"¿Lloverá todo el día?" La pregunta del viajero tiene como respuesta la sonrisa del laosiano: "Es la temporada de lluvias", contesta. Si no fuera tan educado añadiría: "¿Qué esperaba?". Si no te queda más remedio que viajar al sureste asiático en verano es lo que hay. El poncho de agua se convierte en prenda imprescindible en el equipaje. Pero la lluvia en los trópicos tal como viene se va, así que comviene aprovechar los momentos de secano para pedalear por sus calles. La bicicleta es el gran medio de transporte para el turista en Laos.
Champasak es un pequeño pueblo en el sur de Laos. El viajero suele detenerse aquí para visitar el Wat Phu Champasak, el templo jemer Patrimonio de la Humanidad situado ocho kilómetros al sur. Pero no conviene desaprovechar el resto del tiempo. Una bicicleta permite disfrutar del pueblo sin demasiado esfuerzo.
Champasak es un pequeño pueblo en torno a esta calle principal | Foto: Marino HolgadoDurante casi tres siglos este lugar fue capital primero del reino y después del principado de Champasak. Cuesta entenderlo. Apenas queda algún rastro que haga sospechar pasado tan majestuoso. Un par de villas coloniales que fueron antiguas residencias reales y un templo, el Wat Nyutthitham o Wat Thong, situado junto a la carretera que discurre paralela al pueblo. Es el templo que en su día utilizó la familia real y las cenizas de algunos personajes de la realeza están guardadas en las estupas que hay en el recinto. Las túnicas azafrán de los monjes budistas cuelgan en sus modestas habitaciones mientras los novicios regresan aquí al caer la tarde.
El Wat Nyutthitham, templo ligado a la antigua familia real | Foto: Marino HolgadoChampasak es un conjunto de casas a lo largo en la orilla del Mekong. Aquí, el gran río de Asia que nace en la cordillera del Himalaya y recorre seis países antes de llegar al mar de la China Meridional, tiene ya una anchura considerable, la suficiente para acoger islas habitadas de forma permanente. Una de ellas es Don Daeng. Situada frente a Champasak, en el centro del río, sus ocho pequeñas aldeas están conectadas por un camino sin asfaltar, que se convierte en una pista por la que es imposible pedalear si ha llovido recientemente.
Playa en el Mekong, en la isla de Don Daeng | Foto: M. HolgadoLlegar a ella es sencillo: en un embarcadero situado al norte de Champasak se puede contratar un rudimentario catamarán de madera formado por dos pequeñas canoas unidas por unos cuantos tablones que hacen de cubierta. Esto permite al viajero cruzar con su bicicleta o incluso con su moto para poder recorrer la pequeña isla.
No hace falta quedarse a dormir aquí, se ve en una tarde, pero aún así nos encontramos un lujoso hotel, La Folie Lodge, un especie de resort fluvial. Sinceramente, si alguien quiere perderse del mundo conocido, un hotel en una pequeña isla en medio del Mekong en el sur de Laos es una opción inmejorable. Sus empleados nos dicen que en temporada seca, cuando el Mekong baja más tranquilo y con aguas más transparentes, el hotel suele estar lleno. Don Daeng tiene algunas playas fluviales que facilitan el baño en las aguas del Mekong. Pero no esperéis chiringuitos. Esto es otra cosa. Afortunadamente.
La intensa lluvia aconseja regresar a Champasak. Pedalear por un camino lleno de barro y de profundos charcos no es precisamente una experiencia relajada. Así que cruzamos de nuevo el Mekong protegidos por los inseparables ponchos de agua.
Esperando a que cese la lluvia, en el bar del hotel Inthira | Foto: Marino Holgado
No debe el viajero cometer el error de ver sólo la parte norte de Champasak, aquella que acoge los pocos hoteles y las muchas guesthouses del lugar, los pocos edificios coloniales que quedan, alguno de ellos reconvertido en hotel. El pueblo cobra vida en la parte sur, donde viven realmente sus habitantes. Vale la pena pedalear hasta allí al caer la tarde, detenerse a tomar una cerveza Lao en algunos de sus escasos bares, recibir en todos lados la sonrisa de sus vecinos.
Campos alrededor de Champasak, en el sur de Laos | Foto: Marino Holgado
Este camino, el que va al sur, es el que lleva a la auténtica joya del lugar, el Templo de la Montaña, el Wat Phu Champasak, del que ya hablamos detalladamente en nuestro anterior post. Algunos viajeros hacen la visita desde Pakse, la capital de la provincia, 40 kilómetros río arriba. Yo recomiendo quedarse mejor en Champasak, sobre todo si vienes de Vientiane o de Luang Prabang. En Laos vale la pena disfrutar de la vida en calma de los pequeños pueblos y éste ofrece la infraestructura necesaria para que el visitante se sienta cómodo... un par de noches, tampoco mucho más.
DATOS PARA LA VISITA: La mejor forma de llegar desde España a Champasak es volando con Thai Airways directo desde Madrid a Bangkok. A partir de ahí, con la misma compañía, hasta Vientiane. El aeropuerto más cercano a Champasak es el de Pakse, donde vuela Lao Airlines desde Vientiane, Luang Prabang o Bangkok. La mayoría de hoteles y guesthouses de Champasak alquilan bicis. El precio suele ser unos 10.000 kips (un euro, más o menos) por día. La barca a la isla de Don Daeng, ida y vuelta, cuesta unos 80.000 kips (algo más de ocho euros, dos personas).
Campos de arroz cerca de Pakse, capital de la provincia | Foto: Marino HolgadoEl hotel Inthira Champasak es una buena opción para alojarse. En verano (temporada baja para ellos) la habitación doble costaba unos 32 euros por noche. Además de un completo baño dispone de una segunda ducha en el exterior, al aire libre, toda una experiencia. En la isla de Don Daeng, el lujoso La Folie Lodge cuesta entre 73 (temporada baja) y 132 euros (temporada alta) por noche. En Champsak hay bastantes gueshouses mucho más económicas.
La próxima semana en el blog... Berlín cumple 775 años
Niños en la isla de Don Daeng, en medio del Mekong, frente a Champasak