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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
Se cumplen 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa

Cinco rincones en Berlín para el final de una guerra

No conozco a Herbert Brinitzer. Sólo sé que nació en 1911, que era judío y que murió con 32 años en el campo nazi de exterminio de Auschwitz. Lo sé porque una pequeña placa dorada lo menciona. Está en el suelo, entre los adoquines, justo en la entrada de la prestigiosa Universidad Humboldt de Berlín. Herbert pertenecía a su facultad de medicina. Por estos días de hace 70 años el Tercer Reich se rendía y terminaba la guerra en Europa. En Berlín apenas quedan lugares vinculados al régimen nazi. Los bombardeos cambiaron la fisonomía de la ciudad. Pero Alemania no ha dado la espalda a su historia. A su brutal historia. Y en su capital varios lugares recuerdan aquellos terribles años.

La Puerta de Brandeburgo, superviviente a los bombardeos de la guerra. Foto: Marino Holgado La Puerta de Brandeburgo, superviviente a los bombardeos de la guerra | Foto: Marino Holgado

Marino Holgado  |  Berlín (Alemania)  | Actualizado el 08/05/2015 a las 13:47 horas

Ernst Horwitz o Walter Herz, igual que el señor Brinitzer, murieron asesinados en los campos de concentración. También eran profesores de la Universidad Humboldt. En la entrada del edificio, en la avenida Unter den Linden, una veintena de placas recuerdan a los docentes asesinados en los años del holocausto. Sus aulas han visto pasar nombres como Hegel o Einstein. Entre sus alumnos, Marx o Engels. No es el único lugar en que pueden verse esos recordatorios. Paseando por Berlín pude observarlos, incluso, en el acceso a algunos portales de viviendas. Es fácil pasar sobre ellos sin verlos.

Placas como estas recuerdan en Berlín a las víctimas de los campos de exterminio. Foto: Marino HolgadoPlacas como estas recuerdan en Berlín a las víctimas de los campos de exterminio | Foto: Marino Holgado

Lo que, sin duda, no pasa desapercibido es el Monumento a los Judíos de Europa Asesinados. Conocido mejor con el más sencillo apelativo de Monumento del Holocausto, sus 2711 bloques de hormigón de diferentes alturas ocupan una superficie de 19.000 metros cuadrados muy cerca de la Puerta de Brandeburgo. Inaugurado hace ahora diez años, cuando se conmemoraba el 60 aniversario del final de la guerra europea, su desordenada ordenación da pie a numerosas interpretaciones sobre lo que quiere transmitir: una atmósfera incómoda y confusa, un sistema ordenado que pierde su humanidad...

Algunos bloques de hormigón del Memorial del Holocausto, en Berlín. Foto:Marino HolgadoAlgunos bloques de hormigón del Memorial del Holocausto | Foto: Marino Holgado

Su arquitecto, Peter Eisenman, no quería un monumento que pareciera un cementerio ni una evocación de la muerte, sino un lugar de reflexión sobre el pasado y de esperanza sobre el futuro. Para compensar la frialdad del monumento, en su subsuelo un centro de información explica lo ocurrido en los campos de exterminio nazis y recoge el nombre de todas las víctimas judías del holocausto. Tiene un valor incuestionable: estar construido en el propio país responsable del genocidio. Cuando el parlamento alemán, en 1999, aprobó su construcción quiso dejar claro que "la Alemania reunificada reconoce su historia".

Como reconocen también algunos de los episodios precedentes de aquella locura. Regreso a la avenida Unter der Linden, a la plaza Bebelplatz, un bello lugar de edificios neoclásicos. En el suelo adoquinado de este lugar, un pequeño rectángulo acristalado deja ver un espacio abierto bajo la plaza. Está lleno de estanterías. Pero no hay libros en ellas. Es la "Librería Vacía".

Esta placa en Bebelplatz recuerda la quema de libros en 1933 en Berlín. Foto: Marino Holgado Esta placa en Bebelplatz recuerda la quema de libros en 1933 | Foto: Marino Holgado

En esta plaza, el 10 de mayo de 1933, las milicias nazis y complacientes ciudadanos quemaron 20.000 libros de autores malditos para los seguidores de un Adolf Hitler recién llegado al poder. "Donde se queman libros, se acaba quemando personas", dice una placa en el suelo. Al otro lado de la calle está la Universidad Humbolt, la que mencionaba al comienzo. En su puerta, un mercadillo de libros de segunda mano. Muy simbólico.

Camino sólo unos pasos hasta un pequeño edificio en la manzana contigua. Seis columnas dóricas enmarcan la entrada. Es la Neue Wache (la "nueva guardia"). En su interior, de nuevo un espacio casi vacío. En el centro una escultura, una mujer sosteniendo el cuerpo sin vida de su hijo adulto. Es una reproducción de "La madre con hijo muerto", de Käthe Kollwitz, una berlinesa que perdió a su hijo en la Primera Guerra Mundial, una contemporánea Pietá. Una frase recuerda a las "víctimas de la guerra y de la tiranía". Un círculo abierto en el techo aporta la única luz.

La escultura "La madre con hijo muerto", de Neue Wache, en Berlín. Foto: Marino HolgadoLa escultura "La madre con hijo muerto", de Neue Wache, en Berlín | Foto: Marino Holgado

Hace años, cuando esta zona de Berlín pertenecía a la Alemania del Este, Neue Wache estaba dedicado a las víctimas del fascismo y, curiosamente, soldados de la RDA marchando al paso de ganso hacían el cambio de guardia. El mismo paso de las tropas nazis. Ahora ya no hay soldados. El lugar donde ardía una llama lo ocupa ahora esa madre con su hijo muerto en brazos. Y nada más. Suficiente para provocar la emoción, la pena y la angustia en el visitante.

Hay que caminar hasta el final de la avenida Unter der Linden y pasar bajo la puerta de Brandeburgo, para acudir al último lugar de este recorrido. Hace ahora setenta años, la imagen que simbolizó la caída de Berlín y del régimen nazi fue el momento en que dos soldados del Ejército Rojo colocaban la bandera soviética sobre el Reichstag, el Parlamento alemán. De fondo, un Berlín en ruinas. Se tomó el 2 de mayo y el día 8 las tropas alemanas se rindieron oficialmente.

El Reichstag y la cúpula de Norman Foster, en Berlín. Foto: Marino HolgadoEl Reichstag y la cúpula de Norman Foster, en Berlín | Foto: Marino Holgado

Ese edificio, el Reichstag permaneció vacío y abandonado junto al Muro hasta la reunificación del país. Ahora, la transparencia y claridad de la cúpula de cristal de Norman Foster sobre el viejo edificio representa la superación de una oscuridad de décadas, tantas como las que habían pasado desde el incendio del edificio en febrero de 1933. Aquel suceso esc onsiderado como el punto de partida del régimen nazi que destruyó Alemania, Europa y medio mundo. Ahora hace 70 años terminó un mal sueño.

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Marino Holgado

Marino Holgado (Eibar, 1965) es reportero de televisión y viajero. Periodista del Área de Sociedad y Cultura de los Informativos de Antena 3 Televisión desde 2000, especializado en sucesos, tribunales o inmigración, entre otros temas. Lleva 26 años ejerciendo la profesión en periódicos, radio y televisión. En 1995 se incorpora a Antena 3 Televisión, donde trabajó en programas como "Se Busca", "A Toda Página", "Espejo Público". En el año 2000 se incorporó a los informativos diarios. En este blog viajero quiere ofrecer propuestas de lugares de todo el mundo que ha podido disfrutar, así como recoger noticias y escuchar propuestas de otros viajeros.

Correo-e: mholgado@antena3tv.es.

Twitter: @marinoholgado

 

 

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