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CONFESIONES DESDE EL SIN BIN

La España de Parfitt

Un ruso, un inglés y un español entran en un hospital. Tobillo, rodilla y hombro. No, no es un chiste, es la escena con la que se encontraron los madrileños que esperaban en la Clínica Moncloa, el pasado Sábado.

España- Rusia en el sub 18 España- Rusia en el sub 18 | Foto: Raúl García

Bruno López  |  Madrid  | Actualizado el 05/04/2012 a las 12:31 horas

Tres jugadores que demostraron la dureza de un debut que recompensa a unos y destroza las ilusiones de otros. Esta es la madurez a la que se tienen que enfrentar los sub18 en este campeonato de Europa. Forjar el carácter, jugar siempre al filo de la navaja. Pulgada a pulgada.

España. Rusia. El central Universitario. Yo, por trabajo, con los rusos. El central, por pasión, con los españoles. La magia del central, ese romanticismo del que he hablado una y otra vez, volvió a surtir efecto. Y España abrazó el oso ruso desde el minuto 1, un abrazo mortal que no le permitió moverse, respirar y sobre todo lo que todo el mundo se temía, rugir y cargar. Es el carácter ruso, cargar y cargar. Pero España lo sabía, porque este equipo, por encima de talento y otras cualidades que se dijeron en el campo durante el partido, es un equipo trabajado. Muy trabajado. Y ahí, el equipo de entrenadores es el que juega el papel principal. El trabajo táctico fue increíblemente decisivo, con un equipo español preparado a la perfección para anular y contrarrestar las armas de los hijos de la tundra.

Y el central se retroalimenta del equipo, y el equipo se retroalimenta del central, en una bola de nieve que concluyó con el pitido final. Los sub18 españoles, con un juego que ya imita al de los mayores: Una línea rápida y creativa y unos delanteros con mucho oficio. Pero más que pararme a hablar de jugadas separadas, más que escribir una crónica al uso del partido, este Europeo sub18 es un torneo de momentos. Y aquí a mí me apetece destacar algunos que viví el sábado.

Cinco minutos antes del partido los rusos no gritaban, no había pisotones en el vestuario ni golpes en las paredes. Por no haber, no había ni entrenadores. Pero lo que vivieron esos jugadores, a puerta cerrada bajo llave, con sus entrenadores fuera, eso fue muy especial. Al preguntar a sus entrenadores el significado de ese último corro a puerta cerrada, los rusos, siempre muy rotundos, me dijeron “Están lejos de casa, en una experiencia importante para  ellos, en un país del que no conocen el idioma, en un ambiente hostil. Este es el momento en que ellos tienen que aprender a manejar la presión, a hablar y confiar en el equipo, sin la influencia de una persona adulta. En estos cinco minutos, dan el paso de sub18 a senior”. Y mientras tanto dentro, hablaba German, el capitán. Un tono calmado pero profundo. Y unas palabras que, contrario a lo que se suele escuchar, no eran ni clichés ni frases manidas, eran palabras profundas cargadas de significado. Orgullo de ser rusos.

Pero quizás el momento fue esa espera en el hospital, dos españoles y un ruso. Y entre los españoles un jugador que quizás ejemplifica a la perfección el espíritu de esta sub18. Se trata de Toby, un segunda línea inglés muy español. Pese a tener una lesión de rodilla, Toby no podía contener su orgullo. “No me duele, tengo mucha adrenalina” comentaba en la ambulancia. Y después en la sala de espera no paraba quieto. Recordaba esta abierta, y la otra. Y esta jugada, y el pase y el ensayo… ¿Quién se cuestiona el patriotismo de un jugador que lo da todo por una camiseta, que demuestra una garra y una pasión difícil de igualar? Yo desde luego no.

Y estos momentos son los que hacen este sub18 un torneo tan especial. Y más cuando todos los equipos, por primera vez, viven juntos en el mismo hotel. Para mí, estas cosas son especiales, son rugby.

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B. López, M. Martín y A. Serrano

Bruno, Miguel y Álvaro. Fundadores y parte del plantel del incipiente Nebrija Club de Rugby, los tres mantienen un idilio eterno con el deporte del ovalado. Bruno, asturiano de nacimiento, aunque "hijo adoptivo de Leicester, cuna del rugby inglés", se proclama "defensor a ultranza de la cerveza negra ante el champán francés, del ruck y el maul ante el pase y el contrapié, del Hemisferio Norte ante el Hemisferio Sur. Siempre con un trébol en el bolsillo".

Míchel, aprendiz como jugador, está capacitado para visionar 15 horas de rugby de forma ininterrumpida (y sin daños cerebrales). Tiene una máxima: "Ningún jugador es eterno. Hoy te encumbran, mañana te piden que te retires".

Y Álvaro, un salmantino de pro que cambió el balón redondo por la almendra a los 18, y que sólo se arrepiente de no haberlo hecho antes. "Amante del Flair francés, del rugby total del helecho y de la tradición de las islas".

Los tres, analistas del deporte más noble de cuantos haya, ahora en antena3.com.

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