La ambición ciega de Edwards
Esta noche en el programa de Larry King estará Elizabeth Edwards, la esposa del ex candidato a la nominación demócrata a la presidencia John Edwards.
A principios de la campaña se supo que Elizabeth tenía un cáncer incurable -puede vivir un tiempo indeterminado, quizá muchos años, pero no dejar atrás la enfermedad. Aún así, él decidió seguir adelante con la candidatura.
Lo que no sabíamos entonces es que, a la vez, Edwards tenía una aventura amorosa con una publicista a la que contrató para que documentara en vídeo su campaña. O sea, que estaban juntos todo el tiempo.
Luego sus ayudantes se empezaron a enterar y ella, además, quedó embarazada. La publicista se retiró a su casa en California.
La policía investiga ahora si Edwards desvió dinero de la campaña electoral para sobornar a su amante y que así se retirara discretamente. Ése es un delito serio que podría mandar a Edwards a prisión.
Nadie sabe aún si el bebé es de Edwards -aunque todo el mundo lo da por hecho. Lo que sí se sabe es que mintió también a su esposa cuando le confesó el affair por vez primera diciéndole que todo había sido cosa únicamente de una noche loca.
Pero, aún trágico y descorazonador, lo que de verdad inquieta no es el drama personal. Lo terrible es las profundidades hasta donde puede llegar la ambición ciega de un político.
Imaginemos por un momento que Hillary no convence por su apoyo a la guerra de Irak y que Obama no ofrece la suficiente confianza y que entonces, como solución nada inimaginable, optan por una apuesta intermedia entre novedad y experiencia, un ya anteriormente candidato a vicepresidente de aspecto juvenil y origen humilde, que hizo una fortuna como abogado y tiene una oratoria brillante y populista.
Es decir, Edwards.
Y este tipo, con semejante esqueleto escondido en el armario, podría haber sido el candidato demócrata a presidente. Sin duda, la amante, el niño y los desaires a su esposa habrían sido descubiertos y los demócratas muy posiblemente hubieran perdido las elecciones.
Todo ello no sólo por la locura e infidelidad de Edwards sino, sobre todo, y esto es lo inquietante, por la codicia, afán de poder, ambición sin límites de un político, dispuesto a arriesgar no sólo su carrera sino la oportunidad histórica de su partido y, lo más importante, la voluntad política de millones de compatriotas. Y, en última instancia, de todo el país.
A veces nos quejamos de los peligros de la tecnología, internet, la globalización, etc, etc. Pero nada da tanto miedo como la ambición humana. Sobre todo cuando persigue la gloria política.
Comentarios
Enviado por Masi en mayo 13, 2009 a las 02:02 PM CEST #
Enviado por Nueva neoyorquina en mayo 14, 2009 a las 04:49 AM CEST #
Bueno, Clinton qué hizo? Digo yo. Lo de Edwards está a la orden del día entre la raza humana. Lo triste es que muchos no nos sorprendemos ya con estas noticias.
Enviado por Isma en mayo 14, 2009 a las 05:32 PM CEST #
No sé si es por el físico o por el empeño estadounidense de comparar a todo político joven y bien parecido con Kennedy, pero de Edwars se decía cuando era candidato a Vice con Kerry que sería el próximo Kennedy y que dentro de no mucho estaría en la Casa Blanca... En fin, que le vaya bien entre rejas, que se lo merece.
Enviado por JuananTGN en mayo 16, 2009 a las 11:50 AM CEST #
Este hombre, sólo pensando en si mismo, en hacerse más conocido aún y poder acariciar riqueza y poder, le podria haber costado muy caro al partido demócrata. Por suerte, supieron elegir adequadamente. Yo si estubiera en un cargo importante de ese partido pediria la expulsión de Edwars, porque este señor sabia perfectamente que los marrones de cada uno de los candidatos se ivan a destapar, más tarde o más temprano... Yo también me uno a la curiosidad por saber que dijo Elizabeth en la entrevista.
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José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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Pues completamente de acuerdo con tu conclusión. En general yo no me fío de ningún político (quien más, quien menos, yo creo que todos tienen su esqueleto en el armario, y si no lo tienen, lo van fabricando a lo largo de sus mandatos), sea la alcaldesa de mi ciudad o el presidente del país más influyente. Me da a mí que la ambición es la misma. Sólo que cuando el cargo es más modesto, más que peligrosa, esa ambición resulta patética. En fin, me quedo con la curiosidad sobre lo que dijo la mujer de Edwards.