Que vienen los Clicks
El supervisor de cuentas entra en el despacho que comparto con mi director de arte e intenta sentarse con dignidad sobre el puff-taburete verde Calippo. Ahora las agencias de publicidad no tienen sillas. Ahora tienen puffs-taburete. Otra manera de subrayar su coolness y avant-gardeness a costa de una hornada entera de creativos que dentro de diez años sufrirán escoliosis y espina bífida. El supervisor viste camisa Burberrys color crema, Levi's 501 muy claros y zapatillas Puma. La camisa no va por fuera sino que está metida en el pantalón, lo que permite apreciar un cinturón blanco hueso marca Levi's también.
Es viernes, casual friday, ese invento americano que una vez a la semana libera a millones de ejecutivos y supervisores de cuentas de sus trajes Emidio Tucci. Mi director de arte le mira fijamente las Puma. Son rojas con el logotipo blanco. Recuerdan a las de Michael Schumacher. Ay Puma, ¿qué habéis hecho con vuestra marca? Primero esa tienda en la T-4 y ahora el casual friday.
— Necesitamos una pieza mucho más táctica. El deadline se nos echa encima, sugiero que tactifiquemos esta pieza.
Llamar "pieza" a un anuncio debería castigarse con cincuenta latigazos en la Plaza Mayor de Kabul. ¿Qué es un anuncio táctico? "¡Llévate un Kia Sorrento antes del 20 de abril y te regalamos un kit bluetooth Parrot!". Miro al supervisor. Tiene el pelo muy corto y muy rizado y muy denso. Es como el pelo de un Click de Famobil. Si tirara con mucha fuerza, ¿podría quitárselo todo de una pieza? Ser creativo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Eso lo iremos viendo. Pero una cosa mala de cojones es que hay que tener ideas todos los días. Y si puede ser, ideas que puedan "pillar", término publicitario que significa "ganar por lo menos un Sol de bronce en el Festival de San Sebastián", Si "pillas" entonces te llama Leandro Raposo, el nuevo director general creativo de McCann Ericksson España, llegado de Argentina para levantar a esa gran multinacional y devolverla a la NBA de la publicidad.
— ¿Che flaco que te parecen 8.000 lucas al mes, un Mac Book Pro de 17 pulgadas y plaza de garaje? ¿Te querés venir?
Pero no. Lo que tengo delante es un supervisor con pelo de Click que me pide un anuncio táctico. Está deseando que se lo haga y volver a su PC para hacer PowerPoints. Ésa es la táctica. De pequeño llegué a acumular una notable colección de Clicks de Famobil. Siempre odié los Airgamboys como siempre odié a Tente. ¿Quién puede preferir Tente a Lego? Entonces empecé a quemar los Clicks. Primero fueron un par de cremaciones aisladas, muy espaciadas en el tiempo. Pero poco a poco se fue convirtiendo en una costumbre que diezmó de manera brutal la población de Clicks de mi habitación. El olor a plástico quemado, las humaredas negras… Había algo de adictivo y de apocalíptico en aquello. Todo terminó en el baño de mis padres. La Gran Cremà. Mi Barco Pirata de los Clicks flotando en el centro de la bañera. Yo con un bote de alcohol de quemar en una mano y un mechero Bic en la otra. Segundos antes de que el barco volcara envuelto en llamas y el fuego se propagara a las cortinas de la ducha, recuerdo ver claramente a un Click aferrado al palo mayor derritiéndose mientras me miraba con los ojos inyectados en odio. ¿Podría ser que este supervisor de cuentas que hay sentado encima de mi puff-taburete sea una especie de Gran Click? El Superclick, el Megaclick, una ser mitológico, el cíclope de los Clicks que viene a vengar el crimen que cometí contra su especie. Si accedo y tactifico la pieza, con un titular con exclamaciones y el call to action en extra bold, conseguiré aplacar su ira? ¿Call to action? De esa estupidez hablamos otro día.


Brutal! Mi enhorabuena, no por el pánico a los clicks, sino por la película que acabo de ver por la cara.