12:25 jun 15, 2008 | José Angel Abad | General

Fútbol en La Nacional

La Nacional en ManhattanPara quienes quieran viajar a la vieja y buena España sin mover los pies de Nueva York pocas cosas son tan rápidas y auténticas como ver un partido de fútbol de la selección en La Nacional.

Y si encima la cosa acaba con victoria y gol de Villa en el último minuto uno aquí hasta puede olvidarse de que hay un océano de por medio. La Nacional está en el número 239 de la calle 14 entre las avenidas séptima y octava y es el bar de la "Spanish Benevolent Society", creada en 1868 para ayudar a los españoles que llegaban a Manhattan. Hoy sigue ayudando pero de una manera que tiene que ver más con los sentidos que con cuestiones materiales. Y, cuando se trata de fútbol, no hay igual.

Uno se sumerge allí como si entrara la España de la infancia: la penumbra de una cantina de pueblo, el vocerío propio de una taberna de barrio, los cables cuelgan por las paredes y la cocina igual de destartalada que la de los antiguos bares de la esquina en los que nunca faltaban los sabores de toda la vida. Allí se ve el fútbol como si fuera la hora de la merienda el día de la fiesta del pueblo: sentados pero sin dejar de levantarse una y otra vez, comiendo y hablando todos a la vez, tocando palmas y riendo, lanzando el ocasional improperio “educado” (¡paquete!, ¡matao!), jóvenes y viejos, españoles y latinoamericanos que aquí más que en ningún otro sitio todos son familia, hombres y mujeres y también el inevitable crío que se escapa de la madre corriendo entre las mesas. Sólo faltan los petardos. Nada que ver con la forma en que ven el fútbol los americanos, que, faltos de tradición, hacen como si fuera fútbol americano, y se van a bares con paredes llenas de tantas pantallas que los balones parecen pasar de unas a otras, sobre todo con tanta pinta y, con frecuencia, con tanta mala leche.

Lo nuestro, sin embargo, es como una romería. Y, encima, la tortilla, los calamares, los chipirones y la Estrella Galicia. Total, que La Nacional es como una panacea contra la nostalgia. Por aquí pasaron Lorca y Buñuel, generaciones de exiliados primero y emigrantes después. Algunos resisten mezclándose con la savia nueva que viene a América por razones muy distintas.

José Martínez, PuchoJóvenes inteligentes, guapas y modernas que visten a Agatha Ruiz de la Prada se sientan al lado de viejas glorias. Fernando Frades, por ejemplo, lleva aquí casi cuarenta años que han hecho de él un cruce de neoyorquino-español de otra época: vino de emigrante pero, tratándose de América ha acabado en negocios. Vende carne de Nebraska, Iowa y Girona… Su última venta ha sido en Siberia. Nada de masters en administración de empresas. Las cuentas las aprendió a golpes y resistiendo a los golpes se ha convertido en héroe, anónimo pero héroe. Su compadre de barra es José Martínez, Pucho para los amigos (en la imagen), un gallego (¡claro!) de Celanova que ahora recuerda con sorna las desventuras de la juventud: quería hacer las milicias universitarias en vez de la mili pero no tuvo suerte y acabó dos años en Lugo paseando el fusil y viendo cómo se iba al garete su carrera de arquitectura. Luego se vino a Nueva York sin saber decir ni el nombre en inglés pero agarrando a la vida por el cuello. Empezó a trabajar de camarero. Y en dos años terminó arquitectura. Hoy tiene su propio estudio, cerca de La Nacional.

Como es tan española, La Nacional tiene muchas de nuestras virtudes y también buena parte de todos nuestros defectos. El primero, la envidia de toda la vida. El segundo se ve cada vez menos en España pero entre los emigrantes los cambios llevan más tiempo: la falta de transparencia. Los socios de la Sociedad andan a la gresca y tremendamente divididos, hasta el punto de que La Nacional está en peligro de desaparecer. Los más asiduos hasta han creado una web, www.savelanacional.org, para dar la voz de alarma.

Siendo la institución española más antigua de Nueva York sería una lástima su pérdida. Y todos aquellos que aquí echan de menos la tierra, tendrían que buscarse otra terapia. Lo peor sería encontrar otro lugar donde ver en Manhattan los partidos de la selección como Dios manda: con tortilla, Estrella Galicia, hablando todos a la vez y celebrando el gol de Villa en el último minuto.

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Comentarios

Enviado por juvarpal en julio 03, 2008 a las 12:06 AM CEST #

Es una pena que desapareciese un sitio asi, me imagino que mas que un bar, es como una casa para toda la gente que esta tan lejos. Algun dia espero ir a visitar New York y que este todavia alli para pasar a tomar algo.

 

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Blog desde Manhattan

José Angel Abad

José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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