Por ahora, un día cualquiera
Pasamos por el lado norte de la Casa Blanca, que es desde donde trabaja la prensa, y nos encontramos con la manifestación de cada día -aunque la de hoy fuera singular, de paralíticos, rodeados muy civilizadamente por docenas de policías. Se acerca uno, nos pregunta si estamos bien, le digo que sí y añado que no tenemos nada que ver con la protesta, me mira de arriba abajo, añade “muy bien” y se va.
Ayer pasé al anochecer por el lado sur, el del Rose Garden, con el enorme césped donde se celebran las ceremonias presidenciales, y resulta que estaban Michelle Obama y sus dos niñas, Sasha y Malia, paseando a su nuevo perro, Bo. Entre que los policías alejaban a todo el mundo y que apenas quedaba luz, no había forma de tomar fotos pero en todo caso la Casa Blanca parecía más una mansión privada en el campo que la residencia del presidente norteamericano. Pero ambas imágenes, pública y privada, dan idea de una normalidad que no sabemos si se está a punto de perder a cuenta de la gripe porcina. Porque existe una posibilidad pequeña pero real de que la vida diaria se altere de manera fundamental.
Las cadenas norteamericanas andan muy preocupadas con si Obama pudo o no haber contraído el virus en su viaje de hace diez días a México. A fin de cuentas, uno de los arqueólogos que le guió en una visita se ha muerto víctima, al parecer, de la enfermedad. El presidente, igual que el resto del país, mantiene su actividad con normalidad. Y el domingo Obama se pasó la mañana jugando al golf a las afueras de Washington -lo cual dice bastante de su personalidad. Una vez le comenté a un buen colega americano lo diferentes que eran Nueva York y Los Ángeles del resto del país y me dijo “sí, no son como el resto de Estados Unidos, pero ¿sabes cuál es la diferencia? La diferencia es que si un domingo por la mañana llamo de repente por teléfono a mis colegas de Nueva York o Los Ángeles estarán jugando al golf. Y si llamó a los colegas de cualquier otro lugar del país estarán en la iglesia”.
Hace dos años hubo una sequía demasiado prolongada en el estado de Georgia y el propio gobernador protagonizó un servicio religioso para invocarle lluvia al Señor. Si las cosas se ponen feas, muy pronto se estará rezando por la no propagación de virus. A lo que iba es que no sabemos si en los próximos días va a haber manifestaciones, paseos con el perro, campos de golf abiertos o servicios religiosos. De hecho, en México los han cancelado.
Mientras, mantenemos nuestra sesión online para el miércoles a las cinco de la tarde sobre los cien días de Obama.
Si la fiebre nos los permite.
José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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