07:32 nov 15, 2008 | José Angel Abad | General

Las cumbres no son tan sofisticadas

Foto de familiaEn estas cumbres internacionales como ahora la de Washington sobre la crisis en los mercados financieros y la economía internacional en general todo el mundo intenta ponerse muy estirado y cosmopolita, como perteneciendo a una comunidad superior a la de las fronteras nacionales en plan ciudadano del mundo. 

Y, sin embargo, resulta que no hay forma de esconder el ADN, que con sólo abrir la puerta o abrir la boca es como si sacáramos la bandera nacional sin darnos cuenta. Periodistas y políticos.

El primero, Bush, que se va a ir sin haber aprendido a sentarse a la mesa como una persona adulta, siempre despachurrado a medio camino entre naturalidad propia de los americanos y la impostura de un cowboy. Lo ves ahí con el trasero al borde del asiento y los hombros sin apenas levantar más allá del respaldo de la silla y te dan ganas de dar un paso al frente, saltar el protocolo y gritarle “siéntate bien, hombre”.

Brown y Sarkozy se mueven con la seguridad natural de quienes creen que pertenecen al club por derecho natural, lo que les da un aire de gravedad aristocrática como si en vez de haber venido a la cumbre hubieran tenido que ir al dentista.

Zapatero con aire indeciso, como sin saber si puede cruzar la puerta primero que los demás, todavía no seguro de cuáles son las reglas de la casa pero dispuesto a levantar la mano el primero si puede presumir de haber llegado con los deberes en regla.

El chino Hu Jintao siempre sin prisa, como si el reloj jugara inexorablemente a su favor, heredero de una cultura milenaria que, a diferencia de otras, nunca parece haber tenido prisa. Y, claro, con esa certeza de las grandes fortunas agrarias con las que nunca cuentan los ricos de las ciudades hasta que, curiosamente, de un día para otro, empiezan a cortejarle a su hija rolliza.

Y, así, cada uno hijo de su patria.

Pero también los periodistas, por supuesto. Los americanos se delatan por su ausencia. Nada más ilustrativo de la tradicional tendencia aislacionista de Estados Unidos (es sólo una de las tendencias, a veces impera, pero no siempre) que darse cuenta de que aquí apenas hay prensa americana. Esto apenas existe para ellos. Con todos los líderes del mundo en su capital y hoy coges el New York Times y en primera página te hablan de Obama, de mormones en California y de el principio del fin de los envoltorios de plástico pero no de la cumbre. O sea, el provincianismo vive en todos lados.    

Los españoles, lo contrario. Somos el grupo más numeroso, en parte por la novedad, en parte por esa cosa nuestra de no ser un estado federal pero aspirar a que cada parte del país sea un todo presente en todos lados. Y no sólo geográficamente. Hasta los pequeños periódicos tienen aquí su corresponsal o enviado especial. Aunque, comparado con los americanos, éste es uno de esos casos en que, sin duda, es mejor pecar por exceso que por defecto. Me gustaría decírselo, pero no están.    

Sí están los argentinos, y por vez primera. Y por eso, mientras preparo mi directo tengo al lado a un argentino que, a la puerta del departamento de estado y en una cumbre sobre crisis financiera internacional, empieza su crónica recordándoles a sus espectadores que “esta es la capital del mundo, aquí, en este edificio se planearon la mayoría de los golpes de estado en Latinoamérica” y sigue por esa senda un rato.

Luego, cuando ya se ha desahogado con Estados Unidos… España, que “ha mendigado estar aquí”.

Lo cual, según se mire, puede ser cierto, pero igualmente cierto sería haber dicho que según el criterio económico que se utilice España es la octava potencia del mundo y por ello merece estar aquí. O que, empeñada en estar, lo ha conseguido. O que de todas los países industrializados tiene la que ha resultado ser mejor regulación financiera. Pero no. Mendigando.

Y a mí me parece que de todos los periodistas asistentes, sólo un argentino podría empezar así.

No es que me parezca mal, sólo que me parece previsible.

En fin, no es plan de seguir así con todas las delegaciones, sólo resumir que todos nos delatamos demasiado rápido. Me pregunto qué diría de mí el argentino.

 

 

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06:20 oct 11, 2008 | José Angel Abad | General

Turista imposible en Nueva York

Después de unos años en Nueva York uno cree haberse acostumbrado a no sorprenderse por nada pero afortunadamente la impresión sólo es un espejismo.


Por ejemplo, al acabar el viernes el directo de las nueve de la noche desde Wall Street con los mercados amenazando con irse al garete, nos metemos en un Pret a manger que hay a dos manzanas de la bolsa a matar la hora que queda antes del cierre de la sesión comiendo un sándwich tardío y cuando me doy cuenta hay un tipo de color sentado enfrente, cincuenta y tantos pero con aspecto juvenil, vestido como un anuncio de Hermenegildo Zegna y con todo el aspecto de haber pasado el día visitando museos sin prisa, sonriendo encima como si estuviéramos en un picnic y con toda la intención de enganchar para darle conversación gratis al primer incauto que se ponga a tiro. O sea, yo.


¿Italiano?” Mal comienzo, colega, pienso. Muy mal comienzo. Y mientras todavía sin abrir la boca miro al intruso que se cuela en mi paz, al sándwich y a la pantalla del portátil que indica que al menos hoy Wall Street va a sobrevivir, el tipo añade: “¿O español, quizá? Incluso mejor…”, añade.


Ups, vaya, no sé si nos vamos a entender pero ahora ya no es plan de ser maleducado. “Sí, español. Italiano no hubiera estado mal, pero mejor en otra época. Los italianos de hoy en día hablan mucho y alto como nosotros pero ellos mueven más los brazos y más rápido”, bromeo. “¿De dónde vienes?"


Y ahí va y dice como si nada: “soy de Zimbawe, estoy de vacaciones”.


Casi zampo el sándwich encima del ordenador. “¿De Zimbawe? Con el debido respeto… ¿cómo puede haber un turista de Zimbawe en Wall Street?

Y ahora es él quien se toma los segundos para contestar, haciéndose el medio ofendido por la duda pero también el medio halagado al tener de repente la posibilidad de una conversación seria sobre su país. Zimbawe, por supuesto, está en el pelotón de cabeza de los países más pobres del mundo y los últimos años de la dictadura de Mugabe lo han dejado sin infraestructura, sin esperanza y sin muchas vidas perdidas por los disturbios -o más bien por las represalias policiales. Lo único que sobra es hambre e inflación de tres y cuatro dígitos.


Y, sin embargo, aquí está Mafingei, presentándose como doctor, especializado en diálisis -“aunque ahora por el boicot internacional a Mugabe nos hemos quedado sin suministros”- sobreviviendo gracias a su clínica y la comida que consigue traer de Sudáfrica y Mozambique y a una vida planeada al detalle que incluye haber sacado a tiempo a sus hijos del país (¡y sus ahorros!) para que estudiaran fuera y resistan financieramente. Tiene una hija en una universidad de Washington a punto de terminar su carrera de medicina. Y dice que quiere volver a Zimbawe, que sólo espera que finalmente Mugabe pacte un acuerdo con la oposición para que vuelva la paz al país, dispuesta a no drenar aún más los recursos y, literalmente, el talento de su patria. Una héroe.


Y de repente el portátil advierte que se acaba la sesión de Wall Street, con pérdidas pero dejando la catástrofe para otro día. Y Mafingei, sonríe, recordando en primera persona algo que habitualmente se lee en las páginas financieras de los periódicos internacionales: “antes las crisis venían de países pobres como el mío. Ahora, ya ves, aquí estamos, en el corazón financiero del mundo y todos cruzando los dedos”.


Qué ironía. El turista del país más pobre del mundo en el corazón del país más rico pasando por la mayor crisis. “¿Sabes lo que esto quiere decir? Mi país ya no puede ser más pobre pero ahora va a tardar más en llegar ayuda humanitaria y de ONGs. El mundo está loco. Esté donde esté, tengo crisis alrededor”.

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09:35 sep 30, 2008 | José Angel Abad | General

Un paseo por Wall Street

José Ángel Abad nos guía en un paseo por Wall Street en un momento en el que el mundo entero centra su mirada sobre Estados Unidos, en busca de soluciones a un incierto futuro económico.
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05:07 sep 15, 2008 | José Angel Abad | General

El huracán... ¡en Wall Street!

A veces uno, sencillamente, tiene suerte. El caso es que me iba a perder otra vez el partidillo semanal de fútbol del fin del semana a la orilla del East River y casi debajo del puente de Williamsburg y mientras se lo comentaba a algunos de los colegas resulta que ellos, trabajando en Wall Street, respondían que tampoco sabían si podrían ir, que la cosa estaba muy fea, que tenían que estar enganchados al ordenador porque la crisis financiera esto y lo otro y yo diciéndoles que vale, que siempre están con la misma canción y que no, que esta vez es diferente, que va en serio, que la Reserva Federal no se cuánto y que Lehman Brothers se va al carajo y que Merril Lynch sabe Dios y A.I.G. esperando… 

Total que una llamada lleva a la otra y a otra y al final uno al caer la noche del sábado al domingo en un aparcamiento al sur de Texas sin mucha claridad ni alrededor ni en la cabeza acaba pensando que lo gordo del huracán de viento y lluvia ya ha pasado pero no vaya a ser que se nos venga encima el tsunami financiero a la puerta de casa en Nueva York y nos pille demasiado lejos.   

 

Así que editamos una última crónica el domingo sobre cómo va el rescate en Galveston y al sur de Houston y nos ponemos al volante hasta el aeropuerto abierto más cercano, que es el de Austin, y acto seguido vuelta a casa. De camino regalamos por aquí y por allá la comida y gasolina que nos sobró -curioso, por cierto, esto de sentirse a veces como una ONG en la misma América- antes de llegar otra vez al glorioso mundo de la electricidad, el aire acondicionado y las tiendas abiertas y funcionando. 


Y, efectivamente, el huracán resulta que ahora está aquí en Nueva York y ya veremos si acaba en tsunami. Los mercados llevan demasiado tiempo en crisis con demasiadas víctimas y con demasiados nervios sin que haya llegado a afectar todavía de modo dramático a la economía en general. Entendámonos, ya ha afectado, claro, las cosas ya se han puesto feas para todos en todos sitios. Pero todavía es un juego de niños comparado con lo que está en juego en Wall Street.
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Blog desde Manhattan

José Angel Abad

José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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