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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
CONFESIONES DESDE EL SIN BIN

Arde Dublín

Brian regresaba a los cuarteles generales de las tropas irlandesas con paso ligero y preocupado. Acababa de firmar con el joven Chris Robshaw la retirada honrosa de sus tropas. “Un buen chico ese Robshaw” pensaba para sus adentros, rememorando lo encarnizado de las batallas con Jonno, Corry o Dallaglio.

Irlanda, ante Inglaterra Irlanda, ante Inglaterra | Foto: EFE

Bruno López  |  Madrid  | Actualizado el 11/02/2013 a las 00:35 horas

Brian regresaba a los cuarteles generales de las tropas irlandesas con paso ligero y preocupado. Acababa de firmar con el joven Chris Robshaw la retirada honrosa de sus tropas. “Un buen chico ese Robshaw” pensaba para sus adentros, rememorando lo encarnizado de las batallas con Jonno, Corry o Dallaglio. Ya en las puertas de la cantina, no le sorprendió que no se escucharan ni voces ni música. Abrió la puerta.

Irlanda cae ante InglaterraIrlanda cae ante Inglaterra | Foto: agencias

El interior de aquel turbio pero acogedor tugurio no podía ser más diferente del que se encontró sólo una semana antes. Entonces, la entrada de BOD fue recibida con jarras en alto, gritos, cánticos de “In BOD we trust” y risas. En una esquina, Heaslip y sus tropas de asalto fumaban puros y cantaban “The Rover” y otras canciones irlandesas.

En otra mesa, el viejo Geordan Murphy, ya retirado, palillo entre dientes rodeaba con un brazo al joven Gilroy y le contaba las mismas batallitas que había contado al resto de novatos: Como había sobrevivido durante años infiltrado en Leicester, en la guarida del Tigre, como habían conquistado la gloria en Cardiff, coronándose reyes de Europa.

Y todos los que escuchaban esa historia, no importa si era la primera o la enésima vez, se quedaban embobados. Era la ilusión de vivirlo y sentirlo en sus carnes algún día. “Algún día” le decía Gilroy al también novato Zebo.

Con los rifles de francotirador apoyados contra la pared, Jonny y Ronan jugaban a los dardos. Brian sonreía viendo como el joven Sexton se burlaba de la puntería oxidada de ROG, y éste, para jolgorio del personal, no paraba de farfullar en gaélico. “Te estás convirtiendo en un cascarrabias Ronan” bromeaba Brian. Y desde la otra punta de la sala alguien respondía “¿Y cuando no lo ha sido?”

Otra vez, risas generales. En otra mesa, las torres O’Connell, O’Callagan y el pequeño Stringer jugaban al póker, y como siempre, el pequeño Peter estaba desplumando a los dos gigantes. En la barra, Kearney intentaba ligarse a la camarera. Segundos después recibiría una sonora bofetada, y se giraría con cara divertida hacia su “wingman” McFadden, que se despatarraba de risa.

Y allí, en la mesa más alejada de todas, Andrew Trimble bebía sólo, como todos los días desde que le comunicaron que ya no volvería al frente, que su sitio estaba lejos de la acción. La mirada perdida y el gesto torcido del joven Ulsterman. Y abriéndose paso entre todos caminaba BOD, resurgiendo de sus cenizas para conquistar Cardiff, una vez más. Bebiendo con unos y con otros y olvidándose del peso de los años.

Pero eso fue la semana pasada. Ahora, la misma cantina carecía de vida, y sólo el joven Trimble permanecía en ese mismo sitio, con la misma mirada perdida. Desde la enfermería llegaban los gritos de dolor de Sexton, herido en combate. Brian intentaría consolarle. Caminaba con paso firme, intentando transmitir seguridad, confianza.

Cuando llegó a su cuarto, y la puerta se cerró a sus espaldas, de su boca emergió un gemido de dolor. Su espalda se arqueó hacia adelante, y se llevó la mano a las costillas. Aguantar la compostura delante de las tropas era cada vez más difícil. A duras penas consiguió sentarse en la cama.

Se preguntó cuanto más aguantaría ese maltrecho cuerpo. “Vamos Brian, has estado en esta situación antes” se reprochó a sí mismo mientras se quitaba el chaleco. Por debajo de su puerta se deslizó un telegrama urgente. En él, sólo se leía una frase: “Nunca nos subestimes, viejo zorro. Recuerda, nuestra verdadera batalla llegará en Junio. JW” El telegrama venía de Toulon, Francia.

Y mientras se servía un whiskey escocés (cortesía de Chris Patterson, un viejo enemigo) miró al fondo de la habitación. Las palabras de Jonny resonaban en su mente. Junio. La piel de león llevaba desde 2009 allí colgada, todavía manchada de sangre. “Junio. Tienes que llegar como sea Brian” se prometió. Sería la cuarta vez que Brian defendería el honor del Hemisferio Norte junto al resto de leones cruzados. Una victoria comandando el ejército rojo sería el final perfecto.

Brian es sacado a hombros tras su hat-trick ante Francia, en el año 2000Brian es sacado a hombros tras su hat-trick ante Francia, en el año 2000 | Foto: agencias

Alguien llamó a la puerta y Brian se puso en pie de inmediato, otra vez el pecho hinchado y la espalda recta, ni rastro de esa mueca de dolor. “Drico, todo listo”. Era la voz de Ronan. Juntos recorrieron el pasillo hasta la sala de operaciones. No se dijeron ni una palabra. Entre ellos bastaba con una mirada, un gesto. En la sala estaban todos los pesos pesados, rodeando la mesa central, bajo un gran foco.

Brian se acercó y contempló el gran mapa de París que se extendía ante sus ojos. “Ah París” suspiró. Brian recordaba bien la capital gala. Allí luchó y ganó por primera vez, a principios del 2000, cuando aún era un adolescente. Regresó convertido en el héroe que Irlanda necesitaba. Allí se forjó su leyenda. Heaslip repasaba los peligros del ejército galo, ante las miradas de preocupación de los presentes.

Y entonces Brian le interrumpió y con su característico gesto pícaro exclamó: “No os preocupéis, por suerte tenemos a Michallak” Las risas volvieron a sonar. Brian devolvía una vez más la vida a unos cuerpos rotos. Era el primer paso. No sería fácil. Y mientras las llamas de Dublín aún no se habían apagado, BOD ya preparaba el asalto a París.

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B. López, M. Martín y A. Serrano

Bruno, Miguel y Álvaro. Fundadores y parte del plantel del incipiente Nebrija Club de Rugby, los tres mantienen un idilio eterno con el deporte del ovalado. Bruno, asturiano de nacimiento, aunque "hijo adoptivo de Leicester, cuna del rugby inglés", se proclama "defensor a ultranza de la cerveza negra ante el champán francés, del ruck y el maul ante el pase y el contrapié, del Hemisferio Norte ante el Hemisferio Sur. Siempre con un trébol en el bolsillo".

Míchel, aprendiz como jugador, está capacitado para visionar 15 horas de rugby de forma ininterrumpida (y sin daños cerebrales). Tiene una máxima: "Ningún jugador es eterno. Hoy te encumbran, mañana te piden que te retires".

Y Álvaro, un salmantino de pro que cambió el balón redondo por la almendra a los 18, y que sólo se arrepiente de no haberlo hecho antes. "Amante del Flair francés, del rugby total del helecho y de la tradición de las islas".

Los tres, analistas del deporte más noble de cuantos haya, ahora en antena3.com.

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