Lo mejor y peor del ser humano
Por una vez la noticia ha sido buena y a todo el mundo le ha interesado la liberación de Ingrid Betancourt que después de más de seis años secuestrada por las FARC aquí en Colombia todavía tenía la grandeza de espíritu para confesar que no le guarda rencor a sus carceleros. "Dios les bendiga" era el único mensaje que decía querer enviarles desde la libertad aunque se equivocaría quien pensara que padece algún tipo de síndrome de Estocolmo la ex senadora, ex candidata presidencial y casi primera dama de Colombia -si se exceptúa la política.
Sorprendido de que en tantos lugares tangas veces a las FARC y sus miembros se les denomine sólo "guerrilla" o "guerrilleros", le pregunté a Ingrid en el encuentro con la prensa en la embajada francesa qué consideraba ella a sus carceleros, guerrilleros o terroristas. "´Por qué no llamar por su nombre a quienes cometen actos de terror" fue su respuesta lacónica clavando sus ojos certeros como si le sorprendiera la pregunta pero sosteniendo la mirada para reafirmar su sentencia.
Después de haber padecido tanto, viéndola ahora con tanta determinación, mesura en el tono a la hora de hablar del terrorismo en Colombia pero fortaleza en las palabras al determinar las responsabilidades y el peso de los actos de cada cual, uno no podía dejar de asombrarse de lo grande y heroico que puede llegar a ser el ser humano... y, a la vez, de lo terriblemente mezquino que puede caer.
Porque dudé si sería razonable pedirle que nos describiera lo que era un día normal en el infierno, no hacía ni cuarenta y ocho horas que lo había abandonado, pero Ingrid, sin más, se lanzó a detallar paso por paso las profundidades de miseria humana adonde habían descendido sus captores, levantarla a las cuatro de la mañana en la selva, encadenarla -"llegúe a conseguir que a veces lo hicieran por el pie en vez del cuello"-, hacerla caminar marchas sin fin, los malos tratos, insultos, las humillaciones de hacer sus necesidades enfrente de sus captores en mitad de la noche mientras la apuntaban con una linterna, la infamia a la hora de tener que lavarse, su indiferencia antes las penurias más elementales... "había unas pequeñas hormiguitas que se caían de los árboles y te orinaban en la cara y luego que producían un escozor enorme" y, sobre todo, aseguraba, el horror de acostumbrarse a convivir con la tentación de la muerte, del suicidio, adonde esta mujer fuerte y ejemplar nunca se dejó llevar.
En cuestión de horas ha vuelto a la civilización y su mayor triunfo es que lo ha hecho sin estar envenenada. "Sólo he dejado atrás el orgullo, la soberbia, la terquedad".
De entre lo mejor de la humanidad, ahí está Ingrid Betancourt y, por una vez, la noticia excelente nos ha interesado a todos. Ojalá también nos enriquezca.
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José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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Ojalá todos saquemos una buena lección. Gracias por tus letras, José Ángel.