Como diría mi amigo Jorgín, este año les toca. Movistar comprará
una canción suya y la van a poner hasta en la sopa como banda sonora de un
anuncio bonito y se van a forrar. O en Vodafone o en Orange. Me da igual. No
sabemos si la predicción nos encanta o nos aterra, pero no cabe duda de que
Kings of Convenience son los eternos aspirantes a reyes del pop sin melenas
rubias, productores de relumbrón y escándalos conocidos.
Sólo son música y el convencimiento que da la pasión y el
talento. Sin aspavientos y con la soledad del corredor de fondo, llegan este
otoño los noruegos Kings of Convenience con su nuevo disco Declaration of
Dependence. Acertado título para un grupo que crea adicción en todo aquél que
se asoma a su particular mundo sereno de puestas de sol, tableros de ajedrez y bufandas
de lana.
En octubre se termina una espera de cinco años para los
ansiosos fans, que ya pueden disfrutar en el myspace del grupo de dos adelantos: la
que probablemente será el single, la luminosa Boat Behind, y otra más
continuista en su línea Simon & Garfunkel del siglo XXI, Mrs. Cold.
No son prolíficos ni rimbombantes, pero despacito y con buena
letra, han parido algunas de las canciones más redondas del pop de esta década, sin
que muchos se hayan enterado. Así, sin fuegos artificiales, I’d rather dance
with you, segundo sencillo de su segundo disco Riot on an Empty Street (2004), se
coló en radios y listas de lo mejor del año. Aunque este dulce canto al
pagafantas inadaptado no lograse toda la repercusión mediática esperada,
consiguieron colocar su nombre en la constelación de los grupos pop-folk más
interesantes del norte de Europa.
Su álbum de debut, Quiet is the New Loud (2001) era un
buen aviso para navegantes: no hay nada más ruidoso que el silencio. Y así,
calladitos, con sus pintas de chicos tímidos, con gafas gordas y jerseys de
punto, fueron entregando lo mejor de sí mismos en dos discos: pop folk que
parece liviano, aligerado aún más con tintes de bossa, pero que cala hondo a
golpe de arreglos de cuerda y voces colmadas de melancolía (y allí estaba Feist
colaborando en los coros cuando sólo la conocían en su casa a la hora de
comer).
Erlend y Eirik se lo han tomado con calma, como hacen ellos
las cosas (aunque ambos tienen proyectos paralelos, sobre todo Erlend Oye, que
no para), y por fin tienen listo su nuevo disco, con las canciones que
necesitamos algunos para acompañar esos días de otoño de cardigan y paraguas.
Panegírico que me ha salido. Pues sí, oyes, que me gustan,
que me encantan, que me emocionan y encima los voy a poder ver en directo. Por
fin una larga gira por España que les traerá a Madrid, Barcelona, San Sebastián
y Vigo. Algo bueno tenía que tener el nuevo curso: podré forrar mi carpeta con
la portada de su nuevo disco y, sobre todo, con las entradas rotas de un
concierto que desde ya se me antoja memorable.
Ganas de otoño!