Con todos los focos sobre su figura y el cartel de favorito al cuello, Aimar Olaizola demostró en el frontón Ogueta de Vitoria que en los momentos de presión su juego brota de forma mucha más fluida. Donde otros se atascan y agarrotan por los nervios, el de Goizueta imparte cátedras de pelota mano.
La lección a la que fue sometido Oinatz Bengoetxea fue de las que no se olvidan. No hay nada que reprochar al de Leitza, que peleó cada pelota cuando ya estaba claro que era una misión imposible. La superioridad de Olaizola fue insultante y lo lleva siendo todo el año.
La preocupación de Bengoetxea por el material del pelotari de Goizueta fue el principio del fin. El de Leitza trató de no ceder distancia en el saque y sólo consiguió dilapidar sus opciones de vitoria. Un parcial de 13-0 dejó la final vista para sentencia. Si es complicado ganar a Olaizola, la situación se torna en un imposible con una desventaja de tal calibre.
A Bengoetxea le queda el consuelo de que ningún pelotari parece en disposición de disputar mano a mano un partido a Olaizola. La superioridad es total por mucho que en deporte cualquiera puede perder un partido. Olaizola puede perder aunque parece que a día de hoy sea algo muy improbable.
El 2012 finaliza bajo el reinado del de Goizueta. El Manomanista y su sexta txapela en el Cuatro y Medio confirman a Olaizola como el mejor del año. Hay otras dudas, pero no quién es el mejor.
Olaizola alza los brazos tras proclamarse campeón del Cuatro y Medio