10:14 dic 22, 2009 | José Angel Abad | General

Una deuda personal

Algunos domingos en vez de jugar a seguir en el siglo XX matando la mañana con una montaña de periódicos, tijeras y café, cruzo Central Park, me plantó en el Upper East Side -el barrio pijo al este del parque- y me dejo perder un rato por los pasillos del Metropolitan.

Pero esta semana fui a tiro fijo. A saldar una cuenta pendiente.

En junio del 55 un suizo judío de treinta años compró en Nueva York un Ford Business Coupe de segunda mano y se echó a las carreteras de América durante un año con una Leica encima para tomar algunas fotos. Exactamente veintisiete mil.


A su regresó escogió las ochenta y tres mejores para publicar The Americans y desde entonces su libro se ha considerado entre la media docena de los  mejores de fotografía desde la segunda guerra mundial.
Él solito, Robert Frank, acababa de cargarse para siempre la idea angelical del sueño americano.

No es que no existiera. Es que a veces, para algunos, era triste. O aburrido. O una pesadilla.

Por supuesto otros ya lo habían hecho -y en muchos sentidos es descendiente de Hopper y primo de Kerouac- pero nadie con el poder incontestable de la película Kodak.


Vamos, que se atrevió a retratar lo políticamente incorrecto de la época: el tranvía de Nueva Orleans con los blancos sentados en la parte delantera con aire de comodidad y a la vez desconfianza y los negros atrás como clamando que empezara -o se acabara- el mundo, la intrascendencia vital de la joven ascensorista de un edificio de oficinas, la rutina sin piedad de los obreros en una planta automovilística, la soledad y extravagancia de un cowboy en Nueva York que cuanto más de cerca se ve menos interesante parece, la presencia opresiva de la bandera,la desconfianza que irradian los políticos locales, la inmensidad de la carretera, la ambición impúdica de una camarera en Hollywood o el interés nervioso y tontuno de las fans en una premiere, un funeral de afroamericanos cuya elegancia daría a entender a primera vista que su vida es como un día en la ópera hasta que te fijas en sus caras y todo se parece más entonces a una noche larga y macabra, la fanfarria absurda de una celebración política. 

Pero curiosamente Frank no buscaba condenar a nadie ni a nada.                                  

Sólo hay una cosa que no deberíais hacer, criticar”, les escribió a sus padres en Suiza.

Lo suyo era mirar y disparar, posar la vista en aquello que le llamaba la atención y compartirlo con el resto del mundo. Un acto personal pero a la vez de honestidad suprema intentando congelar la mirada siendo fiel a su propósito originario de reflejar “el tipo de civilización nacida aquí y extendiéndose por todo el mundo”.  

Prueba de que Robert Frank era un equilibrista del claroscuro americano es que al poco tiempo se hizo ciudadano americano y siempre siguió alabando la sensación de libertad que tuvo en America desde su primera jornada: “era como una puerta abierta”.                          

Y por eso quienes nos ganamos la vida en la categoría inferior de hacer la cronica del minuto a minuto de la misma America pero medio siglo después estamos en deuda con el maestro.

El Metropolitan le homenajea y uno pasa por allí a dar sus gracias mudas.

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Blog desde Manhattan

José Angel Abad

José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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