La Carling Cup llegaba a su fin en el mítico estadio de Wembley. Recinto espectacular para albergar a unas aficiones de lujo. Cerca de noventa mil espectadores dispuestos a dejarse hasta el último chorro de voz por su equipo. El Liverpool, seis años sin conseguir ningún título, demasiado tiempo en la vida de jugadores como Steven Gerrard y compañía. Enfrente, el Cardiff City de la League Championship que hacía historia al jugar la final de una competición dura donde las haya. A priori todos los ingredientes para un gran partido.
Así fue, pero con un guión inesperado. En una final, donde el campo es terreno neutral, donde noventa minutos no son nada, donde se da el todo por el todo, no hay rival pequeño. Debido a todo lo que caracteriza la palabra final, el Cardiff City empezó golpeando primero gracias a una jugada de libro. Mason hacía rugir Wembley, ante un dominio absoluto del Liverpool en la posesión del juego, pero con una preocupante inefectividad en su delantera, gracias a la sólida y bien posicionada defensa galesa.
Con el solitario gol de Mason y con un cierto aire de humildad en las filas de Dalglish se llegó al descanso. Quince minutos de incertidumbre en las que la mayoría red de las gradas sentía un cierto sudor frío en el ambiente.
Con un comienzo trepidante en la segunda parte, un gol llegado de Eslovaquia de la mano de Martin Skrtel, replanteaba la situación del partido haciendo subir las tablas al marcador. Desde ese momento, el vendaval red sobre la portería de Heaton fue una constante del encuentro. El típico tópico: “con lo que cobran y lo que fallan” se tornó realidad en las botas de Carroll, Suárez, Downing o Johnson.
Sabemos que este tipo de partidos, no suelen durar noventa minutos, sino años en los corazones de los seguidores al buen fútbol, así que la prórroga era inevitable. Dentro de la monotonía en la que se tornó el encuentro, el revulsivo elegido por Dalglish fue Dirk Kuyt. Este obrero del fútbol tiende a revolucionar partidos importantes y así lo hizo en el minuto 108, con un disparo un tanto extraño puso a los Kops por delante en el marcador y creando la posibilidad a corto plazo de soñar con el título.
Pero el Cardiff aprovechó la última y única ocasión que dispuso en la totalidad de la prórroga y en un acto épico e histórico, Turner mandó el balón dentro de la portería de Reina, dando nuevamente otro cariz al ritmo del partido y convirtiéndolo en un duelo entre Reina vs Heaton.
Aunque el portero del equipo galés comenzó formidable deteniendo el penalty de Steven Gerrard, fueron los propios jugadores del Cardiff quienes lanzaron dos penaltys fuera del arco de Reina, proclamando con más apuros de los previstos al Liverpool de Dalglish.
La foto de Steven Gerrard levantado la Carling Cup, crea un punto de inflexión en la historia del Liverpool. Seis años sin levantar un título, evoca cuanto menos a aquellos recuerdos donde aquella Champions League fue levantada de forma heroica por el capitán. Gracias Liverpool y gracias….fútbol!
Gerrard levantando la Carling Cup