Cowboys

Para los amantes de las películas del oeste es un sueño hecho realidad: una pequeña ciudad de cowboys auténticos donde cualquiera puede pasar una semana disparando con réplicas exactas de las armas usadas en la época -Winchesters y Colts 45 son los preferidos- y vistiendo como un genuino vaquero.
Eso es básicamente “End of trail”, donde además entregan el premio al mejor disparador cowboy del año. Los hemos visitado a las afueras de Albuquerque (Nuevo México), que ha viajado atrás en el tiempo para convertirse de nuevo en una capital del Far West. Lo único moderno parecían ser las buenas maneras, porque estos cowboys del siglo XXI que en la vida real son ingenieros, consultores o abogados -éste es un hobby caro- abrigan la razonable sospecha de que el resto del mundo los considera tipos raros, algo a medio camino entre niños que nunca han crecido de verdad y fanáticos de las armas de fuego.
Pero hay algo que los distingue de quienes practican el paintball, por un lado, y también de los miembros de la Asociación Nacional del Rifle, por el otro: estos aspirantes a cowboys resultan ser en su mayoría nostálgicos de una infancia rural en un pueblo perdido de Estados Unidos donde cazar y tener armas en casa para defenderse era lo normal. Como en todos los pueblos del mundo antes de que llegaran la televisión, los aeropuertos y las autopistas, también en el interior de América se estilaba una cortesía seca pero respetuosa, tibia pero generosa, robar era un verbo que no existía y el honor -y no el de la ley- era el código que se aplicaba. Ése ya se sabe que es un mundo en estado de sitio por la modernidad. También aquí.
De todo había entre los cowboys, desde luego, pero lo más curioso era esa determinación por apegarse a un pasado que se escapa.
Para nosotros, españoles, europeos, resulta más fácil esto encontrarnos con las raíces, estamos tan acostumbrados que, a veces, ni nos damos cuenta. Para estos americanos de pueblos perdidos, sin embargo, resulta más complicado, se ven forzados a explicar que no son ningunos desequilibrados, que no son anticuados, muchos que ni siquiera son conservadores. Hasta los propios demócratas han tenido problemas en entenderlo –y ése no respetar la tradición donde a uno le ha tocado crecer lo han pagado caro.
Allí, en el centro de Nuevo México y casi en el centro de Estados Unidos, aquello parecía a primera vista un parque temático del oeste. Pero sin el patrocinio de coca-cola ni animadores profesionales por ningún lado los miles de cowboys enseguida dejaban de parecer turistas. Lo suyo era más como una procesión al ayer.
José Angel Abad
José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.
Feeds:
