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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
Las calles de la ciudad marroquí revelan huellas de un pasado internacional

Tánger, entre costuras de un pasado escrito con 'eñe'

El Cine Alcázar, el Café Colón, la Pensión Fuentes, los Almacenes Alcalá, la calle de la Alcazaba... No es un recorrido por una ciudad española. Estamos en Tánger y estos son algunos de los letreros que saltan a los ojos. Restos de tres décadas en que la ciudad fue Zona Internacional bajo influencia, sobre todo, de Francia y España. Un periodo convulso en Europa que convirtió a Tánger en refugio, centro de espionaje, lugar de diversión y residencia para miles de europeos. El éxito de la serie de televisión "El tiempo entre costuras" y el de la novela en la que se basa, vuelve a situar a Tánger en el mapa viajero.

Mirador de las tumbas fenicias, en Tánger. Foto: Marino Holgado Mirador de las tumbas fenicias, en Tánger | Foto: Marino Holgado

Marino Holgado  |  Tánger (Marruecos)  | Actualizado el 25/11/2013 a las 11:15 horas

Me siento en una de las terrazas escalonadas del Café Hafa. ¿Quién sabe si en la misma silla en la que se sentó en su momento Paul Bowles, o Keith Richards, o Luis Eduardo Aute? Podría ser, porque el mobiliario de este café parece no haber cambiado mucho desde que se inauguró en 1921. Delante de mí tengo los 14 kilómetros del Estrecho y, al otro lado, veo las casas blancas de Tarifa y la costa gaditana. Media hora de ferry y dos mundos quizá no tan diferentes.

El Café Hafa, en Tánger, sobre el Estrecho. Foto: Marino HolgadoLas terrazas escalonadas del Café Hafa, sobre el Estrecho | Foto: Marino Holgado

En Tánger, como en todo Marruecos, son habituales las terrazas. Permiten unir dos aficiones muy marroquíes: el gusto por el té tomado con mucha calma y el placer de mirar. En la calle Italia me encuentro con uno de esos recuerdos de la etapa internacional de la ciudad: el Café Colón. Su interior trae a mi memoria escenas de "El cielo protector", aquellas que Bertolucci rodó con el mismísimo autor de la novela original. Paul Bowles interpreta un pequeño cameo: observa a sus propios personajes sentado en una de las mesas.

Té a la menta en el Café Colón, de Tánger. Foto: Marino HolgadoUn té a la menta en la terraza del Café Colón | Foto: Marino Holgado

Ya no pasa el tranvía por la puerta del Colón, como en la película. Ahora, dos grandes pantallas planas de televisión permiten seguir los partidos de fútbol de la liga española. Las irreconciliables aficiones del Madrid o del Barça pueden ver a sus equipos en televisores diferentes evitando peligrosos apasionamientos.

Frente al café, un edificio en ruinas lleva también letras en castellano. Es el antiguo cine Alcázar. Fundado como teatro en 1913 aquí, muy cerca de la kasbah, pronto cambió su actividad hacia el incipiente cinematógrafo. No era un cine demasiado grande, pero sí muy popular. Las desconchadas casas que lo rodean, en la calle Italia, tienen una influencia claramente española, con sus balcones tan poco habituales en la arquitectura musulmana.

Edificio en ruinas del cine Alcázar, de Tánger. Foto: Marino HolgadoEdificio en ruinas del cine Alcázar, de Tánger | Foto: Marino Holgado

Entro en la Medina de Tánger. Calles estrechas, laberínticas, bulliciosas, el corazón de la ciudad. Olor de té a la menta, de dulces marroquíes. Hombres con chilaba, mujeres con hiyab. En el Zoco Chico, sobre la terraza del café Al-Manara, en el primer piso de un edificio con balconadas españolas, un cartel mucho más pequeño reza "Pensión Fuentes". Muy cerca de aquí, una tienda de ropa se llama "Almacenes Alcalá" y aclara el rótulo, en perfecto castellano, que el cliente puede encontrar aquí "Tejidos y Novedades".

En 1936, cuando Sira Quiroga, la protagonista de "El tiempo entre costuras" desembarcó en Tánger sin saber lo que se le venía encima, el censo oficial señalaba que en esta ciudad de olores y ropajes exóticos con estatus internacional vivían 9.979 españoles. Aunque la cifra real podía alcanzar los 12.000. En 1957, cuando Tánger pasó a ser parte de un independizado Marruecos, ya eran 27.000 los españoles residentes. A partir de ese momento, la cifra no hizo más que bajar. Fruto de esa larga relación con la ciudad son esos nombres que aún podemos encontrar caminando por sus calles.

Los colores de Tánger, en Marruecos. Foto: Marino HolgadoLos colores de Tánger | Foto: Marino Holgado

"Tánger, donde los minarates de las mezquitas y el olor de las especias convivían sin tensión con los consulados, los bancos, las frívolas extranjeras en descapotable, el aroma a tabaco rubio y los perfumes parisinos", fueron las primeras sensaciones de la protagonista de la novela de María Dueñas al llegar a la ciudad norteafricana. La Tánger de ahora, del siglo XXI, es amable con el viajero, tras unos años algo oscuros. Ahora es el dinamizador económico del norte de Marruecos, pero sus calles siguen respirando un aroma a tiempos más novelescos.

Puerta de la Medina, en Tánger. Foto: Marino HolgadoPuerta de la Medina y de los zocos | Foto: Marino Holgado

Al oeste de la ciudad, el cabo Espartel ofrece vistas infinitas sobre el océano Atlántico. Es la punta noroccidental de África. Al este de Tanger, el cabo Malabata se abre al Estrecho y a la bahía de Tánger. Pero quizá uno de los mejores miradores lo ofrece la propia ciudad desde las tumbas fenicias, justo al lado del Café Hafa donde empezamos nuestro recorrido. Aquí gustan de venir los tangerinos y las tangerinas para sentarse en la roca del acantilado, incluso en las propios nichos excavados en el suelo granítico (vacíos desde hace siglos), comer pipas y mirar el transitar de los barcos por el Estrecho y el ir y venir de los ferrys entre España, allí al fondo, y Tánger. Y así dejar que el tiempo pase... entre costuras.

DATOS PARA LA VISITA: Además de los ferrys que unen Tánger con la provincia de Cádiz, hay vuelos directos desde Madrid con Iberia, Royal Air Maroc y Ryanair. La ciudad ofrece algunos alojamientos con encanto en la zona de la medina y en la kasbah y también hoteles más convencionales en el paseo frente a la playa. La ciudad puede recorrerse caminando, aunque un coche será muy útil para visitar los alrededores. Un restaurante que merece una visita es el Populaire Saveur, en el número 2 de Escalier Waller, una calle escalonada que sale de la rue de la Liberté. Es un pequeño local con un menú fijo basado en pescado a la parrilla y una decoración rústica que, junto con el fuego de la parrilla y los cubiertos de madera, le da un aire especial.

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  • Foto de presos marruecos

    #1 presos marruecos La otra cara de Tánger que por desgracia también conocen muchos españoles! Visita infiernotanger

    29/11/2013 a las 18:35
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Marino Holgado

Marino Holgado (Eibar, 1965) es reportero de televisión y viajero. Periodista del Área de Nacional de los Informativos de Antena 3 Televisión desde 2000, especializado en Interior, Tribunales, Sucesos o Inmigración, entre otros temas. Lleva 29 años ejerciendo la profesión en periódicos, radio y televisión. En 1995 se incorpora a Antena 3 Televisión, donde trabajó en programas como "Se Busca", "A Toda Página", "Espejo Público". En el año 2000 se incorporó a los informativos diarios. En este blog viajero quiere ofrecer propuestas de lugares de todo el mundo que ha podido disfrutar, así como recoger noticias y escuchar propuestas de otros viajeros.

Correo-e: mholgado@antena3tv.es.

Twitter: @marinoholgado

 

 

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