CONFESIONES DESDE EL SIN BIN

El orgullo de Croke Park

Es triste pensar en lo que se vivió este pasado viernes en el Vicente Calderón. Pero a su vez, ese incidente nos recuerda uno de los momentos históricos más emocionantes del deporte ovalado. Aquel día en el que, por unas horas, Croke Park se convirtió en el sitio más especial del planeta.

Croke Park, 2007 Croke Park, 2007 | Foto: Agencias

Bruno López (@BrunoLpez)  |  Madrid  | Actualizado el 28/05/2012 a las 17:03 horas

24 de Febrero de 2007. Croke Park, Dublín. Partido del Seis Naciones entre Irlanda e Inglaterra. 83.000 personas aguardan con nervios a que las autoridades tomen asiento y se comiencen a interpretar los himnos nacionales. Desde Inglaterra, mirando por el televisor, muchos aguardan expectantes y temerosos a su himno nacional. El silencio previo es mágico, contundente, algo grande se anticipa, se puede sentir en los presentes. También hay miedo en las autoridades…Pero, ¿Por qué? ¿Qué tiene todo esto de especial?

Viajemos en el tiempo. Más de 80 años. Mismo estadio, misma ciudad, en un lejano 21 de Noviembre de 1920, durante la Guerra de Independencia Irlandesa. Tropas de la división auxiliar británica irrumpieron en Croke Park durante un partido de fútbol gaélico disparando contra el público, matando 13 espectadores y el capitán de uno de los equipos, Michael Hogan. Fue una mancha sangrienta de las muchas que tuvo el conflicto. Otro “Bloody Sunday” más. No sería el último. Durante 80 años, se veta todo lo inglés en ese estadio. Se convierte en un templo gaélico, sede de la Asociación Gaélica de Deportes. Allí sólo se practica Hurling y Fútbol Gaélico. Una de sus gradas lleva el nombre de Hogan “The Hogan Stand”. Se trata de un refugio, un recuerdo y un olvido.

Y así pasa el tiempo, cuántas cosas cambian en 80 años, ¿no? Y en 2007, el clásico Lansdowne Road sufre una remodelación, y los partidos del Seis Naciones se jugarán en Croke Park. Todos tiemblan. La prensa no falta a su cita para calentar el ambiente las semanas previas. Muchos se temen lo peor, otros censuran directamente que se vaya a dejar pisar al equipo inglés el estadio, mucho menos que suene el “God Save the Queen”. Los programas de radio arden con llamadas airadas de muchas partes de Irlanda. El simple hecho de que el Secretario de Estado Norirlandés Peter Hain pisara el templo era impensable hace no mucho. Pero confirma su asistencia. Los más sensatos hablan de cerrar una etapa, de culminar un largo caminar y del orgullo Irlandés. Se trata de recordar olvidando. O de olvidar recordando.

Momento para los himnosMomento para los himnos | Foto: Agencias

Llega el día. El momento mágico. Volvemos a esos instantes previos a los himnos. Con la amenaza de los agoreros en la cabeza de la gente “habrá silbidos, lanzamiento de objetos, se boicoteará el himno” decían, el speaker anuncia solemne: “Ladies and gentlemen, the anthems will now be played”. Allí están los dos equipos, rojo primero y verde después, conteniendo la respiración. Seguro que a los mayores del lugar les pasó mucho por la cabeza, seguro que alguno lloró antes incluso de que sonaran las primeras notas, seguro que alguno pensó en los que ya no están, en quién se sentaba a su lado, en las tres banderas que se izaban en lo alto del estadio. Y entonces…

…Entonces sonó el “God Save the Queen” majestuoso himno, solemne, cantado por los ingleses que había en la grada, por los hijos de San Jorge. El XV de la Rosa canta, saben del significado de estar pisando ese césped, no en vano han tenido una sesión específica de historia en la preparación del partido. Mientras la cámara termina su recorrido suenan las últimas letras: “Long to reign over us, God save our Queen”. Y se escuchan aplausos. No hay ni un silbido. Los miedos se disipan. Los comentaristas afirman “Creo que ha sido increíble. ¿A qué venían todos esos temores?”. Se escuchan los gritos de la afición inglesa. Pero el momento mágico no ha terminado no, no ha hecho más que comenzar. Porque a continuación se escucha la rendición más emotiva, orgullosa y especial de la Canción del Soldado que se haya escuchado jamás.

Y mientras 83.000 irlandeses proclaman su amor por su patria, mientras suenan los primeros acordes, la cámara enfoca a un Hayes que no para de llorar agarrado al capitán O’Driscoll. Las cámaras enfocan al pequeño Stringer rodeado de las dos torres O’Callahan y O’Connell, en esa imagen que tantas veces hemos visto. Las cámaras enfocan a los jugadores norirlandeses Best y Trimble respetando el himno de sus compañeros del sur. Y el peso de la letra cae como esos 80 años que han pasado desde 1920: “Soldados somos, que hemos jurado nuestra lealtad a Irlanda…” dice esa canción del Soldado. El volumen en Croke park aumenta y parece que no son sólo 83.000 sino millones de irlandeses los que cantan en la grada, incluidos 14 que allí se quedaron para siempre. Termina y las trompetas anuncian el “Ireland’s Call”. Cambia la lengua, de gaélico a inglés, pero permanece el sentimiento. Flannery, ojos cerrados mirando al suelo, no para de llorar. “Ha llegado el momento, ha llegado la hora…” reza el Ireland’s Call. “Hemos venido a responder la llamada de nuestro país, por las cuatro orgullosas provincias de Irlanda”. Y todos, incluidos aquellos que están a miles de kilómetros, viendo por la televisión, cantan el estribillo: “Ireland! Ireland! Together, standing tall! Shoulder, to shoulder, we’ll answer Ireland’s Call!!”. Las cámaras se centran ahora en Brian O’Driscoll, su mirada perdida, ¿En qué pensará? Ronan O’Gara, tan ajeno siempre a las emociones, termina el himno al borde del llanto. En apenas cuatro minutos, se han cerrado heridas que llevaban abiertas muchas décadas.

¿Y el partido? Preguntaran algunos. El partido sólo hizo que confirmar que aquel día pasaría a la historia. Irlanda ganó 43-13, un auténtico recital. Jim Stokes escribió aquel día en la BBC que “en 45 años viendo rugby, no he visto jamás un partido con tanta intensidad, tantas emociones y tanta fuerza como el que se ha jugado hoy en Croke Park”. Aquel día, Irlanda dio una lección. Aquel día, los 83.000 espectadores dieron una lección. Proclamaron su amor por una bandera a través del orgullo y el respeto al rival. Entendieron que el respeto no se pide con silbidos, el respeto se gana con nuestros actos. El mundo entero agradeció el gesto. Es una pena que algunos no hayan sabido recoger el testigo. En fin, siempre nos quedará el orgullo de Croke Park.

 

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  • Foto de tonga_rugby

    #4 tonga_rugby Grande, grande, sencillamente grande !!! lo que se vive en un campo de rugby es espectacular, mágico, inolvidable. Y que decir cuando estás ahí abajo, la emoción (y la responsabilidad) te hacen llegar a todas las abiertas, a placar al contrario con más fuerza, a correr más rápido... esto es RUGBY señores... algo especial, diferente... ÚNICO

    25/07/2012 a las 11:05
  • Foto de marsha

    #3 marsha Si , viva el rugby. Si quieres participar en la copa del Rey debes respetar, tanto equipo como aficcion. Si no estas de acuero con el Rey pues no participes pero dejen que lo demas si lo disfruten

    04/06/2012 a las 15:17
  • Foto de joseignaci

    #2 joseignaci El partido fué espectacular por parte de IRL, impresionante, dominador total, acabó con ensayo de Boss y transformación de Humprheys, pero perdieron el torneo por perder antes , en casa, contra FRA en uno de los mejores partidos que yo he visto, y llevo unos cuantos. Ensayó Ibañez e IRL remontando todo el rato, se adelanta y sale Beauxis y cambia el partido, drop al palo y luego ensayo de Clerc,creo. Ahí se empezó a forjar la Gran Irlanda de esta época, llena de Munsterman, como ahora de gente de Leinster.

    31/05/2012 a las 22:26
  • Foto de joseignaci

    #1 joseignaci A los ignorantes del rugby les puede extrañar, pero a nosotros no. En Thomond Park no se pita ni al pateador rival. Silbar un himno me parece una falta de educación absoluta y sobre todo, ignorancia ,cerrazón de mente, aislacionismo en lo propio pensando que no hay más mundo que el de uno mismo. Creo que fué en el Mundial de Alemania de furgol cuando los fanáticos futboleros españoles pitaron el himno el FRA, ¡ que bonito !, luego pretendemos dar lecciones. Viva el rugby, que no entiende de hinmos, banderas ni pensamientos, solo deporte.

    31/05/2012 a las 16:56
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B. López, M. Martín y A. Serrano

Bruno, Miguel y Álvaro. Fundadores y parte del plantel del incipiente Nebrija Club de Rugby, los tres mantienen un idilio eterno con el deporte del ovalado. Bruno, asturiano de nacimiento, aunque "hijo adoptivo de Leicester, cuna del rugby inglés", se proclama "defensor a ultranza de la cerveza negra ante el champán francés, del ruck y el maul ante el pase y el contrapié, del Hemisferio Norte ante el Hemisferio Sur. Siempre con un trébol en el bolsillo".

Míchel, aprendiz como jugador, está capacitado para visionar 15 horas de rugby de forma ininterrumpida (y sin daños cerebrales). Tiene una máxima: "Ningún jugador es eterno. Hoy te encumbran, mañana te piden que te retires".

Y Álvaro, un salmantino de pro que cambió el balón redondo por la almendra a los 18, y que sólo se arrepiente de no haberlo hecho antes. "Amante del Flair francés, del rugby total del helecho y de la tradición de las islas".

Los tres, analistas del deporte más noble de cuantos haya, ahora en antena3.com.

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