11:39 ago 28, 2008 | José Angel Abad | General

Obama en las alturas

Colas de seguidores desde horas antes como si se tratara de un concierto de Elvis Presley, docenas de camiones militares como si estuviéramos en la frontera de Rusia con Georgia y miles de periodistas como si esperásemos una visita oficial de Marte, nada se ha visto en política hasta ahora como lo que rodea al discurso de aceptación de candidatura presidencial de Barack Obama. 

Ni siquiera la forma en que lo escribió es la habitual, en que se suele tirar de asesores que dan líneas generales y revisan y retoquen borrador tras borrador. Para Obama, sin embargo, sería difícil encontrar alguien que escriba discursos mejor que él. Cuentan que en 1990 cuando tomó la presidencia del Harvard Law Review sus comentarios sobre su origen familiar hicieron que hasta los camareros dejaran de servir.

Esta vez él mismo se encargó del primer borrador, a mano y en papel amarillo como hace habitualmente y días después se encerró por ratos en una suite de un hotel de Chicago a resguardo del lío mediático y familiar dejándose ver mientras aquí y allá… aquí y allá por todo el país, tranquilo como si nada y con un aire de confianza que tiene mucho que ver con la seguridad metódica con que habla y, a la vez, con el tono de suficiencia que por momentos parece entrever y al que los republicanos se agarran para acusarle de soberbio.

Por ahora eso quizá sea demasiado pronto para decirlo pero éste es un tipo que no parece que su mayor error en la vida vaya a empezar por la cartera o por la bragueta pero quizá sí por la arrogancia si no consigue seguir conviviendo con esa doble personalidad entre figura pública y sujeto privado.

Aún se defiende bien. Hace unas semanas se presentó en su gimnasio habitual de Washington a primera hora de la mañana y a la entrada se encontró con una recepcionista que cuando Obama se dirigía hacia el vestuario le dio el alto y le pidió que se identificara. Por una vez, los dos agentes del servicio secreto que le acompañaban se quedaron mirando diciendo “esto sí que no es asunto nuestro” mientras él, por modestia, incredulidad o precaución, se acercó y dijo con toda calma “soy Barack Obama, lo siento pero no llevo ninguna identificación encima”. “Lo siento, pero sin la tarjeta de miembro no puede pasar”.  Y, como la chica no lo conocía, pues no pasó –hasta que un rato después se aclaró el malentendido, se entiende y él acabó el día contando la cosa con gracia.

Claro que también puede ser Obama termine en noviembre como el mayor bluf  político jamás visto y entonces no tendrá que acostumbrarse a evitar el peso de la gravedad política.

 

 

 

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Blog desde Manhattan

José Angel Abad

José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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