La normativa obliga a las marcas a incluir en la cajetilla una pegatina gigante que nos recuerda que “Fumar mata”. Sin embargo, no se les exige una información detallada de su composición. Establece unos niveles máximos de nicotina, alquitrán y dióxido de carbono (únicos datos que se nos facilitan en el canto del paquete), pero la toxicidad del cigarrillo no depende sólo de ellos.
De acuerdo con el último estudio elaborado por ingenieros químicos de la Universidad de Alicante, el cigarrillo que contiene más alquitranes no tiene porqué ser el más tóxico. De hecho, de las diez marcas analizadas, la que presenta una menor proporción de esta sustancia genera mayor cantidad de isopreno, tolueno y crotonaldehído, elementos altamente cancerígenos. Sin embargo, el consumidor no tiene datos de la proporción en la que éstos están presentes en su cajetilla.
Cada cigarrillo consta de más de 3.000 compuestos, pero sólo se nos informa sobre tres; y uno de ellos, la nicotina, pese a ser el responsable de la adicción, no es de los más peligrosos. “Hay otros mucho peores, como el cianuro de hidrógeno, el 1,3-butadieno o algunos de las familias de los aldehídos, las nitrosaminas y los fenoles”, explica María Isabel Beltrán Rico, titular del departamento de Ingeniería química de la mencionada universidad.
La tercera sustancia regulada, el monóxido de carbono, está presente en un mayor nivel en los cigarrillos españoles que en los estadounidenses, según se desprende del estudio. De hecho, una de las marcas (no han querido desvelar cuál) superaba el límite establecido por la legislación. Concluimos entonces que ni siquiera los valores que se nos proporciona en la cajetilla son del todo fiables.
Estamos de acuerdo en que lo ideal es no fumar, y en que el daño para nuestra salud es elevado sea cual sea el porcentaje de cada componente en el cigarro, pero las marcas se están saltando un derecho básico del consumidor: el derecho a estar informado sobre los riesgos del producto que adquiere.
Cajetillas de tabaco