Cada vez que comienza el periodo de Rebajas, prácticamente todas las asociaciones de consumidores y varios miles de compradores denuncian las innumerables irregularidades --especialmente en tiendas de ropa y calzado--, que sin embargo no dejan de repetirse.
Nos intentan vender como ropa de última temporada la de los tiempos de María Castaña, que aún conserva el olor a cerrado del almacén. Por mucho que se lleve lo ‘Vintage’, los mordisquitos de ratón y el polvo nunca han estado de moda.
En otros casos, el descuento que nos indica la etiqueta está falseado: la prenda nunca costó más de lo que marca, pese a que una pegatina nos indica que está al 30%.
En teoría, la autoridad de consumo autonómica debería enviar a las tiendas a un inspector para revisar qué prendas están a la venta justo antes de comenzar las Rebajas y a qué precios. Días más tarde volvería para comprobar que los descuentos son reales y que se aplican a los productos adecuados.
Mientras no se haga, las empresas seguirán aprovechando este periodo para deshacerse de lo viejo e incorporar cuanto antes los productos de la siguiente temporada --por supuesto, sin descuento--, que terminarán ocupando casi la totalidad de la tienda, y dejarán apenas una esquina a lo rebajado.
Descuentos del… ¿5%?
Una de las principales críticas de los consumidores en este periodo de Rebajas es que, después de haber esperado varias semanas para comprar un artículo a un precio inferior, el descuento es casi ridículo. En algunos casos, hay una diferencia de tan sólo dos o tres euros.
Ocurre sobre todo en comercios pequeños, desde los que aseguran que el resto del año la crisis les obliga ya a mantener unos precios por debajo de lo habitual.
La ley no les obliga a aplicar un porcentaje mínimo de descuento. Por eso, aunque la diferencia sea sólo del 5%, no se les puede aplicar una sanción.
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