Flamenco agitado, no removido
Ole y olé. Duende. Arte, mucho arte. Ea. Ele. Sentirlo dentro. Entender. Palo. Compás. Cajón. El flamenco arrastra bien de tópicos en su larga bata de cola y convive como puede con los intentos de fusionarlo, reinventarlo y darle una vida nueva. Yo, que empecé a enterarme de qué iba el quejío con el único disco del 'maldito' Ray Heredia, no puedo entrar a distinguir entre puristas, intrusos o genios de la innovación. Pero sí creo que ya cansa la pátina caló en la que se envuelven algunos para convencernos de que tienen magia. La fusión y el mestizaje han causado mella en los restaurantes de lujo y en las discográficas grandes.
Lo que hizo Ketama hace 12 años, escandalizando a unos cuantos con sus ventas millonarias, no puede compararse con los intentos estériles de Melendis, Arrebatos o Andy y Lucas de la actualidad, que se quedan en un pop blandito que suena a flamenco porque nos lo dicen las notas de prensa. La Cabra Mecánica reinventó el sonido más canalla de las rumbas; Rosarillo encontró su rincón dentro del clan y El Bicho cocina como nadie cualquier palo, pero no todos los bocatas de estilos saben igual: el eterno single de Pitingo, la fórmula Estopa y muchas canciones de La Shica pierden fuelle en cuanto se te pasa el sabor a novedad.
Decir quilla cada tres versos no te fusiona con el flamenco. Antes me quedo con los Camela.
All You Need Is Love
A todo el mundo le aplastan el corazón alguna vez. Uno se hunde cuando descubre que su mujer se ha ido con otro. Otra se desorienta porque hay muchos hombres pero ninguno es ése. El vecino que te mira mal en el ascensor está en estos momentos controlando sus pulsaciones porque ella se acerca.
Y siempre hay alguien ahí dispuesto a comprimir todas esas emociones en una canción de tres minutos y medio. No sé si el amor mueve el mundo pero desde luego llena tu mp3.
Te reto a que me enseñes tu lista de temas favoritos y me digas cuántos de ellos no hablan de amor en alguna faceta: relaciones acabadas, rollos de verano en pleno invierno, amoríos inventados o sexo industrial. Es mucho más fácil conectar con una canción de amor que con una sobre la política del calentamiento climático, por mucho que se empeñen Macaco, Radiohead y o la Bebe.
Me compré el primer disco de Deluxe (en una tienda, con su cajita, sus letras y sus fotos) y lo puse en el coche. Dos veces. Pero nada. Era la primera vez que me exponía a la música de Xoel López y no calaba, me parecía terriblemente plano.
Un alma caritativa me asesoró y me dijo que no preocupara -"yo te paso una selección"- y me declaro fan desde hace por lo menos doce horas. No sé si será porque las nuevas canciones tienen otra instrumentación y exploran más ritmos, pero sí me he dado cuenta de que tratan de amor y no de, por ejemplo, habitaciones vacías.
Busca y encuentra fácilmente las palabras clave que meten los compositores para instalarse en tu iPod: Love, corazón, te quiero, hearts, juntos, ella, él, amores, she, need you, vuelve.
Amor blandito como el 'She Loves You Yeah Yeah Yeah' de Los Beatles, amor desastroso como el 'Me He Perdido' de Nacho Vegas, amor de fauna nocturna como el 'Todos Menos Tú' de Sabina, amor en fase críptica como 'Esperando Nada' de Antonio Vega, amor heavy-soft como el 'November Rain' de Guns N Roses, amor discreto como el 'I'm Your Man' de Leonard Cohen, amor irreverente como el 'Me Cago en el Amor' de Tonino Carotone, amor descarado como 'La Cocinera' de La Mala Rodríguez. Amor discotequero que se baila con Madonna, amor independiente, amor absurdo, amor inexistente, amor de veraneo, desamor.
Hasta luego, corazones. Me voy a la playa.
Nuestra dosis de Bruce

Unos 60.000 fieles fuimos a misa de 10 de la noche en el Santiago Bernabéu, oficiada por El Jefe. Silencios religiosos cuando Springsteen lo pedía y mucho fervor entre una parroquia sobre todo masculina. Bruce regaló un himno detrás de otro.
El público le coreó y le jaleó, y muchos quedamos hechizado para siempre en algún punto entre el inicio de Brilliant Disguise y el viaje por sus Badlands. Para cuando llegó The River, el estadio entero invocaba los fantasmas del Bruce de los 70. Entrábamos en la fase de comunión. Entre las versiones, rock del más puro: primero Summertime Blues para entrar en calor y un fin de fiesta que arrancó con Twist and Shout.
Y sí, el sonido fue lo peor. En la zona central de césped se situó el infierno de la cacofonía, pero me comentan los enviados especiales a las gradas que allí tampoco se alcanzó un nivel digno, especialmente cuando tocaba toda la banda. Las pantallas tampoco estuvieron precisamente a la altura (sólo se veían bien cuando la imagen pasaba a posición vertical), pero servían para ver cada línea de expresión del Boss: intenso, encantado y con electricidad contagiosa.
Fue una fiesta. A nuestro alrededor, miles de pies bailaban y sonreían mirando fijamente hacia adelante. Coreografías improvisadas para Radio Nowhere, arrumacos al entrar en Tunnel of Love y una dosis de de bailes celtas para rematar una noche mágica.
Pay Per Listen

Todavía compro discos. Me cuesta quitarme el hábito. Pululo por los (a menudo vacíos) pasillos enmoquetados de la Fnac del extrarradio y hasta me atrevo a exponer mi tarjeta de crédito a los ojos anónimos de amazon. Me he resignado a dejar en el recuerdo las carátulas de los vinilos y prefiero mil veces el sonido del diamante de la aguja saltando sobre el estribillo de Boy's Don't Cry que el colapso de un CD en la radio del coche.
Fui de las que buceaban en los cajones y las estanterías del DiscoPlay y Madrid Rock, y consideré lugar de peregrinación el megastore de HMV en Londres. Casi comulgué con el dependiente de la tienda de discos de Alta Fidelidad que echa del local a un padre por pedir la peor canción de Stevie Wonder. Integrismos de la cultura pop.
Me gustan los libretos, los agradecimientos de la banda a sus novias, las fotos de estudio, los dibujos, las letras que vas siguiendo desde el sofá -mando de la cadena en ristre. Soy de las que pagan por escuchar música cuando considero que esa música merece la pena. También soy de las que persigue la SGAE, qué le vamos a hacer, ambivalencias que tiene una, y lo último que me bajé fue el único disco de Vetusta Morla. Disco que he comprado ya tres veces, para regalárselo a mis amigos, para tenerlo en casa y puede que para hacer penitencia.
We Are Un Rollo
Esta noche, cuando estés pegado a la pantalla viendo a los
héroes de Europa en su autobús de dos pisos descapotable, recorriendo Madrid con la Copa, te
pido una cosa: no tararees el We Are The Champions que sin duda sonará en algún
momento de la celebración.
Hemos roto con todos los sortilegios deportivos, nos hemos
quitado de en medio el presunto gafe de Zapatero, no me digas que no podemos
superar una copa de Europa sin el himno de los de Freddy Mercury. El tema de
Queen está bien y funcionó en su momento, pero ha llegado el momento de plantear una moción de censura.
Carla de Francia
La caída en los infiernos musicales de Carla Bruni es inversamente proporcional a su auge en la cresta social, política y financiera. Madame de Sarkozy ahora es una señora con un punto rancio que luce perlas con sombreritos de azafata de los 50 y que adelanta las letras de sus próximas canciones en Le Figaro.
El antes y después de su Quelqu'un m'a dit es también es el antes y el después del mejor momento de la Bruni. El lanzamiento en 2002 de esa colección de chansons susurradas por una de las diosas de la alta costura y la alta burguesía italiana fue una grata sorpresa. Boca a boca, Carla Bruni confeccionó una nueva imagen y una nueva carrera.
El disco te gustaba para ponerlo en el coche, para cantárselo a tu chico, aunque no fuera el Raphaël de las tres vocales que entonces le quitaba el sueño a Carla. El disco era magnífico para las tardes de lluvia, tanto que hasta Nescafé se lo puso de banda sonora a un anuncio. Daba igual que hasta entonces no te hubiera seducido la música acústica. Ni siquiera había que entender francés para caer rendido ante Le plus beau de quartier o Le toi de moi. Mientras, Carla se dejaba fotografiar en blanco y negro, daba conciertos donde y cuándo le brotaba y dejaba volar la melena larga y chic al viento de Montmartre.
Los chic@s de la Cara B
Escucha esto, atento a cómo suena el sexto tema, apúntate en la agenda el concierto de la semana que viene, no sé qué se han creido estos con ese vídeo tan conceptual. César, Emilio, Jesús, Melanie y Rodrigo abandonan de vez en cuando las trincheras informativas y te cuentan lo que les pasa por el iPod.
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