Los reyes de la jungla
Si Nueva York es una jungla, Javier Veiga y Diego Prendes tienen que ser unos leones.
Me he acordado de ellos estos días que Nueva York se llena de visitantes que intentan no sólo sobrevivir al caos estridente de Manhattan sino descubrir y dominar de repente sus reglas y mezclarse con las tribus locales. Y no es fácil en una ciudad en la que no se conoce la palabra paciencia, las buenas maneras son con demasiada frecuencia un comportamiento sospechoso y el honor se confunde con el tamaño de la cartera.
A Javier y Diego los encontré un día en la esquina de la calle 33 con Broadway. Me oyeron hablar en español y se acercaron a preguntar si sabía dónde estaba un Wendys para comer las hamburguesas más baratas de Nueva York. La blackberry nos sacó del apuro y allá se fueron ellos, uno al lado del otro ayudándose a sortear las carreras, codazos y empujones del mediodía. Y mientras se alejaban entre la jauría humana y resistiendo mis propias prisas me quedé viéndoles y empezando a preguntarme: ¿cómo podían sobrevivir aquí dos ciegos que ni conocían la ciudad ni hablaban inglés?, ¿cómo se arreglarían para cruzar estas calles salvajes?, ¿qué les traería a Nueva York? ¿No era aquélla una auténtica odisea?
Javier es de Santa Eulalia de Bolaño, cerca de Castroverde, provincia de Lugo, y Diego de El Berrón, Asturias. Como a tantos otros, se les ocurrió hacer un curso de inglés. Buscaron los papeles, compraron el billete de avión y se plantaron en Nueva York. En ningún momento se les pasó por la cabeza que su ceguera pudiera ser un inconveniente insalvable.
Me fui tras ellos y casi les imploré que me contaran su historia. “Pues nada, que hemos venido como viene cualquiera”. “Pero ¿solos?”. “Sí, claro. Igual que hay gente que puede ver sin problema y practica, por ejemplo, parapente pues nosotros….”
Durante un par de días compartimos comidas y visitas y, sobre todo, hablamos sobre como un ciego “ve” Nueva York. Porque ellos no tienen la facultad de la visión, es cierto, pero no se pierden detalle: los suelos están viejos y sucios, explicaban, la gente camina muy rápido, ¡y su tamaño es grande!, los coches tienen muchos caballos a juzgar por el ruido de los motores, hay una gran variedad de olores en los restaurantes… y qué decir de los idiomas que se oyen por la calle, y, por cierto, es muy fácil hacer conversación con cualquiera, pero lo más sorprendente es la animación y ritmo trepidante por la calle…
El caso es que parecían auténticos sherpas cada vez que yo pensaba que podría haber algún problema en que fueran aquí o allá y ellos, nada, que ya verás, que no hay problema. Y así fue. No dejaron de visitar ninguno de los lugares famosos de la ciudad, ni de coger el metro a todas horas o aventurarse en los restaurantes que invitaban a entrar con sus aromas.
El caso es que sobrevivieron y disfrutaron en una ciudad que es una jungla y demostraron que inteligencia y sentido común son los mayores y mejores dones que una persona puede tener.
Hay quienes se marchan en vacaciones al Amazonas, al Serenguetti o al Polo Norte pero ninguno de ellos es ni la mitad de valiente que Javier y Diego que con sus bastones y su humor se han metido a Nueva York en el bolsillo.
José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
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