Furia
Hillary ha vuelto a ganar a lo grande una vez más... y no sirve para nada. Hay quien dice que llega demasiado tarde pero no es un problema de tiempos. El verdadero problema es que fue ella quien primero perdió durante demasiado tiempo en demasiados sitios por demasiada diferencia. Recuerdo a un sindicalista con treinta años de militancia demócrata jurándome en New Hampshire en enero que todo se arreglaría en semanas para Hillary. Quince días después otro seguidor, camarero, en Nevada, garantizando que el supermartes de febrero pondría las cosas en su sitio. Incluso mucho más tarde, en marzo, una seguidora de Hillary en San Antonio me intentaba convencer que allí en Texas se acabarían los sueños de Obama.
Pero la verdad es que desde el principio todo se ha ido produciendo de la única manera posible en que Obama podía ganar. Aún así y como es lógico, no tenía que ganar necesariamente. Pero la cuestión es que mientras él sumaba aquí y allá nunca llegó el esperado momento en que Hillary pusiera las cosas en su sitio y resolviera una candidatura que no sólo ella misma proclamaba al principio "creánme, yo seré la candidata" sino que la inmensa mayoría de los demócratas -y del resto del mundo- daba por hecha.
Y esa certeza es, en parte, madre del resentimiento entre buena parte de los seguidores de Hillary.
Convencidos de que ningún lugar ilustraría mejor ese resentimiento que las manifestaciones a las puertas de la reunión del partido para decidir qué hacer con los delegados de Florida y Michigan este fin de semana en Washington allá nos fuimos para preparar un reportaje. Como era previsible, no tuvimos problema en escuchar quejas sobre la falta de democracia dentro de su partido, del sexismo que ha sufrido Hillary durante la campaña, del matrato de la prensa y de cómo Obama se beneficia de su dotes oratorias y teatrales. Pero lo más sorprendente era la furia de una parte muy sustancial de los protestantes, probablemente la misma parte que asegura abiertamente que nunca votará por Obama.
El no va más de esa furia fue una neoyorkina que nos aseguraba que la única razón por la que Ted Kennedy ha apoyado al senador afroamericano es por el tumor cerebral que tiene, "que se lo han detectado ahora pero que ya le afectaba desde hace meses y le ha nublado el entendimiento". Opiniones como ésta son tan radicales que no representan, lógicamente, el sentir de la mayoría de los seguidores de Hillary y por eso no la recogimos en nuestro reportaje del fin de semana. Pero muestran hasta dónde ha llegado una división que lo razonable es que vaya desapareciendo poco a poco.
Pero también lo razonable era que Hillary se fuera haciendo con la candidatura poco a poco...
Comentarios
Enviado por tu anciana abuela en junio 02, 2008 a las 04:41 PM CEST #
Enviado por jack sparrow en junio 03, 2008 a las 02:12 PM CEST #
A Hillary mucho votantes demócratas o indecisos llevaban esperándola desde hace años. Obama es la novedad por cuestiones raciales y no me parece mal, todo lo contrario. Pero en una sociedad tan anclada en los viejos principios... no lo veo como presidente. Hillary sería la opción más rentable para los demócratas.
Enviado por Natalia en junio 03, 2008 a las 09:22 PM CEST #
Dicen, se comenta, que igual esta noche, o en breve, termina la batalla y reconoce su derrota frente a Obama... veremos
Enviado por 192.168.33.122 en junio 04, 2008 a las 05:52 PM CEST #
consiero mejor preparado al republicano que al democrata
Enviado por desde Barcelona en septiembre 02, 2008 a las 04:08 PM CEST #
Desde Barcelona sigo esperando noticias, más que nada para ver a Jose Angel. Me parece un hombre interesantísimo. Me encanta!
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José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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Tu no crees que vaya a cambiar su suerte, yo no me lo creo, ella no se lo cree tampoco. Si tapas con el pulgar la inmensa boca sonriente de la Sra. Clinton, verás lo que dicen sus ojos: tristeza, cansancio, desencanto. De los cuatro que aparecen en la foto, la única que parece crerselo -un poquito, solo un poquito- es la señora a su izquierda.