rinconsito de Tito, piqueteadero”, “Jose Fish Market”, “El palacio de los frisoles”, “El Especialito, el semanario de la familia hispana”. El Bar Cuenca anuncia una fiesta para el día del padre -festejado el fin de semana que viene en fecha anglosajona. Y la publicidad exhibe consignas como “borícuate” o “tomabilidad” (sobre cerveza).

Se venden vestidos, 3 por 10 dólares, mallas para mujeres a 3 dólares, relojes a 1 dólar. Alguien me ofrece “un batido de fruta fresca”. Y por todos lados se anuncia “baba de caracol: crema para el cuerpo y champú”.

Hay puestos ambulantes de libros por todos lados y, curiosamente, con mucha gente que se detiene a mirar. Títulos comunes: “Inglés básico”, “Colombia, qué lindo país”, “Así es mi mundo, los incas”, “Inglés para hispanos”, “Inglés para los trabajadores”, “Inglés para mujeres”.

Una pareja sale de uno de las innumerables tiendas para enviar dinero a países lejanos. Revisan escrupulosamente el recibo que les dan. Asienten con seriedad. Alguien, muy lejos, debe haber recibido unos pocos dólares que aquí se ganan con mucho sudor y que allá probablemente resuelven la vida durante unas semanas. Pasa el único tipo que veo con corbata, “blanquito” como dicen aquí, con decisión, y se apartan un poco para dejarle la acera libre, como si le perteneciera más a él.
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01:46 ene 27, 2009 | José Angel Abad | General

Videoblog: Fin de año periodístico

En lo que a mí respecta, el 2009 empieza hoy, porque aún quedaba la coletilla de la toma de posesión de Obama -que es como una extensión de la campaña electoral del 2008-, más un asuntillo personal que llevaba tiempo arrastrando, la extracción de unas muelas del juicio.


El dentista se empeñaba en que no podía viajar durante dos semanas, así que le tuve que ir dando largas y más largas, que si ahora es el supermartes, que si la primaria de Pennsylvania, que si las convenciones, la campaña electoral, las elecciones, las navidades, total que el tipo cogió un día y dijo: pues ya está, el viernes después de las elecciones te reservo en la consulta de un colega.

Un tipo curioso el dentista. Di con él hace tiempo gracias a la secretaria de Valentín Fuster, el cardiólogo, que me "apadrinó" nada más llegar a Estados Unidos después de que me diera una entrevista improvisada y, a cambio, yo le echara un cable para participar por teleconferencia en un homenaje a otro cardiólogo que por casualidad resultó ser colega de otros tiempos en que también le llamé para una entrevista y acabó empeñado en hacerme conocer a fondo su colección de whiskies y maltas. De ahí lógicamente surgió una amistad.

Para más inri, el tipo que le organizaba el homenaje resultó ser Aquiles Tuero, que es un loco neoyorkino maravilloso, de gustos refinados y con clase a la vieja usanza incluyendo pajaritas, sombreros y modales exquisitos, una voz casi tan perfecta como la de los tres tenores -a los que fue él quien junto por vez primera- y que, encima, había nacido como yo en Gijón.

Total, que Fuster y su secretaria me dijeron aquella primera vez que llamara al dentista, Dino Bertini, y dos horas después acabé en su consulta del Rockefeller Center, justo en frente de la catedral de San Patricio, de tal modo que cuando estás sentado en posición y él se pome manos a la obra uno tiene delante las dos torres de la catedral, que es como una visión celestial que en ese momento viene muy a mano.

Dino es un tipo de treinta y tantos años, marroquí que además de árabe habla inglés, francés, italiano y español, estudió primero y enseñó después en Harvard, tiene su propia clínica y cuenta unos chistes estupendos -aunque se empeña en poner a sus clientes una gafas cibernéticas en las que puedes ver una película de dvd o un capítulo de una serie de televisión mientras él se encarga de tus caries y demás. 

Y si alguno tenéis una emergencia bucal de paso por Nueva York, Dino es vuestro hombre.
Resumiendo, que Dino y Obama han cerrado mi año al que sólo le faltaba resolver un problemilla técnico. En la tribuna de prensa al lado de la toma de posesión os grabé un vídeo que, por alguna misteriosa razón, se resistía a cargarse en el blog. Finalmente, Jordi ha resuelto el entuerto una vez más.

Así que os dejo al lado las imágenes de los momentos posteriores a la ceremonia, que en el esquema mental de un corresponsal en Nueva York juega este año el equivalente visual de las imágenes de las campanadas desde la Puerta del Sol. Con ellas se acaba el año.

Y ya sé que la calidad no es muy buena -estábamos como apretados como sardinas y con los dedos congelados por el frío- pero al menos tiene el valor de que son una imágenes que sólo vosotros y en este blog podéis ver.



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12:59 jul 30, 2008 | José Angel Abad | General

Don Quijote en Nueva York

Las buenas maneras y la simpatía parecen con demasiada frecuencia prohibidas en el día a día laboral de Nueva York donde, por ejemplo, el camino al trabajo se puede parecer a una aventura en la jungla.

 
No importa lo rápido que se camine por la calle, siempre habrá alguien gritando “excuse me” –y lo gritará segundo y medio después de habernos empujado con determinación para adelantarnos, de tal modo que el “excuse me” se parece más un adiós o incluso a un improperio como el de esos conductores que al adelantarte por la carretera te lanzan una mirada asesina.

 
Y si al comprar el café te demoras medio microsegundo de más dudando entre un tall skim milk latte with a double shot not too hot and on a paper cup o un venti skinny cinnamon dolce latte whipped cream on top o cualquiera de las otras 84.000 posibles variaciones enseguida gritarán "nexttttttt!!!!!", que es como si el resto del planeta lanzara la acusación de paleto -o, peor todavía, que te pregunten si eres de Nueva Jersey, al otro lado del Hudson, que es donde de verdad empieza América.

 
Al visitante ocasional le puede pasar inadvertida tanta rudeza. Y hasta puede que cuando al salir del metro esté parado en la esquina de la 50 con Broadway intentando averiguar hacia qué lado queda Times Square alguien le pregunte con una sonrisa si está perdido y si puede ayudar... Los neoyorquinos lo hacen para disimular. Un neoyorquino de verdad no presume de amable, ni habla bajo, ni tiene paciencia.

 
A menos que se llame Persi Tirado y sea el barrendero y super -que es como el encargado para todo- de los edificios de la 58 oeste entre las avenidas 6 y 7. Persi llegó de Perú hace casi cuarenta años y no sólo se indignó muy rápido con las prisas y malos modos de la tribu local sino que se comprometió a hacer todo lo posible por aliviar la situación. Y, así, Persi es probablemente el único neoyorkino que da los buenos días, buenas tardes y buenas noches a todo aquel con se cruce por la calle y, sobre todo, es el campeón en arrancar sonrisas en esta ciudad. Para ello emplea un método infalible: con la escoba con la que barre una y otra vez las manzanas alrededor de su trabajo, Persi barre y barre pero siempre bailando y cantando a la vez. Su misión no es sólo limpiar, asegura. Su verdadero objetivo, confiesa, es intentar endulzar las jornadas de todos aquellos con quienes se cruza.


Como es natural, la mayoría le toma como un loco, uno más de esa legión de desiquilibrados que pululan por las calles de Manhattan en donde la individualidad es tan santa y respetada que a nadie se le ocurre ni preguntarles cómo están ni a ellos importunar a ningún vecino. Yo he visto a tipos con taparrabos paseando por delante del Lincoln Center entre caballeros vestidos de pajarita. Y como si nada. Cada loco con su tema. Indiferencia total.


A Persi no faltan quienes le aplican la misma regla de cada uno a lo suyo mientras no nos toquemos. Pero, como en aquella canción de Perales, Persi se ha dado cuenta de que lo puede comprar casi todo con una sonrisa. Y se pone a bailar entre escobazo y escobazo, regalando sonrisas y good mornings y consiguiendo la mayor de las veces lo casi imposible en Nueva York: que los demás le reconozcan como a un semejante, un vecino más en esta comunidad de atolondrados con prisas convertidos en sandokanes urbanos.


Y visto por un español, Persi es algo más especial todavía. Él no lo sabe, pero es un la versión neoyorkina de Don Quijote en este siglo XXI. 

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09:50 jul 21, 2008 | José Angel Abad | General

Toreros en Nueva York

Captura vídeo Toreros en Central ParkPatinadores, bailarines, esquiadores, músicos medievales, monjes budistas y prácticamente cualquier otro producto de la imaginación se puede encontrar hecho realidad en Central Park y, sin embargo, por mucho que uno esté acostumbrado, hay ocasiones en que imposible dejar de sorprenderse.

Sobre todo si es sábado, uno entra al pulmón de Nueva York por la entrada de la calle 72 oeste, pasa el Strawberry Fields en honor a John Lennon y de repente se topa con… toreros entrenándose.

Son un puñado de locos por la tauromaquia agrupados en torno al Club Taurino de Nueva York. Se reúnen periódicamente cerca del Village de Manhattan para analizar corridas famosas, planear sus viajes a las mejores ferias y recibir conferencias de maestros.

Pero para algunos de ellos no hay nada como la acción –al menos la acción hasta donde es posible. Porque llevarse una vaquilla a Central Park ya se sabe que no es una idea brillante… Pero que uno de ellos haga de toro y los demás practican capote y espada en mano mientras los turistas japoneses, los psicólogos neoyorquinos y anonadados visitantes de Kentucky se preguntan qué está pasando parece que no tiene precio para ellos.

Les hemos acompañado en alguna de sus sesiones –y podéis ver el vídeo.

Lo mejor es que no son ninguna secta ni ningunos desequilibrados sino unos amantes de los toros en el lugar equivocado. Si pasáis en sábado por Central Park y os gustan los toros os van a agradecer que les saludéis. Y, a lo mejor, hasta os animáis a uniros a ellos un rato…
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06:42 jul 11, 2008 | José Angel Abad | General

Webs de Manhattan

 

 

 

Caminando estos días por Manhattan es imposible no encontrarse con los españoles que han decidido beneficiarse de la caída del dólar. Muchos vienen de repente y sin el viaje muy preparado. Ayer mismo mientras grabábamos en la calle una pareja se acerco a saludar y acto seguido... ¿a qué buen restaurante japonés podríamos ir?, ¿cómo se llega al Metropolitan? El caso es que venían muy equipados con ordenador portátil y teléfonos con internet y eso puede resolver mucho la papeleta -sobre todo, claro, si se hace antes de venir.

El caso es que hay unas cuantas webs que pueden no sólo ayudar sino hacer la visita más entretenida. La primera, www.opentable.com, donde uno puede elegir todo tipo de restaurantes, en cualquier barrio de la ciudad y hacer la reserva para el día y la hora exacta y eso sin tener que llamar por teléfono -el acento extranjero a veces no ayuda.

Si lo que uno busca es sólo beber cervezas de cualquier marca del planeta pero en los mejores bares de Nueva York, nada como www.beermenus.com, donde se puede ver cuáles son los bares más populares o cualquier festival (de bebida) que haya en la ciudad en una semana dada.

Para pasear, www.travelskoot.com, donde con el mapa de manhattan en la pantalla del ordenador o en la del teléfono te sugieren paseos temáticos por la ciudad, ya sea la historia del punk (¿dónde murió Sid Vicious...?, la ruta de las mejores hamburguesas, las localizaciones más famosas de películas, dónde se está grabano un capítulo de Gossip Girl (que es la serie que arrasa ahora y parece llamada a ser la sucesora de Sexo en Nueva York), dónde están los mejores mercados de segunda mano...

¿Qué eres amante del cotilleo? www.gawker.com/stalker es tu página: aquí te dicen dónde están -en tiempo real- cualquier estrella del cine o la tele que esté paseando por Nueva York. Básicamente, la gente, cuando ve un famoso, le envía un email o sms a la web, con una pequeña nota, y la web acto seguido lo cuelga con un mapa ilustrativo. Si estás pendiente, puede ser que, de repente, te enteres de que Madonna está a dos manzanas de donde tu te encuentras... En las últimas 48 horas han visto a Gwyneth paltrow, Nicholas Cage, Kirsten Dunst, Guy Ritchie... Puedes ser un papparazzi en Manhattan.

Mucha gente pregunta si Nueva York es seguro. La respuesta es sí, sin duda. Pero aquellos que quieran asegurarse aún más tienen que visitar www.spotcrime.com, que te dice cuántos y qué tipo de delitos ha habido en cualquier dirección de Nueva York. Digamos que estás a punto de hacer una reserva en un hotel de Nueva York y quieres saber a cuánta gente han destripado allí en los últimos seis meses. Pues aquí lo puedes comprobar.

Por cierto, aquí es muy popular hacer compras por internet y cualquier tienda tiene su propia web, no hace falta que sean grandes almacenes, también las tiendas de pequeños diseñadores del Lower East Side. En algunas como www.lolaymaria.com -que tiene prendas de diseñadores españoles que son difíciles de encontrar... en España- puedes comprar antes de venir y luego pasarte por la tienda acá. Esto también se puede hacer en España, pero aquí es más popular.

Por cierto, que para muchos una visita a Nueva York no está completa sin ver un musical. Pues aquí http://www.tdf.org/ pueden comprar tus entradas a mitad de precio para el mismo día (pero sólo para el mismo día, no para fechas futuras)-ojo, sólo aceptan efectivo.

Claro que hay algo que ninguna web puede mejorar y eso es el encanto de dejarse caminar sin más por Manhattan, donde conviene no olvidar que el mejor teatro está en la calle.

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08:22 jun 12, 2008 | José Angel Abad | General

Cosas del vestir en América

 

 

Una de las primeras cosas de las que viviendo en Manhattan uno se da cuenta a poca vida social que tenga es que va a necesitar un esmoquin, al que aquí llaman tuxedo o simplemente tux.

La última ocasión ha sido la Gala Anual de la Cámara de Comercio España-Estados Unidos en la que se entregó el galardón “Business Leader of the Year” a Ignacio S. Galán, presidente de Iberdrola. 800 invitados, "puentes" cada uno de ellos entre España y Estados Unidos, acudieron a homenajear a una empresa española que no sólo se ha convertido en líder internacional en energía eólica sino también en la segunda del sector en Estados Unidos.

Aunque el éxito de empresas españolas por acá ha dejado de ser una rareza, no por ello tiene menos mérito ni pierde razón el reconocimiento.

Total, que por delante del reloj imponente de tiempos de la reina Victoria que decora el lobby del Waldorf Astoria en Park Avenue se colaron los tonos, colores y hasta sabores españoles para fundirse con esa tradición neoyorquina que es la de vestirse de gala gastando en ello como si no hubiera mañana.

Como en tantas otras cosas, los americanos son superlativos en el vestir. Viajan en avión como si anduvieran por la terraza de casa un buen día de verano: chanclas, pantalón corto, camiseta larga. Y, sí, también en business class –aunque en business otra estampa clásica es la de los tipos trajeados haciendo aspavientos como si fuera el fin del mundo a la hora de apagar esa blackberry a la que viven enganchados. Don´t worry, man, si además nadie llevaba blackberry hasta ayer por la mañana y el mundo seguía funcionando todos los días. Y sólo van a ser dos o tres horas.

Volviendo al vestir, el caso es que para las ocasiones formales, uno no hace nada aquí si va sólo de traje y, por supuesto, ni hablar de ese cruce de elegancia y naturalidad que nos gusta a los españoles y por el que, con frecuencia, hasta prescindimos de la corbata incluso en los momentos más especiales.

Por supuesto, esto no quiere decir que los americanos sean más elegantes.

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11:41 may 09, 2008 | José Angel Abad | General

Valientes en Nueva York

La portada de esta semana del Time da a Obama por prácticamente seguro vencedor en las primarias demócratas y el país está pendiente de conocer la decisión final de Hillary Clinton: pelear hasta el final al precio que sea o buscar la mejor salida posible. 

Pero entretanto en Nueva York ha resultado ser uno de esos días en los que es inevitable comprobar que hay una ola de talento español buscando fortuna en América. No vienen pidiendo un lugar en el cielo. Llegan dispuestos a pelear por él, convencidos de que tienen el talento y la determinación necesarios. Como me decía Alberto Palatchi, presidente de Pronovias, “estoy orgulloso de pertenecer al grupo de empresarios españoles sin complejos”. Es el líder mundial de vestidos de novia y acaba de abrir una la mayor tienda del mundo en el centro mismo de Manhattan. 

A apenas un centenar de metros, vinos de Rioja celebraba un acto de promoción en el Rockefeller Center. Su cuota de mercado no deja de crecer en los Estados Unidos –si bien es cierto que no tanto como ellos quisieran. Se han convertido en patrocinadores de la New York Fashion Week. Están convencidos de que beber Rioja puede ser parte de la vida cosmopolita de Nueva York. Y están apostando fuerte por ello.

Y no son los únicos. Fabián Martín se ha coronado oficialmente mejor pizzero del mundo en Nueva York. Cemusa está cambiando el aspecto urbano de la Gran Manzana. Gamesa ha conseguido que incluso Obama visita su fábrica de turbinas eólicas. Hay docenas de ejemplos más.

Hay una explosión de talento llegando de España –no abandonando el país sino expandiéndose, algo impensable hasta hace apenas unos años. La suya es una historia en marcha, aún no escrita pero que merece ya quizá el reconocimiento y desde luego la atención pública.

Hoy en el informativo de las hablaremos del “desembarco” de Pronovias en Nueva York. El suyo es un caso más que merece ser contado igual que el de tantos otros. En esta ocasión hemos encontrado el momento para hacerlo y espero que nos podáis acompañar.
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Blog desde Manhattan

José Angel Abad

José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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