Hace unos días, en una tertulia de amigos, me sorprendió comprobar que eran mayoría los que habían recibido alguna vez una carta de una compañía de telecomunicaciones, que amenazaba con incluirles en una lista de morosos. Pero me molestó aun más enterarme de que todos ellos habían cedido al chantaje.
El motivo del aviso había sido el mismo en casi todos los casos: Solicitaron a su operadora que les diera de baja en algún servicio (internet, fijo, móvil…), pero siguieron recibiendo facturas pese a no estar disfrutando de él. Irritados, dieron la orden a su entidad bancaria de devolver el último recibo y de impedir futuros cobros.
Varios días después, recibieron en su buzón una carta con el sello del supuesto despacho de abogados de la compañía, que les obligaba a abonar la cantidad “pendiente” en un determinado plazo si no querían entrar a formar parte del famoso fichero de morosos.
Aparecer en este tipo de listas puede suponer, por ejemplo, que un banco te deniegue automáticamente un crédito, o que otra empresa rechace suministrarte un determinado servicio (luz, gas, telefonía…). Por eso, la mayoría de los amenazados acaba pagando.
Sin embargo, para que tu nombre forme parte del fichero hace falta algo más que una rabieta de la compañía: El gestor de la base de datos debe comunicártelo con anterioridad para que puedas defenderte y –lo más importante- la operadora debe demostrar su acusación.
La normativa lo dice bien claro: “No podrán incluirse en los ficheros datos personales sobre los que exista un principio de prueba documental que aparentemente contradiga” que existe esa deuda. Por lo tanto, una copia de la solicitud de baja bastaría para demostrar que el usuario no es moroso, y que la compañía ha intentado aprovecharse. Como siempre os digo, es fundamental guardar todas las pruebas y recibos.
Las compañías telefónicas amenazan a sus clientes con incluirles en la lista de morosos