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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
DESDE MANHATTAN

Con Strauss-Kahn en el Tribunal Criminal de Nueva York

Con una obediencia que parecía más bien buscar dignidad, cansado, sin afeitar, despeinado, zapatos sucios, la boca que siempre dibujaba la sonrisa seductora y confiada de quienes creen saber que tienen el tarot de la vida jugando a su favor, esa misma boca parecía la del desesperado que acaba de perder hasta el último céntimo en una apuesta loca.

José Angel Abad  |  Nueva York  | Actualizado el 24/08/2011 a las 14:02 horas

Recuerdo haber estado en la sede del Fondo Monetario Internacional en Washington en alguna rueda de prensa sentado a unos ocho metros de Dominique Strauss-Kahn. La misma distancia a la que hoy lo veía mientras la jueza Melissa Jackson, en el Tribunal Criminal de Manhattan, le decía, básicamente, que no se fiaba de él. Sin ánimo de ofender.

En aquella sala de Washington ni siquiera las moscas movían sus alas revoltosas sin lanzar antes una mirada de permiso al director todopoderoso al que la vida siempre parecía tener reservado un capítulo aún mejor para el futuro. En ésta de hoy en Nueva York por vez primera en su vida ni siquiera pudo abrir la boca -y eso que lo intentó.

Nada ilustra mejor su caída que ese momento en que la jueza razona en voz alta “pero si es que le hemos atrapado en el avión a punto de salir del país” y él entonces pretende explicarse. Su abogado le agarra un brazo como diciendo “las cosas han cambiado, ya te dirán cuándo puedes hablar”.

Con una obediencia que parecía más bien buscar dignidad, cansado, sin afeitar, despeinado, zapatos sucios, la boca que siempre dibujaba la sonrisa seductora y confiada de quienes creen saber que tienen el tarot de la vida jugando a su favor, esa misma boca parecía hoy la del desesperado que acaba de perder de pronto hasta el último céntimo en una apuesta loca. Su piel viviendo un vida ajena.

Ahí, a ocho metros, uno se esfuerza en no perder detalle y en tomar notas en el intento vano de cogerle la medida al calibre de semejante sima: cómo se pasa de pertenecer a la élite más exclusiva del planeta -ese grupo de elegidos que disfrutan en nuestro tiempo de los mayores privilegos y comodidades físicas que jamás haya conocido el ser humano en la historia. Cruzar los oceános en primera clase en cualquier momento, disfrutar de las mejores habitaciones de todas las ciudades, las manos siempre listas para estrechar las suyas, las ciudades a sus pies, el mundo esperando un guiño suyo -lo que hubiera dado cualquier presidente de cualquier país porque Strauss Kahn dijera de él cualquier cosa buena.

Y, de pronto,“las cosas han cambiado, ya te dirán cuándo puedes hablar”.

A ocho metros, incluso al público casi le da vértigo. No se trata, por supuesto, de conmiseración ni nada por el estilo. Uno no lleva nada de eso en el bolsillo. Al menos no en horas de oficina. Pero todo viaje es siempre interesante y el viaje en el que se acaba de embarcar Dominique Strauss-Kahn le lleva demasiado lejos y demasiado rápido como para dejar a nadie indiferente. Ya veremos si tiene billete de vuelta.

Es cierto que el sistema judicial americano favorece la enculpación pública del acusado. Verle esposado, demacrado. Como si ya fuera culpable -cuando, al menos por ahora, no lo es. Pero eso no disminuye ni un milímetro la distancia del viaje en que está embarcado.

“Las cosas han cambiado, ya te dirán cuándo puedes hablar”.

A ocho metros cuando todo acaba uno sale corriendo a preparar su crónica y luego, pasado un rato, piensa en las naderías de si coge un sandwich de queso o si tiene media hora para acercarse al restaurante vietnamita de la esquina. Me he olvidado un paraguas, voy a la tienda de la esquina y compro otro. Tropiezo con un conocido, a ver si quedamos para cenar un día…

Y a la misma hora el hombre que estaba en la cima del mundo, de repente, ya no tiene que pensar más que en dónde está el final de este precipicio. Porque por ahora el suyo es un viaje sólo cuesta abajo.

“Las cosas han cambiado, ya te dirán cuándo puedes hablar”.

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José Angel Abad

José Ángel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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