11:45 nov 28, 2009 | José Angel Abad | General

Los agujeros negros de Nueva York

Camino por una calle del downtown de camino al brunch el sábado por la mañana con unos colegas que explican con tanto ánimo como alivio el susto de los problemas de crédito de Dubai durante esta semana.  Uno entra un momento a por una botella de agua en un deli -esas tiendas un tanto desvencijadas que hay por todas las esquinas de Manhattan y que venden con considerable sobreprecio un poco de todo, flores, comida, medicinas, lotería. Me da por seguirle los pasos y de repente, una vez dentro, aún distraído pensando en lo peculiar de que en esta ciudad esté siempre tan presente el tema financiero, y las células dopaminérgicas del cerebro van y se me descolocan.

¿Los culpables? Un “no me chingues” que se dicen dos clientes que salen cuando yo entro, la música ranchera sonando como de lejos y con baja calidad, el olor mezclado de mazorca de maíz y fritura, un aire general desvencijado pero limpio y el tono en las caras de los dos tipos detrás del mostrador.                       

                       

De pronto había viajado en el tiempo y el espacio a otros días en que en algún cruce de caminos me había bajado de un autobús destartalado para tomar otro que nadie sabía cuando llegaría y que yo esperaba en un bar de carretera polvoriento por estar al aire libre y consistente en un mostrador humilde, una nevera diminuta con pinta de no enfriar nada, un toldo de tiempos de Pancho Villa, media docena de mesas de madera centenarias y llenas de agujeros, un par de hamacas ocupadas por dos lugareños viejos e incapaces de sobresaltarse y un camarero en camisa blanca, limpia y vieja, sólo abotonada hasta el pecho y de maneras tan corteses que yo no tenía muy claro si es que a esta esquina perdida del planeta nunca había llegado la mala uva de Occidente o que me iban a degollar sin romper la agradabilidad de las formas para así quedarse con el macuto liviano que durante años me acompañó en estas tareas y en cuyo interior iban más sueños que pesos o dólares.                                                                                                                                                    

                                                                                                                                                            

Clavado a la entrada del deli, como un pasmarote, tuve que echar mano al bolsillo para comprobar que efectivamente seguía ahí la blackberry, la tarjeta de crédito del JP Morgan Chase Bank y fijarme en que el periódico tirado en el suelo era un New York Times del 2009. O sea, que no había viajado en el tiempo. Y a lo mejor el olor ni siquiera era a maíz y fritura, sólo me lo había parecido a mí. Ni tampoco el recuerdo se había originado en realidad en México. Porque el viaje a fin de cuentas sólo había sido en la memoria, que ya se sabe que es caprichosa y se acuerda de lo que quiere, como quiere y cuando quiere.

                                                                                                                                                                

Es lo mejor de viajar. Que el viaje nunca se acaba. Lo llevas ahí dentro y cuando menos te das cuenta vuelves a continuarlo. Estas cosas le ocurren a cualquiera en cualquier sitio. Sólo que en este Nueva York babilónico es más fácil. Uno va de camino a tomarse su sándwich con arugula, mozzarela y arándanos y en cualquier esquina te sorprende un agujero negro que te lleva a Pakistán, Eritrea o México. A veces, también a España.

PARTICIPA | Comentarios[3]

Comentarios

Enviado por Chema en diciembre 02, 2009 a las 10:22 AM CET #

Hola José Angel. Me he sentido totalmente identificado con los "agujeros negros" de los que hablas. Cuando yo fui de vacaciones a Nueva York, de pronto andabas por la quinta avenida y el soho (con tiendas de lujo), y doblabas una esquina y te encontrabas con una tienda o China, Pakistaní o de Tombuctú ;-) Pero eso es el encanto de Nueva York.... vamos que me das un poco de envidia. Es que nyc engancha. Un saludo y gracias por tus crónicas Chema

 

Enviado por pau en diciembre 02, 2009 a las 01:02 PM CET #

José, en la calle 20, entre 9 y 10 ave, al lado de Bergamote, hay un deli que no te puedes perder. Se llama Frank's Deli y en realidad es de Francisco, un gallego que hace muchos muchos años emigró a los eeuu. Merece la pena visitarlo y charlar con él quien, a sus bastantes años, sigue al pie del cañon y siempre sorprende con un sinfín de historias. Gracias por tus entradas y por tenernos al tanto de la vida en la gran manzana.

 

Enviado por Lau en diciembre 03, 2009 a las 05:49 PM CET #

Jose Ángel, como dijo García Márquez, el olfato es el más evocador de los sentidos...

 

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Blog desde Manhattan

José Angel Abad

José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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