En la Casa Blanca hablan de traición
Las de Scott McClellan
son las mismas palabras que llevan años usando contra Bush no sólo los
demócratas sino cualquiera que se haya opuesto a la guerra de Irak.
Pero McClellan fue el portavoz oficial de Bush y de la Casa Blanca desde abril de 2003 hasta mayo
de 2006. Y por ello nadie, absolutamente nadie, da aún crédito a sus
palabras en el libro que acaba de publicar, “What happened” (“Qué
ocurrió”).
Dice que Bush decidió atacar Irak como muy tarde a inicios de 2002 (más
de un año antes de la invasión) y que luego “adoptó una estrategia que
fue menos que cándida y honesta” y que se adoptó “una campaña de
propaganda política para vender la guerra al pueblo americano”. El
presidente y sus asesores, escribe, no dudaron en "tergiversar,
esconder, oscurecer y exagerar la verdad". “La guerra de Irak no fue
necesaria”. ¨Fue un serio error estratégico", "un grave error". Y Bush,
añade, acabó "aislado de la realidad de los hechos sobre el terreno y consecuentemente empezó a caer en la trampa de creer su propio spin"
(que puede entenderse como sus propias explicaciones o sus propias
mentiras). Y, concluye, la guerra de Irak fue un “serio error
estratégico” que hizo que la presidencia de Bush “perdiera el rumbo”.
Ha habido otros ex asesores de Bush que le han criticado (Richard Clark, Colin Powell) ninguno había llegado ni de lejos a este punto. Él
no oculta su descontento por haber sido forzado a abandonar la Casa
Blanca antes de lo que hubiera deseado. “Con lo que yo he hecho por el
presidente y ahora me deja tirado en la calle”.
Cara de compungidos
El precio de la gasolina ha roto su record en Estados Unidos esta semana y ante la alarma los ejecutivos de las mayores petroleras de Estados Unidos han sido convocados en el Senado. En concreto, el galón de gasolina ha rebasado por vez primera los 4 dólares. Desde fuera quizá no parezca mucho. Es como si el litro se vendiera en España a sólo 0.60 euros. Lo que ocurre es que en los últimos cuatro años -desde el inicio del segundo mandato de Bush- el precio de la gasolina se ha doblado en Estados Unidos. Y doblarse el precio de algo tan esencial en la vida diaria como la gasolina no es algo que pase desapercibido en ninguna economía familiar.
“Ustedes se están forrando exprimiendo al pueblo” acusaron los senadores a los ejecutivos y básicamente les imploraron que rebajaran los precios. A fin de cuentas es lo mismo que acaba de hacer George Bush en Arabia Saudí, pedirle al rey Abdullah que baje los precios. Es razonable. En los últimos cinco años el barril de petróleo ha pasado de 25 a 130 dólares.
Las consecuencias no las pagan sólo los automovilistas. Algunas aerolíneas han decidido empezar a cobrar 15 dólares por la facturación de la maleta al volar: por la facturación de la primera maleta. Dicen que sólo así podrán asumir los costes del incremento del precio del combustible.
Lo que ya no parece tan razonable es que Bush nunca haya explicado a los norteamericanos que la dependencia del petróleo sólo puede acabar en lágrimas. Este es un país que consume el doble de petróleo por habitante que, por ejemplo, Francia, donde el coche medio consume un 25% más que, por ejemplo, un coche alemán y donde sólo el 5% de la población va a trabajar en transporte público. 
El problema no es sólo la avaricia de las petroleras. Dar pasos para reducir el consumo de petróleo supone cambiar hábitos sociales y apostar por energías renovables, lo que, a su vez, exige un esfuerzo económico notable. Y mucha voluntad política. Esa es una de las razones más importantes -pero sólo una de ellas- por las que Bush no firmó Kyoto. Y otros corrieron a firmarlo pero no tanto a cumplirlo.
Pero el precio del petróleo no va a dejar de subir. Es un bien cada vez más escaso y, a la vez, cada día más demandado. Sólo en China son millones los que en los últimos años han pasado de comer una a comer dos veces al día. Y ahora quieren pasar de ir caminando a desplazarse en coche. Y por ahora los mil millones de chinos “sólo” consumen el 9% del petróleo en el mundo.
La cuestión es que, pese a que la barrera de los 200 dólares por barril de petróleo ha dejado de ser impensable, Estados Unidos sigue sin más estrategia energética que la de implorar. Por eso lo único que hicieron los ejecutivos de las petroleras en el Senado fue poner cara de compungidos. Saben que pese a las protestas por el precio de la gasolina, no parece que la mayoría de sus conciudadanos estén decididos a asumir los sacrificios necesarios para dejar atrás la adicción al petróleo. ¿Y en España?
José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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