08:29 ene 30, 2010 | José Angel Abad | General

Hasta la vista, Haiti

Cojo el teléfono y aprieto el botón señalado como “any wish”.

 - Buenas noches. ¿Podrían traerme, por favor, un zumo de naranja?
- Por supuesto que sí, señor Abad.


Miro el reloj. Es la una de la mañana.

Levanto la vista, aún con el teléfono en la mano, y más allá de la pared acristalada en este piso catorce del hotel está el malecón de Santo Domingo. Un coche solitario se detiene justo debajo respetando el cambio de color en el semáforo.


Hemos llegado hace poco. Tengo la voz ronca, apenas puedo hablar y recurro como toda la vida a la vitamina C.

- Pero mire, lo que necesito es un zumo de naranja no de botella y fresco. ¿Podrían, por favor, exprimir las naranjas ahora mismo?
- Por supuesto, señor Abad, no se preocupe, ahora mismo le preparamos su jugo de naranja. ¿Desea alguna cosa más?


“Vaya, aquí estamos, de vuelta en el mundo donde caprichos y problemas tienen solución”, pienso. “Tan fácil como levantar el teléfono”.

En el viaje en coche desde Puerto Príncipe lo que más me había llamado la atención fue una nadería: el ver, al poco de entrar en territorio dominicano, a unos paisanos jugar al dominó a la vera de la carretera.

Dos sentados y cuatro o cinco de pie alrededor, mirando. En apariencia todos disfrutando de la banalidad del juego, ajenos al resto del mundo, incluido el tráfico que pasaba por al lado.

Conozco bien esa voluptuosidad. Pero ahora mismo me resulta de una familiaridad lejana. Como un pariente que se ha ido y aún tardará en volver.

Los últimos días han estado llenos de momentos así.

En Washington, el jueves, pasando por delante de la Casa Blanca de camino a la posición del directo en el informativo y pensando que sería tan fácil entrar un momento al Rose Garden, pedir que me acreditasen para el grupo de periodistas que cubriría la salida de Obama en helicóptero de camino a Florida y, cuando apareciera, gritarle con toda la fuerza del mundo “oiga, presidente, pero ¿a qué demonios se va usted a Tampa? ¡Si es a Haití adonde tiene que ir!”Regreso a Nueva York en el puente aéreo de Delta.

Al embarcar pregunto si hay retraso y me cuentan que ha habido cancelaciones durante todo el día debido al viento pero que nuestro vuelo, uno de los últimos de la jornada, está en hora. Luego resulta que todo son turbulencias.

“No hay problema. Ha habido muchos tipos calculando si se puede volar o no, otros muchos que se han asegurado que el avión está en perfecto estado y el capitán y el resto de la tripulación tienen la experiencia necesaria. Estamos a cuatro horas al norte de Haití. El mundo aquí está en orden”, son los pensamientos que me vienen a la cabeza.

Miro alrededor en Nueva York: gente con prisa, niños con atuendos bien elegidos, taxis preocupándose por ganarle la posición al vehiculo de al lado, voces al teléfono con el aplomo que da la seguridad de poder resolverlo todo con American Express.

Y yo mismo, resolviendo disyuntivas que casi me avergüenzan: ¿corbata roja o con rayas azules?, ¿rape o bacalao para cenar?, ¿me tomo el viernes libre?

Pierre seguro que no se lo tomara libre. Ni el sábado. Ni el domingo. Ni ningún día de los próximos meses.

Pierre era nuestro fixer, nuestro hombre en Haití, conductor cuando íbamos en su coche o el que, si no, contrataba a los motoristas (una moto para Jordi, otra para mi) y luego venía con nosotros (Jordi tenia que llevar la cámara así que Pierre se subía a “mi” moto, lo que, con el conductor, sumaba tres), guía, mediador para todo, traductor de creole, el que mantenía los ojos bien abiertos y se acercaba corriendo cuando veía a alguien con pistola.

Lo conocí el primer día. Unos periodistas de otro país le estaban racaneando unos dólares miserables.

Yo ya sabia que él era colega del fixer de AP y le había visto un no se qué que me decía que ése era mi hombre. No se me ocurre cómo explicar esto. Lo ves o no lo ves. Y, aun viéndolo, uno puede, lógicamente, equivocarse.

Pero no esta vez. Pierre seria mi pasaporte para moverme por allá.

Así que di un paso al frente, elevé la apuesta lamentable a lo que él pedía -veinticinco dólares más por jornada- poniéndole en la mano los que correspondían ya al día de hoy y en los ojos de Pierre me pareció ver algo de agradecimiento no tanto por el dinero como por no regatearle la dignidad de su tarifa cuando su margen de negociación era más bien escaso. Más que nada porque su familia -supe después- también duerme en la calle.

Pierre es también el que se ha quedado atrás, junto con otros nueve millones, de los que algo así como la tercera parte son niños.

Muchos de ellos nos han suplicado agua y comida, otros nos han enseñado sus muñones y algunos nos han preguntado que por qué les han amputado una pierna. También están los que confesaban que no saben nada de sus padres. Y los que no nos decían nada porque son tan jóvenes que aún no hablan. O ya no pueden hablar.

Siempre que vuelvo a casa de un viaje repaso los videos que hemos emitido.

El televisor viene con una caja digital que es como un pequeño ordenador haciendo las funciones de video y puedes programarlo para grabar horas y horas de cualquier canal, incluido Antena 3. Así luego ves de manera muy distinta el trabajo que te resulta tan íntimo.

Por lo general, lo que creías que había quedado estupendamente resulta que no ha quedado tan bien y lo que pensabas que había ido mal no parece ninguna tragedia.

Esta vez, sin embargo, no he querido ver nada.

Ocurre siempre con las historias importantes. Que te hacen volver a lo fundamental del negocio. Como recordarte, por si acaso, que no se debe tomar partido. O dejarse llevar por los sentimientos.

O sea, no olvidar que no somos ni comparsas ni enfermeras.

Lo nuestro es contar lo que hay y hacerlo con la mayor pretensión de objetividad. Punto. Si el personal intuye de qué lado te inclinas, malo. Si sales con cara o voz de pena o alegría o excitación o lo que sea, malo también.

Sólo que si tienes una docena de cadáveres desfigurados delante y otra docena amontonados en una carretilla detrás, o una niña de siete años colgándose de tu chaqueta porque cree que llevas una botella de agua y no se la quieres dar, o una madre mirándote con repulsión porque le niegas una limosna, o Pierre diciéndote que “vámonos rápido, peligro, vámonos, now!, now!, now!”, pues es jodidamente enrevesado aplicar la exquisitez teórica del manual como si se tratase de una rueda de prensa de Llamazares.

Y, además, en estos casos, no suele ser buena idea darle voz a los pensamientos.

“Verás, yo es que estoy aquí para montar una crónica  para el informativo de las nueve, ¿entiendes?”

O, “¿por qué nunca os habéis preocupado de tener gobernantes que sean menos corruptos?”

También se te ocurre aprovechar que sales por la tele para decirle un par de cosas al resto del mundo. “Si ya sabíais que Haití era un desastre” y tal.

Pero, de nuevo, eso no es lo nuestro.

Lo nuestro es contar las noticias. No es tan complicado. Aquí un terremoto, aquí hay tantos muertos, aquí hay hambre. A poder ser explicando un poco por qué, cómo, cuándo, quién y pequeños detalles así. Intentando que se entienda. Y no liarlo todo.

Luego, cuando acabas la tarea, y sólo cuando la acabas, puedes darle a Pierre lo que sea, repartir las limosnas que te parezcan y volver a casa literalmente con lo puesto. 

Y entonces esperar que, efectivamente, tú hayas hecho tu parte con la honestidad que pretendías y contribuido desde tu pequeña esquina a que todos sepamos un poco mejor en qué mundo vivimos.

A fin de cuentas, las noticias no se las cuentas a espectadores sino a ciudadanos.
PARTICIPA | Comentarios[15]

Comentarios

Enviado por JuananTGN en enero 30, 2010 a las 11:03 AM CET #

Psicológicamente tiene que ser devastador el estar viendo y viviendo las 24 horas al día, tanta destrucción y todo lo que ello conlleva. Lo bien que debiste dormir la primera noche en que no tuviste que estar preocupándote de que se cayera el lugar en dónde dormías.

 

Enviado por Masi en enero 30, 2010 a las 01:48 PM CET #

Como hemos comentado tanto por aquí todos estos días, lo que habéis vivido allí sólo lo sabéis vosotros. Y a pesar de verlo tan de cerca, lo que viven los haitianos sólo lo saben ellos. Pero es que yo creo que es así como son las cosas, a cada cual le tocan las circunstancias que le tocan, y estemos en el escalón en el que estemos, siempre queremos subir al siguiente: queremos tener qué comer y queremos salud, luego queremos un trabajo, luego queremos más comodidad, y luego a lo mejor queremos cambiar todo eso por una cosa distinta. (...)

 

Enviado por Iván López en enero 30, 2010 a las 03:14 PM CET #

He seguito tu trabajo y quiero felicitarte.Pocos compañeros saben mantener el tipo en estas situaciones. Lo que dices sobre contar...sin dejarse llevar por los sentimientos, es duro...pero sólo así el mundo podrá sacar sus propias conclusiones.. Un saludo desde otra isla..

 

Enviado por Masi en enero 30, 2010 a las 03:53 PM CET #

(...)Por eso pienso que no debe avergonzar a nadie seguir con su vida, con sus problemas cotidianos, mucho menos cuando ha hecho lo que ha podido, lo ha hecho bien, y sigue conservando la sensibilidad suficiente para no olvidar nada de lo que ha vivido junto a otras personas menos favorecidas. Manteniendo la perspectiva, y agradeciendo lo que se tiene, todo el mundo al final tiene que tirar para adelante de la misma manera. Porque dramas y problemas hay en todas partes, desgraciadamente. Cuídate mucho, José Ángel. (Perdón por el desorden del comentario).

 

Enviado por Bela en enero 30, 2010 a las 05:00 PM CET #

Uf. No sé qué puedo comentar, como cuando no sabes qué decirle a alguien y lo único que se te ocurre es darle un abrazo así fuerte y rápido. Creo que lo que MASI dice es tal cual. Todos tiramos para delante de acuerdo a la posición en la que nos encontramos, o nos ha tocado, o lo que sea. No se trata de sacudirse lo vivido como si fuera un hilo en la solapa, sino de recordarlo la próxima vez que nos sintamos tentados de quejarnos porque nos han dado la barra de pan un poco más tostada de lo que queríamos. Gracias por contarnos esto. Gracias por considerarnos más que telespectadores. Y gracias por demostrarle a Pierre que no todo el mundo está lleno de ruines, aunque lo parezca.

 

Enviado por En Clave Internacional en enero 30, 2010 a las 07:26 PM CET #

Haití ya dejó de ser rentable para los medios. Hasta la vista, Haití. http://enclaveinternacional.wordpress.com/

 

Enviado por Natalia en enero 30, 2010 a las 11:28 PM CET #

Muchas gracias por vuestro trabajo en Haití y muchas más por compartir en el blog tus experiencias del desastre. Gracias otra vez. Un saludo desde Madrid.

 

Enviado por Natalia en enero 30, 2010 a las 11:29 PM CET #

Muchas gracias por vuestro trabajo en Haití y muchas más por compartir en el blog tus experiencias del desastre. Gracias otra vez. Un saludo desde Madrid.

 

Enviado por Sergio Soto en enero 31, 2010 a las 01:23 AM CET #

Muchas gracias Jose angel y compañia por vuestro trabajo, tanto en HAITÍ COMO EN ESTE BLOG! Un saludo desde Barcelona.

 

Enviado por Allison en enero 31, 2010 a las 02:31 PM CET #

Has clavado de manera muy elegante y respetuosa los sentimientos que suelen ser tan difíciles de transmitir o explicar cuándo estes en medio de un desastre, y sobre todo, cuándo vuelves de un desastre o una crisis... y que quizás no se suele tratar de explicar por la falta de comprensión de los que no hayan vivido la experiencia. Gracias por compartirlos con nosotros. Enhorabuena por el trabajo.

 

Enviado por Marita en enero 31, 2010 a las 10:33 PM CET #

Es un batiburrillo de cosas el que se te pasan por la mente, pero se entiende. Lo habeis hecho muy bien, de manual teórico. Creo que tus crónicas no cayeron en la sensiblería facilona, ni en juzgar a la gente de allí, ni en mostrar imágenes morbosas, ni en ir de "superhéroe de la información" jugándose el tipo, ni todas las estupideces que se pueden hacer en tal situación. Tus compañeros y tú estais en casa y estais bien. Te parecerá una simpleza, pero hay gente que sólo por eso damos gracias al cielo (en la mente de muchos de nosotros estaba el recuerdo de Ricardo Ortega). Cuando fallecieron mi abuelo y mi padre con pocos meses de diferencia me parecía una injusticia que el sol tuviera la desfachatez de salir a calentar el mundo. Pero salió al día siguiente. Y al siguiente también. Y tuve que asumirlo. Hemos de asumirlo. El tiempo va restañando la memoria.

 

Enviado por monica en febrero 01, 2010 a las 07:05 PM CET #

Pues si Jose Antonio, tu has hecho tu trabajo, y muy bien hecho, y sera un trabajo para no olvidar, no olvidaras a Pierre, ni a toda esa gente con la que te has topado, por que no eres solo un periodista, también eres persona. Un saludo desde Asturias.

 

Enviado por Belinda en febrero 01, 2010 a las 10:34 PM CET #

Glups. No creo que se pueda decir más. Ojalá tardes mucho en encontrarte en otra parecida.

 

Enviado por Antonia en febrero 05, 2010 a las 12:01 AM CET #

Difiero contigo que las noticias sean para ciudadanos, creo que todos somos espectadores. Espectadores de una tragedia, que desgraciadamente para los protagonistas,está pasando ya al olvido. Un saludo y desearte que tu recuperación emocional sea rápida.

 

Enviado por Rafi en febrero 06, 2010 a las 05:30 PM CET #

Sin duda llevas una vida de lo más poco común. Viajando día si día no y viviendo experiencias tan curiosas, interesantes o desagradable como la de este caso. Imagino que cada viaje te enriquece más como persona. Enhorabuena. Adoro tu trabajo. Y adoro tu blog. Un saludo.

 

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José Angel Abad

José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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