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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
CONFESIONES DESDE EL SIN BIN

Jinetes en la tormenta

Nunca me olvidaré de las palabras de un conocido ciclista al que admiraré toda mi vida. Decía, que cada mañana, fuera donde fuese, en cualquier hotel del mundo, al levantarse y mirar por la ventana, si llovía, esbozaba una gran sonrisa.

Toby Flood sonríe bajo la lluvia Toby Flood sonríe bajo la lluvia | Foto: Agencias

Bruno López  |  Madrid  | Actualizado el 06/09/2013 a las 20:11 horas

Aquel ciclista sabía a ciencia cierta que en otras habitaciones la mayoría de los ciclistas estarían también mirando por la ventana y pensando que iban a pasar un día de penuria. Pero él no. Porque descubrió la lluvia pronto en su carrera. En eso pensaba hoy mientras salía a entrenar y el cielo descargaba sobre mí. La realidad, es que no hay un día que haya salido a entrenar bajo la lluvia y no haya vuelto a casa con un problema menos de los que salieron por la puerta.

El efecto curativo, casi catártico de esa lluvia que te empapa mientras entrenas, esa reafirmación de que el tiempo no te va a parar. Esas palabras de Jim Telfer sobre el jugador honesto, el que no se centra en excusas, en cosas periféricas, en quejas. Y ahí estas, la lluvia resbalando por tu frente hasta tu nariz, y mientras, empapado, empiezas a sentir el frio, mientras esas gotas se cuelan en tus ojos, entonces, tu cuerpo te envía una señal. La señal. Y te sientes vivo. Y te ríes como aquel ciclista.

Porque al fin y al cabo, el rugby se trata de convertir la palabra “sufrimiento” en un sentimiento positivo. Saber reconocer siempre la otra cara de la moneda. Disfrutar de cada sacrificio y cada esfuerzo, de cada golpe recibido, y no tomar ningún atajo. Si, los que entienden esa esencia absoluta de nuestro deporte son los que son capaces de divertirse siempre ante cada obstáculo, los que se visten con la pasión del que sabe que hace lo que le gusta y lo que le enorgullece. Los que no paran de aprender.

El rugby, la lluvia y el barro están unidos para siempre, una unión inseparable que se empeña una y otra vez en enseñarnos esa gran lección: Que donde otros se dan la vuelta, nosotros seguimos. Que donde hoy hay nubes negras, mañana sale el sol. Y que al que consiga descifrar el jeroglífico que para algunos supone sufrir cada entreno, cada partido, cada día de lluvia y tormenta le espera un rugby de sonrisa continua, donde el sacrificio es la ofrenda que te haces a ti mismo. Como decía el genial atleta neozelandés Peter Snell: "Cuando estás corriendo bajo la lluvia existe la satisfacción de saber que tú estás ahí fuera y otros están ahí dentro". La lluvia es la metáfora del rugby.

Y ahí estás, entrenando bajo una intensa lluvia sin ver ni un alma. Con el campo vacío. Tú y tu balón, tú y tus pensamientos pero sobre todo tú y tu espíritu de lucha. Como la roca que se agarra al precipicio orgullosa y pide que el viento y el mar le golpeen más aún fuerte. Y sólo el tiempo conseguirá moverla de allí.

En ese mismo sitio te encuentras con otros jinetes de la tormenta, como cantaban The Doors, y allí es donde se hace o se deshace el alma de un equipo. Todos juntos. En esos días de tormenta. Los ensayos de junio se fraguan en diciembre. Con las botas encharcadas. Con la cara en el barro. Con los dedos congelados. Es lo que somos. Jugadores de rugby. Cabalgando los elementos. La roca en el abismo.

Al llegar a casa, la ducha caliente es la recompensa más inmediata. Pero la recompensa a largo plazo es la de no haber dado un paso atrás, la de mantener el compromiso que firmaste cuando empezaste en esto. Y mientras ahora sí, miro la lluvia desde detrás del cristal, pienso que la lluvia no es un castigo, no, la lluvia es la oportunidad. Con cada gota de miedo, de inseguridades, de problemas que mojan la piel muerta se descubre el auténtico jugador de rugby que llevamos dentro.

Escocia juega bajo la lluviaEscocia juega bajo la lluvia | Foto: Agencias

Y mientras suena "Have you ever seen the rain" de Creedence Clearwater Revival no puedo esperar a que llegue mañana, a levantar la persiana y ver ese cielo descargando furioso, lanzándome un reto. No puedo esperar a descubrir la lluvia un día más, a descubrir el rugby, a descubrirme a mí mismo. Cabalgando en la tormenta.

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  • Foto de Marguichi

    #2 Marguichi  Me gusta, me recuerda a este otro: Odio el rugby Posted on 15 enero, 2012 10 Odio el rugby. Así de claro lo escribo. No veo sentido a ensuciarme de pies a cabeza por llevar un balón que ni rodar puede hasta una linea tan deformada que apenas se reconoce. Odio el tener que lanzarme al suelo en busca de unos pies a los que agarrarme, odio que el sudor, el barro, el protector que parece agrandarse en la boca, y el cansancio me obliguen a balbucear en vez de pronunciar. Odio a los jugadores, odio a los míos y odio a los contrarios. Me parece indignante que después de llevarme un golpe llegue gente de mi equipo a pisotearme, como si no hubiese tenido suficiente, odio que los de el equipo contrario me den la mano para ayudarme a levantarme del suelo por un golpe que ELLOS me han dado. Es como si tratasen de acelerar el proceso para poder darme otra igual de fuerte o más. Odio llegar a casa cubierto de pies a cabeza de barro, y callar mientras mi madre pone el grito en el cielo. Odio que aún cansado y destrozado tenga que ponerme a limpiar la ropa en el fregadero de la cocina. Odio pasarme la tarde pochando en la cama por no poder moverme, odio perder parte de mi preciado tiempo de estudio por este deporte. Odio haberme levantado con más dolores todavía. Odio haber recibido una paliza hoy. Odio no poder borrar esta estúpida sonrisa de la cara.

    23/10/2013 a las 17:10
  • Foto de Marguichi

    #1 Marguichi Me recuerda a este otro, que también me encantó... Odio el rugby Posted on 15 enero, 2012 Odio el rugby. Así de claro lo escribo. No veo sentido a ensuciarme de pies a cabeza por llevar un balón que ni rodar puede hasta una linea tan deformada que apenas se reconoce. Odio el tener que lanzarme al suelo en busca de unos pies a los que agarrarme, odio que el sudor, el barro, el protector que parece agrandarse en la boca, y el cansancio me obliguen a balbucear en vez de pronunciar. Odio a los jugadores, odio a los míos y odio a los contrarios. Me parece indignante que después de llevarme un golpe llegue gente de mi equipo a pisotearme, como si no hubiese tenido suficiente, odio que los de el equipo contrario me den la mano para ayudarme a levantarme del suelo por un golpe que ELLOS me han dado. Es como si tratasen de acelerar el proceso para poder darme otra igual de fuerte o más. Odio llegar a casa cubierto de pies a cabeza de barro, y callar mientras mi madre pone el grito en el cielo. Odio que aún cansado y destrozado tenga que ponerme a limpiar la ropa en el fregadero de la cocina. Odio pasarme la tarde pochando en la cama por no poder moverme, odio perder parte de mi preciado tiempo de estudio por este deporte. Odio haberme levantado con más dolores todavía. Odio haber recibido una paliza hoy. Odio no poder borrar esta estúpida sonrisa de la cara.

    23/10/2013 a las 15:54
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B. López, M. Martín y A. Serrano

Bruno, Miguel y Álvaro. Fundadores y parte del plantel del incipiente Nebrija Club de Rugby, los tres mantienen un idilio eterno con el deporte del ovalado. Bruno, asturiano de nacimiento, aunque "hijo adoptivo de Leicester, cuna del rugby inglés", se proclama "defensor a ultranza de la cerveza negra ante el champán francés, del ruck y el maul ante el pase y el contrapié, del Hemisferio Norte ante el Hemisferio Sur. Siempre con un trébol en el bolsillo".

Míchel, aprendiz como jugador, está capacitado para visionar 15 horas de rugby de forma ininterrumpida (y sin daños cerebrales). Tiene una máxima: "Ningún jugador es eterno. Hoy te encumbran, mañana te piden que te retires".

Y Álvaro, un salmantino de pro que cambió el balón redondo por la almendra a los 18, y que sólo se arrepiente de no haberlo hecho antes. "Amante del Flair francés, del rugby total del helecho y de la tradición de las islas".

Los tres, analistas del deporte más noble de cuantos haya, ahora en antena3.com.

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