Es más, estoy convencido de que si Larra viviese hoy en día, sería aficionado de rugby. Después de todo, el rugby es el deporte de los románticos. Es el deporte de la tragedia y la epopeya, de la hipérbole, de los extremos: El placaje o se hace o se sufre, el golpe o se da o se recibe, la sangre en la cara…Sangre y sudor, polvo y arena, cañas y barro. El rugby es el deporte del caso vocativo, ese que el griego moderno ha perdido ya, el de la onomatopeya que se descubre en cada contacto, en cada “Ohhh” del público. Y ahí… Ahí Larra estaría encantado, apartado de la medianía de otros aspectos de la vida cotidiana.
Más aún si hablamos del central. Para Larra, y para cualquier romántico, el central sería el último santuario. Los árboles, las hojas en otoño, la soledad entre semana de esas gradas de cemento, el marco incomparable de los Colegios Mayores, el corazón de la Ciudad Universitaria. Ese Larra moderno habría entrado en contacto con el rugby en su estancia en París, o quizás en sus viajes por Londres, y, en sus paseos habituales por el central, no dudaría en quedarse a ver cualquier partido de Colegio Mayor, estimulando su excitable imaginación. Los leones, con sus dramáticos vaivenes, espolearían a nuestro Larra, enfrascado en esa constante batalla interior entre la decepción, la tristeza, la alegría y el orgullo de ser Español. Quién mejor que nuestra selección y el central para llevarnos en ese carrusel de emociones.
Y así, el Sábado, con el Central lleno, nuestro imaginario Larra se hallaría sentado en un rincón alejado, listo para escribir uno de sus artículos, o quizás, como el Dr. Watson que nos retrató la BBC, un blog en internet, firmado por alguno de sus múltiples pseudónimos. El escenario no podría ser más adecuado. A Larra le habría resultado excitante el exotismo de los georgianos, esos guerreros del Cáucaso, tez morena, cejas pobladas, nudillos con historia y mirada penetrante. También le habría resultado excitante el reto que se presenta al equipo español, la imaginería de los Leones, el empuje de la grada… Sin duda, a Mariano le habría encantado estar en el Central este frío sábado de Febrero.
Y es que lo que se vivió sólo se puede describir con hipérbaton y metáfora, con antítesis y comparaciones. España salió como un león disfrazado de pantera, dispuesto a asestar rápidos y mortales golpes cada vez que tuvieran el óvalo. Los georgianos vinieron a hacer lo que siempre hacen los nacidos en las entrañas del Cáucaso: darlo todo y sólo todo y entregarse en cuerpo y alma. Cada vez que uno de sus gigantes delanteros se hacía con el óvalo, uno, dos y hasta tres leones se tenían que abalanzar sobre él para tirarlo, como una, dos o tres leonas se abalanzan para derribar a un gran antílope. Y luego, con el óvalo en la mano, asestar el golpe, directo a la yugular, con un Sempere comandando una línea de panteras que cazan en la negritud de la noche. Y con cada contrapié de Peluchon, al que ya llamamos Peluchón, con cada carrera de César, con cada placaje de Recuerda y de Palmer esa figura solitaria, de patillas prominentes contrae sus músculos excitado, la adrenalina fluyendo libre por sus venas. Y el público le empuja y él ya no está en el central viendo el rugby, no, nuestro Larra moderno está ya mordido por las musas, lejos de Madrid, en una batalla entre españoles y georgianos que su mente embriagada recrea y que emborracha su imaginación.
España-Georgia | Foto: Héctor Sánchez (FER)Y los Georgianos atacan, pues la primera parte ha sido un atentado a su orgullo, y a ese estricto sentido del honor, y, por detrás en el marcador, se acercan, y a cada georgiano que toca el óvalo lo derrumba uno, dos y tres leones, y Larra aprieta sus muslos con sus dedos, las palabras desfilando rápidamente por su mente. Esos georgianos mundialistas, sorprendidos de que una visita a la tierra del sol se haya convertido en una emboscada en la sabana africana, donde una manada de leones les han tendido una trampa mortal. Y cuando Wilkinson pita el final no salta ni grita, como los 9.000 espectadores, sino que suspira profundamente, descargando la tensión y volviendo a la realidad.
Y mientras los espectadores saltan al campo, a celebrar este histórico 25-18, nuestro Larra del siglo XXI saca el móvil, entra en Twitter y escribe: @Elpobrecitohablador España, con lo mucho que me haces sufrir, y lo mucho que te quiero.
Vídeo y Fotos: Federación Española de Rugby
Melé del Xv del León