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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
Una visita al amanecer al monumento más deseado de India

El Taj Mahal, una lágrima de mármol junto al río Yamuna

Son las seis de mañana. He recorrido ya las aún adormecidas y oscuras calles de Agra. Y me encuentro en la entrada sur del más importante monumento de la India. Los vigilantes me han registrado os concienzudamente en busca de los más variopintos "objetos prohibidos". No se puede entrar con teléfonos móviles (para no romper la tranquilidad del lugar), pero tampoco con chicles o caramelos. Sabia medida: si alguien arrojara un chicle al suelo de este lugar sería como para encerrarle en las mazmorras del cercano Fuerte de Agra. Por fin atravieso la puerta. Estamos en el Taj Mahal.

El Taj Mahal, desde la puerta de la mezquita del recinto. Foto: Marino Holgado El Taj Mahal, desde la puerta de la mezquita del recinto | Foto: Marino Holgado

Marino Holgado  |  Agra (India)  | Actualizado el 27/05/2015 a las 11:36 horas

La realidad no engaña la imagen que todos nos hemos creado en nuestro cerebro antes de visitar este lugar. La suave luz del amanecer ilumina el lado oriental del Taj Mahal, allí al fondo. Delante, el alargado estanque con el reflejo del mausoleo en el agua y los espectaculares jardines siguiendo el diseño persa del charbagh: dividido en cuatro partes por pequeños canales. Porque todo aquí es simétrico. Bueno, casi todo.

La primera visión del Taj Mahal al acceder por la entrada sur. Foto: Marino HolgadoLa primera visión del Taj Mahal al acceder por la entrada sur | Foto: Marino Holgado

El Taj Mahal es una tumba. Quizá la más bella tumba del mundo. La que construyó el emperador mogol Sha Jahan para su esposa (la segunda) Mumtaz Mahal, "la Elegida del Palacio". Tras 18 años de matrimonio, siguiéndole en cada campaña militar, murió durante el parto de su decimocuarto hijo. Sha Jahan le demostró su amor (póstumo) levantando para ella el Taj Mahal: 12 años de trabajo de 20.000 personas, entre ellos refinados artistas llegados de medio mundo. Desde que se terminó en 1643 han pasado casi cuatro siglos y el edificio sigue siendo admirado por todo aquel que lo visita.

El Taj Mahal se levanta sobre un enorme pedestal de mármol. Los zapatos deben quedarse abajo. Gran error el de muchos turistas que utilizan calzas de plástico para recorrer el lugar. Los pies descalzos permiten el contacto directo de nuestra piel con la del edificio, la temperatura del mármol entra directamente en nosotros, somos parte del monumento, no sólo un pulcro espectador. Sobra decir que seguramente este suelo esté más limpio que el de las propias casas de quienes se protegen sus pies contra no sé muy bien qué.

20.000 obreros y artesanos trabajaron para levantar el Tal Mahal. Foto: Marino Holgado20.000 obreros y artesanos trabajaron para levantar el Tal Mahal | Foto: Marino Holgado

Pisar con nuestros pies descalzos el suelo. Y acariciar con nuestras manos las suaves paredes del edificio. Para ello debemos aprender un concepto: el pachikari. Es lo que en Florencia se llama pietra dura. Los artistas del Taj Mahal incrustaban en el mármol piedras preciosas o semipreciosas para formar dibujos florales. Acercar una linterna al mármol semitranslúcido permitirá que la pared te devuelva esa luz a través de las piedras como si estuvieras radiografiando al propio edificio.

El edifico del Taj Mahal, y el propio recinto, es absolutamente simétrico. Las mismas ventanas a cada lado del eje central, los mismos elementos decorativos, idénticas celosías labradas en mármol, los mismos jardines y estanques, idénticos edificios auxiliares a cada lado (una mezquita y el jawad, lo que en su día fue un albergue para peregrinos), los mismos alminares en las cuatro esquinas (ligeramente inclinados hacia fuera: una prevención, se dice, para que no afectaran al edificio si se caían)...

Observar al resto de visitantes es parte del encanto del Taj Mahal. Foto: Marino HolgadoObservar al resto de visitantes es parte del encanto del Taj Mahal | Foto: Marino Holgado

Sólo hay dos elementos que rompen esa simetría. Las incrustaciones caligráficas con textos del Corán en las paredes del edificio: los textos no se repiten. Y el cenotafio del emperador, Sha Jahan. El de su esposa está en el centro del edificio. El suyo, a uno de sus lados (las tumbas realmente están debajo y no se visitan), sin respetar la simetría del recinto.

Algo que no podemos reprochar al propio emperador, ya que fue su hijo quien lo colocó allí. Un hijo que le había mantenido durante años recluido en el Fuerte de Agra tras destituirlo del poder. Algunas teorías dicen que porque quiso construir una réplica del Taj Mahal en negro. Demasiados costes incluso para un poderoso imperio como el mogol. Ya el propio Taj Mahal dejó las arcas exhaustas.

La temperatura a estas horas de la mañana es agradable y permite alargar la visita dejando pasar los minutos sentados junto al edificio, con tiempo de fijar la mirada en cada detalle, en cada perspectiva... y en cada visitante, en los coloridos saris de ellas, en los dhoti (calzón largo) y kurta (prenda superior) de ellos... En un país tan radicalmente diferente como la India, observar a sus paisanos es parte del viaje.

En el Taj Mahal todo, o casi todo, es simétrico. Foto: Marino HolgadoEn el Taj Mahal todo, o casi todo, es simétrico | Foto: Marino Holgado

Madrugar en Agra tiene su recompensa. El número de visitantes en el Taj Mahal es aún reducido. Dentro de unas horas, el calor será agobiante, llegarán los grandes grupos de turistas, las familias con niños... y tendrás que compartir visita con miles de personas. Seguid mi consejo y madrugad. Lo agradeceréis.

La visita al Taj Mahal puede completarse, al caer la tarde, desde el otro lado del río Yamuna, desde el parque Mehtab Bagh. Muchas fotografías promocionales del monumento están hechas desde aquí, con las hermosas líneas del monumento reflejadas en sus aguas y exóticas barcas navegando sobre ellas. No esperéis necesariamente ver esta imagen. Si el río baja con escaso caudal, bastante habitual, nada de esta magia se producirá.

El Taj Mahal, desde la orilla opuesta del río Yamuna. Foto: Marino HolgadoEl Taj Mahal, desde la orilla opuesta del río Yamuna | Foto: Marino Holgado

Eso sí, la luz del ocaso encendiendo el blanco del edificio y la visión de todo el conjunto será suficiente para justificar el desplazamiento hasta allí. Al fin y al cabo, durante sus últimos años el emperador Sha Jahan sólo pudo ver su Taj Mahal desde una ventana de su reclusión en el Fuerte de Agra.

DATOS PARA LA VISITA: El Taj Mahal está en Agra, en el norte de la India. Se puede llegar hasta aquí en un trayecto de dos horas desde Delhi en un tren express. Las entradas para el Taj Mahal cuestan 750 rupias, algo más de diez euros. Todo la información: http://tajmahal.gov.in/Spanish/home.html.

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Marino Holgado

Marino Holgado (Eibar, 1965) es reportero de televisión y viajero. Periodista del Área de Sociedad y Cultura de los Informativos de Antena 3 Televisión desde 2000, especializado en sucesos, tribunales o inmigración, entre otros temas. Lleva 26 años ejerciendo la profesión en periódicos, radio y televisión. En 1995 se incorpora a Antena 3 Televisión, donde trabajó en programas como "Se Busca", "A Toda Página", "Espejo Público". En el año 2000 se incorporó a los informativos diarios. En este blog viajero quiere ofrecer propuestas de lugares de todo el mundo que ha podido disfrutar, así como recoger noticias y escuchar propuestas de otros viajeros.

Correo-e: mholgado@antena3tv.es.

Twitter: @marinoholgado

 

 

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