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Restricción de líquidos en los aeropuertos: ¿Seguridad o negocio?

La normativa que restringe los líquidos en los aviones nació en 2006 por riesgo de ataques terroristas y pretendía estar vigente por un periodo de cuatros años. La Comisión Europea ha continuado prorrogándola para indignación de los usuarios. Los duty free y las compañías aéreas siguen haciendo caja a su costa.

Restricción de líquido hasta 2013 Restricción de líquido hasta 2013

Astrid García  |  Madrid  | Actualizado el 29/07/2012 a las 17:50 horas

Cada vez que cogemos un avión, debemos asegurarnos no llevar envases con más de 100 mililitros de líquido en nuestro equipaje de mano. Para pasar el control de seguridad, éstos deben sacarse de la maleta o bolso e introducirse en una bolsa de plástico transparente con capacidad máxima para un litro.

La norma entró en vigor en noviembre de 2006 para evitar atentados con explosivos líquidos, y debería haber expirado en abril de 2010, fecha en la que comenzaría a funcionar un nuevo sistema de detección de estos componentes, letales y muy fáciles de obtener y de camuflar.

Por falta de la tecnología necesaria, la Comisión Europea decidió entonces prorrogar la medida, y ha vuelto a hacerlo ahora por un periodo de tiempo incierto.

Con y sin riesgo de ataque terrorista, los controles de seguridad de los aeropuertos llevan la norma a un extremo casi ridículo. ¿Pegar un trago a una botella de agua no es suficiente muestra de que su contenido no va a explotar?

Los principales beneficiados con esta medida son los duty free y las compañías aéreas. Los usuarios se ven obligados a depositar en los contenedores tanto  botes de refresco y geles como carísimas botellas de vino o perfumes. Por supuesto, el aeropuerto le ofrece la posibilidad de volver a adquirirlos en las tiendas y bares situados junto a las puertas de embarque, pero a precios de discoteca: dos euros por un botellín de agua, otros tantos por un café, tres por una coca-cola...

Lo último que recuerdo haber dejado en tierra era una típica bola de nieve, de esas que se agitan, porque los agentes no eran capaces de calcular si su contenido pasaba de los 100 militros. Por suerte, la tienda de souvenirs del aeropuerto vendía una similar al doble de precio...

Y si el viajero no está dispuesto a tirar el whisky de 30 años que compró para su tío, la segunda opción es facturar la bolsa (siempre que no vaya apurado de tiempo). Una solución que por supuesto no es gratis, y de la que se benefician las aerolíneas. Mandar a bodega un bulto extra puede costar hasta 60 euros.

¿Se trata tan sólo de una medida de seguridad, o es en parte un negocio?

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Astrid García

Periodista especializada en Economía y Empresas. Con tan sólo cuatro años consiguió sacar los colores a su abuela en una frutería: "Señora, ¿se piensa que somos tontas? Acaba de meter una manzana pocha en la bolsa". Desde entonces, estar al tanto de todos sus derechos como consumidora ha sido casi una obsesión. Si alguna vez te has sentido víctima de una estafa o no has sabido cómo defenderte de un abuso empresarial, este blog te puede interesar.

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