Hace unos meses, el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino publicaba los resultados de un estudio sobre el perfil del consumidor español de alimentos orgánicos. Según él, están presentes en uno de cada cuatro hogares de nuestra geografía, la frecuencia de su consumo es de aproximadamente dos veces por semana, y los más comprados son las frutas y verduras. Curiosamente, la principal motivación del consumidor de productos 'eco' es su preocupación por la salud.
Y digo “curiosamente” porque, de ser cierto, más de uno se replanteará su compra (bastante más cara) cuando descubra que un alimento orgánico es exactamente igual de saludable y seguro que el tradicional. La Universidad de Stanford acaba de publicar las conclusiones de más de 200 estudios, en alimentos y en humanos, que no encuentran en lo 'eco' beneficios claros para la salud.
No hay duda de que su cultivo es mucho menos agresivo con el medioambiente, y que elegir productos orgánicos reduce nuestra exposición a posibles residuos de plaguicidas. Estas son dos motivaciones para el consumidor 'eco', pero no las únicas ni las principales. Muy por delante de ellas está el convencimiento del consumidor de que el gasto repercutirá positivamente sobre su salud, de acuerdo con el mencionado estudio de Medio Ambiente. De ahí que la presencia de menores de doce años en casa esté directamente relacionada con la elección de ecológicos.
Su elevado precio es precisamente el principal motivo por el que este tipo de alimentos no se consume con mayor frecuencia en los hogares españoles. De hecho, el comprador 'eco' medio tiene un alto nivel adquisitivo. Y es que, pese a que el nivel de vitaminas y nutrientes es muy similar y sus propiedades no son más beneficiosas que las de los productos tradicionales, los orgánicos cuestan el doble.
Frutas y verduras