Optimismo americano
Me encuentro con SJ, colega periodista de Estados Unidos, y me dice que deja su trabajo para estudiar un master de especialización. "¿Cómo?”, le pregunto, “tal y como está el patio, ¿lo has pensado bien?.
SJ ronda los cuarenta años y lleva la mitad de ellos en la profesión. Empezó desde abajo y ha estado en casi todos los departamentos posibles. Hace cuatro años le propuso a su compañía un nuevo proyecto que al poco tiempo tuvo tanto éxito que se lo pasaron a un pez gordo de su empresa. En el nuevo organigrama, SJ volvió a inventarse otra idea que ha funcionado estupendamente pero dice que se aburre. Que domina demasiado bien sus responsabilidades. Que quiere un reto. Y que tiene que prepararse. ¿Actitud valiente o insensata?
SH, otra amistad íntima de Nueva York, lleva poco más de un año en una nueva multinacional de la moda. Se pasa media vida recorriendo fábricas por países de todo el mundo y la otra media en reuniones en esos rascacielos de cristal de Manhattan donde tipos con tirantes de oro juegan a repartirse el mundo mientras sofisticadamente se dan zancadillas y navajazos a base de cuotas de mercado. Le pregunto a SH cómo se ve y responde sin más “en dos años puedo llegar a ser uno de los VPs (vicepresidentes)… si le dedico a ello el día y la noche”.
Que nadie se equivoque. No estoy tratando de probar las supuestas virtudes del capitalismo americano. Todos los países son distintos e hijos de sus circunstancias -y raras veces unos mejores que otros.
Y por cada historia con final feliz en América conozco al menos otras tantas amargas: la amiga que se iba a jubilar y de repente su fondo de pensiones se ha evaporado en la crisis bursátil, el que llevaba quince años de carrera brillante y de pronto le ponen en la calle pagándole una semana por año trabajado, la que contrae una de esas enfermedades graves y crónicas que los seguros habituales no cubren y que hacen que su familia se tenga que empeñar de por vida y hasta acabar abandonando el país.
Pero de lo que quería hablar es de que por la sangre de este país corren más gotas de optimismo y esperanza que por las de otros lugares. Que es generalizada la confianza en que si te preparas, trabajas y deseas determinado objetivo nada te podrá impedir alcanzarlo. Que creen que las historias tienen que tener final feliz.
Luego, las cifras y los sociólogos prueban que no es que en este país haya más movilidad social. Ni que se sea más feliz. Sólo que cuando miran al futuro ven la botella medio llena cuando otros la ven medio vacía. Sin más. No es que las cosas acaben mejor que en otros lugares. Es que aquí cren que van a acabar bien.
Recuerdo una de las primeras veces que fui a cortarme el pelo. Cocoa Beach, Florida, al lado de Cabo Cañaveral. Íbamos a cubrir el lanzamiento del transbordador espacial. Bromeaba con la peluquera que cada vez se me caía el pelo con mayor rapidez. Ella, nada de palabras de conmiseración. “Pues es porque quieres. Ahora hay productos para evitarlo. No hay por qué perder pelo”. Por supuesto yo sabía que el pelo se me iba a seguir cayendo -como así ha sido- y que lo de los productos anticaída son un camelo de las teletiendas.
Pero, oye, la tipa me alegró el día y ahora cada vez que vuelvo a cortarme el pelo me acuerdo de sus palabras y me arranca una sonrisa gracias a esa gota de optimismo que corre por la sangre de América.
Comentarios
Enviado por AL GORE Y EL FRAUDE CLIMATICO DESTAPADO POR UN HAKER en diciembre 04, 2009 a las 09:36 AM CET #
Enviado por Oscar Luis en diciembre 05, 2009 a las 12:16 AM CET #
Totalmente de acuerdo con ello; la vida es diferente si la ves con ojos de esperanza y optimismo. Y ahora con crisis mas todavía. Es mas creo que nosotros éramos así hace años, por lo menos mis abuelos lo fueron y ellos si pasaron malos tiempos y razones para ser pesimistas, en cambio siempre fueron felices y nunca se quejaron.
Enviado por Belinda en diciembre 07, 2009 a las 05:29 PM CET #
O sea, el que no se consuela es porque no quiere.... Aunque supongo que todo tendrá que ver con la diferencia cultural/religiosa... o algo así...
Enviado por Carlos en diciembre 09, 2009 a las 10:00 PM CET #
La diferencia entre paises puede entonces que venga determinada por el contenido de la historia en la que ponemos nuestra mejor confianza y empeño: ellos por especializarse en el trabajo, trabajar día y noche o vencer una enfermedad; nosotros por que no se nos caiga mucho pelo.
Enviado por Bela en diciembre 11, 2009 a las 04:19 PM CET #
Me ha gustado mucho la entrada, Jose Ángel. Es que además es asi, la actitud al final lo es todo. Yo tengo una familia vecina que de verdad, la ha mirado no uno, sino una convención de tuertos, y todos los días me admiro de cómo llevan ellos las cosas. Con la mitad de la mitad, yo estaría por los suelos. Son terapéuticos, en realidad, como tu peluquera y como todos los que son optimistas kamikazes, jajaj. A ver si pa este año nuevo me pido yo algo así. PD: Estoy totalmente de acuerdo contigo, ÓSCAR. Nuestros abuelos si que las pasaron negras y eran mucho más felices en general que nosotros hoy en día, con todo.
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José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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